A 30.000 pies por viajeros para viajeros

9 DESTINOS FRESQUITOS PARA HUIR DEL CALOR EN VERANO

Si tu plan es huir a toda costa de ese calor sofocante, toma nota de estos destinos en los que dormir con mantita.

Cada vez más, la única condición de muchos a la hora de escoger destino vacacional es salir despavoridos del calor que sufren en sus ciudades. Estos 9 lugares no solo presumen de unas temperaturas la mar de agradables (que nos harán echar mano de una rebequita de vez en cuando), sino que además son todo un espectáculo cultural, arquitectónico y natural. Te recomendamos alquilar un coche con Vueling (tienes cancelación gratuita y además acumulas Avios) para recorrerlos a tu aire y así poder ir sin prisas.

1. Cantabria

¿Hay algo mejor que pasar la mañana a remojo, probablemente haciendo surf en una playa paradisíaca, seguir con una comida a base de productos frescos del mar y otras delicias (que no falten las anchoas) y, a continuación, con una caminata por algún paisaje verde y frondoso? Todo eso y más es Cantabria, que tiene en su capital, Santander, un lugar repleto de lugares tan interesantes para una visita cultural como el flamante Centro Botín. Visitar la Península de la Magdalena, acercarse a pueblecitos encantadores como Santillana de Mar, Potes o San Vicente de la Barquera, calzarse las botas de montaña para acceder a los Picos de Europa o adentrarse en el hermoso conjunto histórico de Comillas son algunos de los must de Cantabria, donde las distancias son accesibles y por la noche suele refrescar.

Un imprescindible

No podemos visitar Cantabria sin hacer una parada en El Remedio, en Ruiloba, un restaurante con bonitas vistas y mejor carta que ofrece una cocina tradicional con un toque contemporáneo y un excelente producto.

2. Galicia

Da igual si volamos a Vigo, a Santiago o a A Coruña: la cantidad de cosas que podemos hacer en Galicia hará que las vacaciones se nos queden cortas. De la efervescencia de Vigo al misticismo de Santiago o el aura señorial de A Coruña, pasando por la belleza de las playas de la Costa da Morte, aún alejadas del turismo de masas; o las Rias Baixas, con su microclima mediterráneo y sus estupendos albariños; las Islas Cíes, la de Ons o –la outsider, y una de nuestras preferidas– la Illa de Arousa. De los senderos verdes y ondulados que recorren todo su interior a las tapas de pulpo, las empanadas, las raciones XXL, el camino de Santiago, las fiestas de los pueblos y mucho más. Empezar la ruta visitando, pongamos por caso, la Praia das Catedrais y acabar contemplando la puesta de sol en Finisterre (con una chaquetita puesta) simplemente no tiene precio.

Un imprescindible

Hay muchos, pero si hay que quedarse con uno el Abastos 2.0, un restaurante situado en pleno Mercado de Abastos de Santiago, es un lujo en el que sirven en mejor marisco fresco cocinado sin apenas parafernalia, con alguna pincelada creativa.

3. Asturias

Viajar a Asturias siempre es un acierto, una escapada que a muchos nos gustaría poder hacer al menos una vez al año. Porque se come divinamente y las fabadas sientan igual de bien en invierno que en verano, porque tiene una naturaleza salvaje y espectacular (llegar a lo alto de los Picos de Europa y contemplar los Lagos de Covadonga es siempre una experiencia impactante), porque tiene playas preciosas como la playa del Silencio y pueblos con encanto que van desde Luarca a Rivadesella, entre muchos otros, así como rincones de cuento para hacer senderismo y un buen número de miradores. Si el cuerpo nos pide una jornada urbana nada mejor que dejarse caer en Gijón, un lugar abierto al mar en el que siempre pasan cosas, o en Oviedo si preferimos una ciudad más clásica y majestuosa.

Un imprescindible

Si podemos reservar mesa en el prestigioso Casa Gerardo y pedir una fabada, su plato más emblemático, vamos a disfrutar de un icono de la región.

4. Islandia

Viajar a Islandia es pasarse las vacaciones sin parar de sorprenderse. Es pasar de un paisaje lunar y enigmático a otro verde y florido, casi como el que pasa la pantalla de un videojuego, para luego adentrarse en unas montañas nevadas con glaciares y que, de golpe, aparezca un espectacular arcoíris. Es bañarse en aguas termales calentitas mientras fuera aprieta el frío, “modernear” por Reikiavik, descubrir lagos, cascadas y fiordos, conducir por carreteras desiertas que parece que nos conducen al fin del mundo, cruzarnos con Björk y descubrir una gastronomía que, sin duda, va a sorprendernos. Porque Islandia es un país apacible y decididamente bienestante, donde todo el mundo parece cortés y educado y es habitual encontrar comida ecológica, un bacalao que quita el hipo y una maravilla llamada skyr, una combinación entre queso y yogur que va a convertirse en nuestro desayuno islandés.

Un imprescindible

El Blue Lagoon es un balneario geotermal cuyas aguas se sitúan en una formación de lava que hay que visitar sí o sí. Si podemos quedarnos a cenar en su restaurante, desde el que se contemplan las aguas, mejor que mejor.

