A 30.000 pies por viajeros para viajeros

48 horas en Santander para no perderse ni un detalle

Edificios singulares, hermosas playas siempre concurridas que reúnen a surfistas y bañistas, tascas, tabernas, rincones de cuento... Santander es ideal para visitar solos o en familia: ¡bastarán 48 horas para sacarle jugo!

Si la vida nos lleva a Santander y decidimos dedicar un par de días a visitar sus rincones más hermosos, lo más probable es que nos quedemos con ganas de más. Es una ciudad singular, majestuosa, viva, bienestante, que nos atrapará a cada segundo con su bullicio y sus tascas, la amabilidad de sus habitantes, las bonitas playas urbanas en las que querremos parar constantemente para un baño a cualquier hora, los museos, las terrazas, las plazas, las tabernas… A diferencia de otras, Santander es una de esas ciudades a las que siempre se regresa, en la que sin duda nos quedará algún rincón por descubrir y alguna asignatura pendiente, bares por conocer y playas en las que sumergirnos. Para empezar a abrir boca, podemos pasar 48 horas mágicas en que descubriremos sus principales encantos... ¡y son unos cuantos! Así pues, toca ponerse calzado cómodo, abrir la mente (y el estómago) y coger un Vueling rumbo a Santander. ¡A disfrutar!

DÍA 1: LOS IMPRESCINDIBLES

10 h. Centro Botín

Este centro de arte contemporáneo es una maravilla en todos los sentidos, que por sí solo ya merecería una visita a esta ciudad fascinante. Por el edificio, suspendido sobre el mar, obra del arquitecto Renzo Piano, que consigue integrar el centro de la ciudad y los históricos Jardines de Pereda con la bahía. O por las numerosas exposiciones tanto de artistas consagrados internacionalmente como de otros locales, por no hablar del sinfín de actividades relacionadas con el arte que están siempre en marcha en este lugar de visita obligada para cualquier amante del arte, la cultura y la arquitectura. Los adictos al selfie no pararán de hacerse fotos en sus múltiples rincones con hermosas vistas al mar y los amantes de las tiendas de museo pasarán un buen rato curioseando en la suya. Su café, siempre agradable y concurrido, es también un buen lugar para hacer un alto en el camino para ese tentempié de media mañana una vez acabe la visita.

12 h. Un paseo por El Sardinero

Nada mejor que disfrutar de la animación santanderina que un paseo por El Sardinero y por el Paseo Marítimo, con sus playas a un lado y algunos edificios emblemáticos (como en Gran Casino de la Plaza de Italia) al otro. ¿Cansados después de tanto trajín? Nada mejor que parar en los Jardines de Piquío y tomar unas fotos en su espectacular mirador, o, un poco más adelante, en el Parque de los Mesones. Lo ideal es llegar al Faro del Cabo Mayor, un lugar en el que disfrutar de buenas vistas de los acantilados de la Bahía de Santander, que cuenta además con un centro de arte en que se exponen objetos relacionados con el mundo de los faros.

15 h. Una comida en Deluz

Hay tantos restaurantes que merecen la pena en Santander que es difícil escoger uno. Zacarías, El Cañadío (célebre por su tarta de queso) o Umma son algunos de ellos, pero Deluz es especial por diversos motivos. El chef Carlos Zamora y su hermana Lucía apuestan por el producto local, de proximidad y de pequeños productores, y tienen en marcha diversas campañas para trabajar con productores de esa España vaciada que ellos pretenden poner en valor. En Deluz, pues, los tomates saben a tomates, las carnes de proximidad proceden de animales tratados con mimo, los huevos son naturales y todos ellos toman forma de platos basados en la cocina tradicional muy bien facturados. Es recomendable comer con moderación porque por la noche… ¡toca festival!

