A 30.000 pies por viajeros para viajeros

Resultados

Imprescindibles de Santander

1.- Parque de la Naturaleza de Cabárceno: un lugar ideal para pasar el día en familia y en contacto con la naturaleza. Un parque nada convencional en el que puedes conocer más de un centenar de animales en semilibertad. Sus más de 20 kilómetros de carreteras que surcan el parque te conducen a través de maravillosos desfiladeros, apacibles lagos y sugerentes figuras rocosas.

2.- Cuevas de Altamira: la imagen más conocida de Cantabria y el conjunto de cuevas paleolíticas más importante descubiertas. La cueva, que forma parte del Patrimonio de la Humanidad desde 1985, se encuentra en Santillana del Mar.

3.- Comillas: a 20 kilómetros de Santander, Comillas es una de las poblaciones más interesantes desde el punto de vista arquitectónico, que cuenta además con una hermosa playa.

4.- Sus fantásticas playas: Santander cuenta con deliciosas playas urbanas como la del Sardinero, el Camello, la Playa de Los Peligros o La Magadalena, y aisladas como la playa de Usgo, la Virgen del mar o la de Cuchía. En ellas se impone la arena dorada, al igual que en el resto del litoral cantábrico.

5.- La península de la Magdalena:  uno de los lugares más emblemáticos de Santander por su ubicación entre el núcleo urbano y el Sardinero, declarado Bien de Interés Cultural.

Al sur de la península se ubican sus dos playas, la Magdalena y Bikinis. Hacen un total de 1.570 metros de arena fina y dorada, desde donde se pueden divisar las islas de La Torre y la Horadada, la espectacular bahía de Santander y las playas del Puntal y de Somo.

Sus 25 hectáreas recogen además un espectacular parque público, un mini zoológico con pingüinos, focas, leones marinos y patos.

En la cima del recinto se encuentra el palacio de la Magdalena. Construido en 1912 por Bringas y Riancho. Con posterioridad fue regalado a Alfonso XIII

como residencia veraniega hasta 1930. En la actualidad, el palacio de la Magdalena es la sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y las caballerizas reales recogen a cientos de estudiantes extranjeros.

Imagen de lito

 

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El Santander más auténtico

El diseño y el interiorismo epatante lo dejan para los recién llegados y los que van de modernos. El sabor de siempre se lo quedan para ellos, pues ellos son los que llevan años con la fórmula del éxito. Son Bodega La Cigaleña y Bodega del Riojano, dos emblemas de Santander cuyo trabajo nos recuerda que, con su buena gastronomía de toda la vida, basada en un producto de calidad en platos sin florituras, siempre han estado ahí.

Bodega La Cigaleña

Vino, vino, vino. Producto, producto, producto. Historia, historia, historia. Es Bodega La Cigaleña, un clásico de clásicos en el centro de Santander, donde vale la pena entrar y, sobre todo, comer y beber. Porque la excusa de los platos sencillos con los mejores ingredientes es ideal para probar los mejores vinos, sobre todo los naturales, una corriente a la que se sumó hace ya unos cuantos años, cual pionero visionario, el responsable del establecimiento, Andrés Conde Laya, tercera generación de los dueños de este negocio - abrieron en 1949-. Un establecimiento con aires de mesón rústico y museo de mil y una curiosidades.

Y si no son vinos naturales, no hay problema porque hay unas 10.000 referencias en una bodega que puede presumir de estar entre las más importantes de España - basta con alzar la vista y descubrir un techo repleto de botellas -. Por ejemplo, tienen un vino de Madeira de 1830.

Platos que vale la pena pedir: salteado de 18 verduras (homenaje a una creación de Michelle Bras), pulpo a la parrilla y raviolis de cigala bañados en una sopa de un sabor concentradísimo de cabezas de cigala. Consejo: dejaos llevar por Andrés a la hora de pedir un vino.

Bodega del Riojano

Bodega del Riojano, que este año cumple sus bodas de platino, es uno de los locales más peculiares de la ciudad gracias a las barricas de vino decoradas por artistas. La mayoría de ellas están ubicadas sobre las cabezas de los comensales. En este restaurante-galería está retratado Woody Allen y hay obras de Ramon Calderón, Antoni Clavé, Oswaldo Guayasamil, Eduardo Gruber, Manuel Viola, Miguel Ibarz, e incluso, de los humoristas Andreu Buenafuente y Moncho Borrajo.