5. Suiza

Suiza es un remanso de paz que tiene algo de sanador, de invitarnos a abandonar buena parte de nuestros tormentos entre sus montañas verdes y sus ciudades limpias y ordenadas. Podemos empezar el recorrido visitando Lucerna, con sus hermosos lagos, así como Friburgo o, por supuesto, la majestuosa Berna. Y seguir con paisajes naturales tan impactantes como el Valle de Lauterbrunnen (con nada menos que 72 cascadas), donde el cuerpo nos va a pedir una fondue bien calentita tras el periplo. O Grindelwald, perfecto para amantes del senderismo, no sin antes coger un tren panorámico que nos permita disfrutar de una mirada global sobre un país tan bello como avanzado, un lugar en el que todo parece funcionar, donde los trenes llegan a su hora y los ciudadanos son cívicos y educados, lo que supone una suerte de retiro espiritual antes de regresar de nuevo al ajetreo de nuestro día a día. Podemos volar con Vueling a Zurick, Ginebra o Basilea.

Un imprescindible

La Iglesia medieval de Fraumünster, en Zurich, es famosa por sus vitrales de Marc Chagall, y es de una belleza que sobrecoge.

6. Noruega

Noruega tiene tantos atractivos que conviene preparar bien el viaje para poder recorrerla de norte a sur, cosa que resultará bastante fácil si nos organizamos bien, ya que el país dispone de una red de transportes más que solvente. Podemos empezar visitando la efervescente Oslo y seguir la ruta urbana en Bergen, pintoresca ciudad estudiantil, bonita a más no poder, donde querremos entrar en todas sus tiendecitas y probar uno a uno todos sus restaurantes. Podemos llegar al norte navegando entre fiordos para disfrutar de la aurora boreal y de montañas como la de Torghatten o los Alpes de Lyngen, todo ello mientras descubrimos los secretos de las tribus indígenas tradicionales y nos metemos entre pecho y espalda un estofado de reno con el objetivo de calentar el cuerpo. Con Vueling podemos llegar a los aeropuertos de Oslo, Bergen y Stavanger.

Un imprescindible

El púlpito de Preikestolen, cerca de Stavanger, es una espectacular roca plana que da al vacío a la que accedemos tras una excursión de un par de horas entre bosques y lagos.

7. Suecia

Si vamos cortos de tiempo (y de presupuesto) y disponemos apenas de cuatro días para una escapada fugaz, una buena idea es visitar Estocolmo. La capital sueca es una ciudad alegre, efervescente e intercultural, repleta de reclamos culturales y de tiendas de diseño que harán las delicias de los amantes del shopping. Pasar unos días en Estocolmo significa empezar la mañana con un desayuno healthy, visitar palacios, catedrales y monumentos, hacer pícnics en parques, caminar entre restaurantes trendy (y tener problemas para elegir uno, porque todos nos llamarán por nuestro nombre) y disfrutar del buen tiempo durante el día y del fresco nocturno.

Un imprescindible

En Estocolmo se come mucho y bien, gracias a restaurantes como Aira, que con su Estrella Michelin elabora una deliciosa cocina escandinava actualizada.

8. Escocia

Un viaje a Escocia puede empezar en Edimburgo, una ciudad intelectual hasta la médula que nos va a atrapar con su oferta cultural y teatral ininterrumpida y su hermoso centro histórico empedrado. Allí podemos alquilar un coche para iniciar una ruta entre paisajes verdes y bucólicos, que nos llevará a lugares como el Castillo de Eilean Donan, en Highlands (una pequeña islita del Lago Duich), o Nest Point, un sorprendente enclave conocido como “el fin del mundo escocés”. Podemos seguir la ruta haciendo una parada en el lago Ness y en el castillo de Dunottar, visitar una destilería de whisky o deternos en Stirling, un hermoso pueblo de cuento desde el que se accede al Parque Nacional de Loch Lomond y los Trossachs, donde podremos calzarnos las botas y hacer senderismo a una temperatura siempre agradable.

Un imprescindible

El King’s Theatre, un recinto histórico espectacular donde se representan habitualmente todo tipo de espectáculos. Atención a los techos.

9. Dinamarca

Trasladarnos a un país en el que todo el mundo es guapo y estiloso, va en bici y come sano es una experiencia que hay que digerir con calma. Volar a Copenhague significa aterrizar en un remanso de bienestar primermundista que nos invita a recorrer en bici sus amplias avenidas, darnos un chapuzón en alguna de sus piscinas urbanas, visitar en Tivoli (un parque de atracciones que debemos conocer incluso si no vamos con niños) o recorrer mercados y mercadillos como el de Frederiksberg o Torvehallerne (paraíso foodie). Desde allí es imprescindible tomar un tren a la isla de Zelanda y visitar el Museo Louisiana de Arte Moderno, con una espectacular colección. Desde Copenhague también podemos tomar un tren y visitar Suecia, concretamente la ciudad de Malmö, un lugar pintoresco donde imaginaremos constantemente que va a aparecer Kurt Wallander, el popular detective de Henning Mankell. Vueling tiene vuelos a Copenhague y Billund con su Legoland.

Un imprescindible

El mercado hippy de Christiania es una rareza que ya tiene poco de hippy, aunque en su día lo fue, y que merece la pena visitar en busca del souvenir perfecto.

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