17 h. Una visita al Palacio de la Magdalena

La Península de la Magdalena es un rincón de visita obligada, un gran parque ideal para recorrer a pie que acoge una de las más importantes joyas arquitectónicas de las muchas con que cuenta la ciudad: el emblemático Palacio de la Magdalena, residencia de la familia real que fue construido a principios del siglo XX. La Playa de Bikini, las Caballerizas, el Monumento a Félix Rodríguez de la Fuente o el Paraninfo son otros rincones interesantes en esta península mágica donde también es recomendable perderse por sus bosques de abedules, álamos, fresnos, eucaliptos, pinos y encinas.

21 h. El cenador de Amós: bienvenidos a un tres estrellas Michelin

Si el bolsillo nos lo permite, el estómago también está por la labor y tenemos ganas de conocer una de las cocinas más interesantes de España, debemos reservar mesa en El cenador de Amós, la casa del chef Jesús Sánchez en Villaverde de Pontones, a apenas 20 minutos del centro de la ciudad. El cocinero elabora una cocina entroncada en en recetario tradicional con toques contemporáneos, en una hermosa casona palaciega del siglo XVIII con bonitos jardines: alta cocina con tres estrellas Michelin en un espacio singular, de vocación sostenible, donde podemos conocer en primera persona el imaginario de un chef de referencia. Imprescindible.

DÍA 2: PLAYA Y CULTURA

10 h. Una mañana en la playa

Si hace buen tiempo, va a ser imposible resistirse al ambientazo que reina siempre en las playas de Santander, que reúnen a familias, veraneantes, surferos, deportistas y a todos aquellos que buscan descansar un rato y desconectar al son de las olas del Cantábrico. Si buscamos una playa ambientada y bulliciosa, lo mejor es escoger cualquiera de las de El Sardinero, perfectas a cualquier hora del día. La de Los Peligros, pequeñita y de aguas tranquilas, es ideal si buscamos algo de recogimiento, mientras que si queremos olas y surf la mejor opción es la de las Mataleñas, una de las más hermosas de la ciudad. La Península de la Magdalena también cuenta con playas excepcionales, aunque si nos apetece abandonar durante unas horas la capital, hay playas cercanas que merecen una visita (una buena idea es echar un vistazo a alguna de sus escuelas de surf y apuntarnos, aunque sea unas horas, a surcar las aguas del Cantábrico sobre una tabla). La de Somo, la de Langre o las de Costa Quebrada son algunas de ellas.

14 h. Una comida en El Remedio

Hay que abandonar la ciudad y conducir 40 minutos hasta Ruiloba para ocupar mesa en El Remedio, pero sin duda la experiencia vale la pena. No solo por sus paisajes, sus vistas y la paz que se respira desde su elegante y confortable comedor, sino por la cocina del chef Samuel Fernández, un cocinero que trabaja como pocos el producto local, con mimo y precisión, y lo convierte en recetas que beben de la cocina tradicional con alguna vuelta de tuerca que marca la diferencia. Acabar de hacer la digestión paseando por su entorno de cuento no tiene precio.

17 h. ¡De museos! Museo Marítimo del Cantábrico

Nada mejor que acabar una jornada playera y gastronómica de excepción que un recorrido por este museo que cuenta con un acuario ideal si vamos con niños. También disfrutaremos de sus diferentes colecciones, que incluyen aspectos que van desde las pesquerías a la vida en el Mar, el Cantábrico y la mar en la historia o la vanguardia tecnológica.

20 h. A cenar a El Machi

Pintxos, arroces, pescados y un surtido de solventes tapas es lo que encontraremos en la taberna, se dice pronto, más antigua de Santander, donde también podemos degustar, entre otras cosas, buenas carnes ecológicas. Su expositor de pescados nos llamará a gritos cuando pasemos por delante, aunque tal vez cuando ocupemos mesa nos va a apetecer uno de sus arroces, que se encuentran entre lo mejorcito de la ciudad. Las vistas al muelle de El Machi y su ambiente siempre alegre y cercano no tienen precio.

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