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Mucho más que playas: cultura y gastronomía en Menorca

Menorca es más que calas paradisíacas, pueblos de pescadores y senderos de ensueño frente al mar. La isla presume de una gastronomía de excepción y de una efervescente vida cultural durante todo el año.

Disfrutar de Menorca en temporada baja significa descubrir rincones que a menudo quedan eclipsados por sus bonitas calas vírgenes y sus espectaculares puestas de sol. Significa recorrer sus ciudades y pueblos y descubrir fascinantes tesoros arquitectónicos, disfrutar de su vida cultural junto a la población local, comer de fábula tanto en restaurantes de alta gastronomía como en tabernas y tascas de espíritu popular y, en definitiva, empaparnos de esa aura inconfundible de la isla casi para nosotros solos. Y es que bien lo saben los viajeros de pro: Menorca no es solo para el verano. Reserva un vuelo a Menorca, alquila un coche para recorrer la isla a tu aire y compruébalo por ti mismo/a. ¡Y no olvides anotar en la agenda todos estos planes!

Una visita al Museu de Menorca

Situado en el convento de Sant Francesc, en Maó, el Museu de Menorca es un referente para la difusión del patrimonio y el paisaje cultural de la isla. Muestra su historia desde la prehistoria hasta la actualidad mediante una extensa colección de objetos y documentos variados. Es recomendable reservar una visita guiada para no perdernos detalle de su colección.

Un recorrido por la Menorca prehistórica

La Naveta des Tudons, la Torre d'en Galmés y la Torralba d'en Salord son tres buenos ejemplos, muy bien conservados, del legado talayótico en Menorca, que data de finales del II milenio a.C. Podemos dedicar una jornada a descubrir sus joyas prehistóricas y, si nos quedamos con ganas de más, acercarnos a visitar el Talatí de Dalt, la necrópolis de Cala Morell o el Poblado Talayótico de Trepucó.

Un paseo por Binibeca

Además de los indiscutibles encantos de Maó y Ciutadella, sus dos principales centros urbanos, la isla cuenta con algunos pueblecillos de cuento en los que perderse sin rumbo por sus calles estrechas y magnéticas. Es el caso de Binibeca, con sus hermosas casitas blancas flanqueadas por el mar, donde aún se respira ese ambiente de pueblo de pescadores, el lugar perfecto para callejear sin rumbo y detenerse a reponer fuerzas antes de continuar con la ruta. Es Mercadal, Fornells o Ferreries son también buenas opciones para una tarde de paseo.

Una caldereta en el puerto de Ciutadella

La caldereta de langosta es una receta tradicional menorquina que se puede degustar en numerosos restaurantes y que vuelve locos a los viajeros. Uno de los lugares emblemáticos para comerla son los restaurantes del hermoso puerto de Ciutadella, en un entorno idílico con vistas al mar y, si puede ser, acompañada de un buen vino de la IGP Isla de Menorca.

Un recorrido por su gastronomía

El queso de Maó, la sobrasada, el perol menorquín, la ensaimada, la archiconocida caldereta de langosta o el riquísimo arroz de la tierra son solo algunos de los platos representativos de esta isla, cuya aclamada gastronomía se viste de fiesta en 2022. Menorca ha sido declarada Región Europea de la Gastronomía 2022, lo que dará lugar a numerosas actividades y eventos relacionados con el riquísimo patrimonio culinario de esta isla que enamora en cualquier época del año. Conviene consultar la agenda para poder diseñar la escapada también con el estómago, ya que habrá propuestas para todos los gustos.

De ruta por sus faros

La belleza de los faros es tan universal como difícil de definir, y es que son pocas las personas que se resisten a fotografiar esos enclaves solitarios ubicados en parajes desiertos frente a mares en ocasiones enbravecidos. La soledad de los faros nos habla de otros tiempos, de viejas aventuras, y recorrerlos es entender un poco más el pasado de los territorios que los acogen. Menorca está llena de hermosos y fotogénicos faros situados en enclaves privilegiados. Favaritx, Cavalleria, Punta Nati y Artrutx, además de los de Ciutadella y Maó, son solo algunos de ellos.

Menorca, todo un espectáculo

Conviene dejar al menos una jornada libre para visitar alguno de los recintos emblemáticos de la isla, ejes imprescindibles de su actividad artística y cultura. El Teatre Principal de Maó, con su imponente edificio del siglo XIX y su programación ecléctica y variada, es uno de ellos. El Cercle Artístic de Ciutadella también es una institución de referencia, que cuenta con actividades regulares, igual que la Fundació Rubió Tudurí o el Ateneu de Maó, entre otros. La Terrassa d'Es Claustre, en Maó, es también un lugar emblemático en el que tomar una copa y disfrutar de alguna de las actividades de su programa, desde música a teatro, arte digital o documentales.

De ruta religiosa

La Catedral de Menorca, en Ciutadella, un buen ejemplo de gótico catalán, es uno de los edificios de visita obligada en la isla, como también lo es la hermosa iglesia barroca del Roser, hoy convertida en sala de exposiciones. El Museu Diocesà, también en Ciutadella, es otra buena muestra de arte religioso. Si estamos en Maó no podemos dejar de visitar la iglesia de Santa Maria y la de la Concepció, y si pese a este derroche de belleza todavía queremos más, nada mejor que coger el coche y visitar las capillitas rurales de Sant Joan de Misa o Sant Llorenç de Binixems.

Artesanía para todos los públicos

El Centre Artesanal de Menorca cuenta con una colección permanente que pone de relieve la tradición artesana de la isla, que se completa con actividades y exposiciones temporales. También se elabora artesanalmente el queso con DOP Maó, una joya de la isla cuyo proceso de elaboración se puede conocer en una visita al Museu Etnològic del Formatge de Menorca, donde adquirir además algunas piezas. Una visita a Binissués nos permitirá completar la escapada viviendo como campesinos de antaño.

Recorriendo castillos

El Castell de Sant Felip y el de Santa Àgueda son, cada uno a su manera, dos buenos ejemplos del patrimonio arquitectónico de la isla. Perfectos para visitar en una de esas mañanas soleadas en el que el cuerpo nos pide a gritos levantar por un momento la vista del suelo y mirar, de una vez por todas, hacia el horizonte (en sentido literal y figurado).

Este despliegue de cultura, arte y platos deliciosos se encuentra, por suerte, a un corto vuelo en avión. ¡Vámonos!

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