Su propuesta gastronómica podría definirse de casera, donde predominan guisos y recetas de siempre, como los tres platos superventas: alubias rojas, pimientos rellenos de carne de ternera y cerdo y bacalao con tomate. Hay que anotar también las croquetas de mejillón y gambas, y los huevos rotos con jamón y habitas.

 

Texto y fotos de Ferran Imedio de Gastronomistas.com

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Santander estrena centro de arte

Santander está de estreno. Es uno de esos estrenos que se ha hecho derogar en el tiempo, pues el proyecto que encargase en 2012 el fallecido Emilio Botín ha ido muy lentamente tomando forma y transformando la vista de la bahía de Santander, hasta su inauguración el pasado 23 de junio. Dicen que lo bueno se hace esperar, así que puede que esa sea la clave del secreto del Centro Botín que desembarca en la capital cántabra para llenar de cultura y aires nuevos a esta bella ciudad del norte de España.

Un edificio de autor
Lo primero que inevitablemente llama la atención de este nuevo espacio cultural es el edificio encargado de contenerlo, pues se ha optado por un proyecto arquitectónico de esos que no pasa desapercibido para nadie, con opiniones a favor y en contra, como en todo aquello en lo que se atisba cierto riesgo. Obra de Renzo Piano, ganador de un Premio Pritzker, y un auténtico enamorado de Santander, elaborada junto al estudio del español Luis Vidal, ha logrado darle un toque de modernidad a la ciudad en uno de sus espacios más emblemáticos, la bahía. El edificio se compone de dos grandes volúmenes unidos por una estructura de espacios y pasarelas a modo de distribuidor principal. El del oeste funciona como una gran sala de exposiciones de 2.500 m², en cuyos bajos hay una zona comercial y de restauración. El módulo situado al este, de un tamaño inferior, será el dedicado a las actividades educativas, y en el que sobresale su gran terraza con unas excelentes vistas a la bahía de Santander. Sostenidos por pilares que lo hacen aparentemente flotar en el aire, destacan sus grandes cristaleras, que ofrecen unas vista privilegiadas de la costa y la ciudad, y el recubrimiento exterior, realizado con piezas de porcelana blanca.

Pero no todo el protagonismo se lo debemos dar en exclusiva a este fabuloso edificio ubicado a modo de bisagra entre el centro de la ciudad y el puerto. Su construcción ha venido acompañada por la rehabilitación y ampliación de los Jardines de Pereda -han pasado a ocupar de 2 a 4 hectáreas- situados en los alrededores del Centro Botín. El paisajista Fernando Caruncho y la artista Cristina Iglesias se han encargado de convertir la llegada hasta este nuevo espacio cultural en toda una experiencia para los sentidos.

Un nuevo espacio expositivo en la ciudad
El Centro Botín ha empezado dando sus primeros pasos con dos exposiciones contrapuestas, una de corte más clásico, dedicada al primer gran maestro de la pintura moderna, Goya, y en la que sus dibujos toman todo el protagonismo; y otra, de corte más actual, dedicada a Carsten Höller, la primera monográfica realizada a este artista belga hasta el momento en España. En paralelo hay programadas actividades de todo tipo, desde talleres, pasando por proyecciones cinematográficas, conciertos, etcétera.

Por delante, un largo camino por recorrer. Sobre este nuevo proyecto pesa al interrogante de si se producirá un “efecto Guggenheim” que logre dar un aliciente más al viajero en su visita a Santander y dar un empujón extra al turismo y a la ciudad. De momento ha conseguido ser la comidilla del verano y el espacio que inevitablemente los locales y los veraneantes de la zona irán a visitar.

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Texto de Los Viajes de ISABELYLUIS

 

 

 

 

 

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Santander, más allá de las rabas

Dos tópicos sobre Santander. Uno cierto al 100%. Otro, digamos que cada vez menos cierto. Primero (y verdadero): es obligado visitar la ciudad alguna vez en la vida porque es una de las más bonitas de España. Segundo (y prescindible): hay que comer rabas sí o sí. Pues no, no hace falta porque la oferta gastronómica en la capital cántabra ha crecido en calidad y diversidad, y hasta allí hemos viajado para comprobarlo con nuestros propios paladares.

Umma

La cocina informal y moderna suele esconder farsas. Con la excusa de que es informal y moderna, zasca, te la cuelan. No es el caso de Umma. Al contrario. Platos reconocibles, buen producto y sobre todo un sentido del gusto por encima de la media. Muy por encima. Miguel Ángel Rodríguez ha convertido el que era el restaurante familiar en uno de los must de Santander. Su capacidad para jugar con nuevos ingredientes en un mismo plato, equilibrarlos y ensalzar la estrella de cada receta es prodigioso. Va sobrado, pero es normal porque viene de currárselo en Noma (Copenhague), Mugaritz (Rentería), Cenador de Amós (Villaverde de Pontones, Cantabria)… Comedores todos ellos distinguidos por la guía Michelin y la revista Restaurant.

Estelares, como sus propuestas, a cuál más sabrosa, más deslumbrante, más buena, que refinan y actualizan los sabores de Cantabria. Empezando por las croquetas que parió su madre, redondas, crujientes por fuera y cremosas, casi líquidas, por dentro; siguiendo por la pizza de anchoas de Santoña, con papada, queso de vaca Gomber, oliva negra, rúcula y tomate seco; y acabando con dos platos sinfónicos: lengua de vaca, carpaccio de champiñón y avellana y el huevo ecológico con cecina y setas.  Atención a las cervezas artesanas y a los vinos de una carta que huye del stablishment bodeguero, y a las exposiciones que exhiben las paredes y a los conciertos de jazz y soul que celebra las noches de los jueves.

“Umma", dicen los japoneses cuando algo les gusta mucho. “Umma”, dice quien sale de allí tras comer o cenar.

Precio medio: 35-40 euros (menú de mediodía de 18 euros, menú fast good de martes a viernes al mediodía por 14, y menú degustación por 39).

Mexsia

Llegas a Mexsia y ves los vasos puestos así, sobre la mesa, como a punto de caerse, haciendo funambulismo, y te dices: "Estoy en un sitio especial”. Y sí. Porque antes ya has visto una barra a la entrada, has oído una música de fondo y has visto una iluminación que te hace pensar que estás en un pub y no en un restaurante. Y no. Bueno, sí. Estás en un pub gastro. En un gastropub que ha ideado Óscar Calleja, poseedor de una estrella Michelin por Annua (San Vicente de la Barquera). Mezcla, fusión, mix, diversión. México y Asia. Mexsia. Picante, picantón, como el gazpacho verde de chile serrano con vieira braseada; juguetón, como el aguachile de camarón con salsa chamoy, un platazo donde los cítricos acompañan un producto excelente; excitante como el maki frito en tempura con centollo, masera y aguacate, o como el nigiri de salmón a la llama con crispy de alga nori; vicioso como los nachos caseros, servidos con tres salsas también caseras…

Precio medio: 25-30 euros (menú fast good de martes a viernes al mediodía por 15 euros, y menús degustación por 25 y 30 euros).

El Remedio

¿Y por qué no le llamaron El Paraíso? Porque el enclave donde está ubicado este restaurante es paradisiaco, ensoñador, maravilloso, bello… Una ermita del siglo XIX, una pradera verde-verde, un acantilado, el mar de fondo… Insuperable. El síndrome de Stendhal se puede vivir en primera persona aquí. Pero El Remedio también vale como nombre porque estando allí uno se olvida de todo lo que le preocupa, así que funciona como remedio a todos los males, aunque sea temporalmente.

Si es hermoso haciendo sol, debe de ser espectacular en pleno temporal. Un regalo para la vista y el alma que se complementa con la cocina de Samuel Fernández, apegada al terruño y al mar que se ve desde su local. Hay que pedir el megano (calamar pequeñito que se hace a la plancha) con patata en tinta de calamar, vieira con crema de boletus y jamón de bellota (de sabor largo e intenso), alubias con setas, un cocido hecho poco a poco (chup chup, ñam, ñam); fritura de rabo de toro con mostaza de remolacha y salsa barbacoa… Y comer todo eso y más mirando al horizonte. Y soñar.

Precio medio: 40 euros.

Madre mía, cuanta diversidad gastronómica. ¿A qué esperas para deleitarte? Consulta nuestros vuelos aquí.

 

Texto y fotos: Ferran Imedio (Gastronomistas.com)

 

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