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7 destinos para viajar solo

Viajar con amigos, en pareja, con la familia… sí, ya sabemos que compartir es vivir, pero los que amamos viajar siempre recomendamos algo que todos deberíamos hacer una vez en la vida: viajar solos. ¿Los motivos? La oportunidad de moverte sin depender de nadie, poder tomar tú todas las decisiones y tener total libertad de elección, desconectar al 100% de todo... En definitiva, que tu único compañero de viaje seas tú mismo. ¿Y qué destinos son los más adecuados? Te proponemos una lista de destinos para viajar solo.

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Continúa Juego de Tronos visitando los escenarios donde se rodó

Puede que la octava temporada de Juego de Tronos haya terminado, pero en Vueling aún nos quedan dragones y están listos para llevarte a visitar los escenarios en los que se rodó la serie. La novena temporada quizás podrías escribirla tú…

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Sueños de hielo y lava en las Highlands islandesas

En Islandia abundan los topónimos difíciles de pronunciar, de recordar y, por supuesto, de deletrear. Landmannalaugar es uno de ellos, pero una vez has viajado hasta este oasis oculto entre montañas multicolor de las que manan aguas termales, vapores sulfurosos y fumarolas que funden el hielo, esta sonora palabra de quince letras se convierte en un simple vocablo que jamás olvidarás. Al contrario, siempre que lo enuncies, lo oigas o lo leas, te guiará mentalmente hasta aquel paraíso de la naturaleza que sin remedio pasó a formar parte de tu propia existencia.

Paisajes de otro planeta

En este lugar apartado de todo, al que sólo se puede acceder en vehículo todo terreno –en verano, varios autobuses 4x4 cubren a diario el trayecto desde Hella–, comienza una de las rutas de senderismo más espectaculares y populares del país y del planeta.

Su nombre oficial es Laugavegur, lo que se podría traducir como "la ruta de las aguas termales". El itinerario se suele hacer de norte a sur, y suma 56 km hasta Þórsmörk, donde se puede continuar caminando otros 26 km hasta Skógar, por la ruta conocida como Fimmvörðuháls. Durante el recorrido, que se suele completar en 4, 5 o 6 días, descubriremos un sinfín de sorprendentes paisajes, desde montañas de riolita de colores indescriptibles a campos de fumarolas, glaciares, cascadas, desiertos de lava y volcanes todavía activos.

Etapas asequibles

Laugavegur es el segmento más popular de la travesía y se divide en cuatro cómodas etapas de entre 12 y 15 km, haciendo escala en los refugios de Hrafntinnusker,  Álftavatn, Emstrur y Þórsmörk. Los caminantes mejor preparados pueden doblar etapas gracias a los escasos desniveles y la gran cantidad de horas de luz del verano austral. En Þórsmörk hay estación de autobuses 4x4, de manera que se puede regresar hasta Hella.

Si seguimos por la ruta de Fimmvörðuháls, a partir del valle de Þórsmörk encontraremos más desniveles y algunas zonas más aéreas y expuestas. Este sector se puede dividir en dos espectaculares etapas, haciendo escala en el refugio de Fimmvorduhals. Este tramo es posiblemente uno de los más asombrosos del trekking, pues pasa entre los glaciares de Mýrdallsjokull y Eyjafjallajokull, cruza un campo de lava fruto de la famosa erupción de 2010 –la que dejó en tierra tantos vuelos– y culmina con un largo descenso en el que se pueden admirar un total de 24 espectaculares cascadas, con la mítica Skógafoss como colofón final.

Guía práctica

Fechas: Se puede realizar de junio a septiembre.

Dificultad: Con buen tiempo, la ruta es fácil hasta Þórsmörk, y moderada en el tramo hasta Skógar.

Meteorología: Incluso en verano, en las Highlands islandesas las condiciones meteorológicas pueden cambiar drásticamente en pocas horas. Hay que consultar los partes en los refugios y obedecer las advertencias de los rangers y los guardas de los refugios.

Orientación: A principios de verano, el itinerario se baliza con estacas amarillas cada pocos metros. En caso de ser sorprendidos por la niebla o el mal tiempo, siempre es útil disponer de un GPS con el track de la ruta, pero hay que tener en cuenta que puede sufrir ligeros cambios de un año a otro, especialmente en los vados de los ríos.

Equipo: Es imprescindible utilizar calzado y ropa de abrigo de montaña.

Comida: No hay ni restaurantes ni tiendas de comestibles en todo el recorrido (ni siquiera en los refugios sirven comidas, aunque sí podrás pagar la estancia o la acampada con tarjeta de crédito), por lo que es obligado ser completamente autosuficiente y cargar con toda la comida que vayas a necesitar durante la marcha (calcula un mínimo de 1 kg por persona y día).

Dormir bajo techo: En los refugios de la ruta sólo se puede dormir con reserva, trámite que para ciertas fechas del verano requiere varios meses de antelación y las agencias de trekking suelen copar la mayor parte de las plazas disponibles.

Camping: Alrededor de los refugios hay zona de acampada, siempre de pago. Para el camping no hay que reservar. Algunas cuentan con duchas y recogida de basuras. En otras sólo hay agua potable y WC. Es aconsejable llevar una tienda de camping ligera, pero que resista fuertes vientos.

Ríos: Hay que evitar cruzarlos por donde son más estrechos, pues es donde el cauce es más profundo. Es recomendable llevar unas sandalias de río que queden bien sujetas, para no perderlas con la corriente.

Viajes guiados: Si se prefiere caminar más ligero –sin cargar comida ni equipo de camping-, tener plaza en los refugios de la ruta y disfrutar de la compañía de un guía, la agencia especializada Tierras Polaresofrece la ruta completa en los meses de julio y agosto, en un viaje de ocho días que dedica seis jornadas a este trekking. Desde 1.595 euros.

Tour de un día, todo el año: También se puede visitar Landmannalaugar en un tour en súper jeep –un vehículo todo terreno de ruedas inmensas con el que se puede acceder a las Highlands durante todo el año–, que te recoge en el hotel de Reikiavik. Precio por persona: 35.000 ISK (250 euros).

Aventúrate a conocer las maravillas que se esconden en las Highlands islandesas, reserva tu Vueling a Reikiavik aquí.

Texto y fotos de Sergio Fernández Tolosa & Amelia Herrero Becker de  Con un par de ruedas 

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Fiordos del oeste la Islandia más remota y auténtica

Luces bajas, melancólicos atardeceres, fiordos sin fin, pueblos pesqueros a los que sólo se llega por carreteras sin asfaltar, pozas termales con vistas al océano y, sobre todo, tranquilidad. Mucha tranquilidad. Todo ello es lo que ofrece al viajero la región de los Fiordos del Oeste, la más solitaria y virgen de Islandia. Pasar unos días explorando sus apartados confines es lo más parecido a lo que hasta hace muy poco fue viajar por la hoy popularísima Ring Road. Os recomendamos cómo llegar hasta este remoto y cautivador paraíso y, una vez allí, qué ir a visitar.

1. Ísafjördur, antigua capital de la pesca

Aunque es el asentamiento más grande de los Fiordos del Oeste, en Ísafjördursólo viven 2.600 personas. Sin embargo, en estas latitudes un censo de este calibre se interpreta como una auténtica aglomeración humana.

En el acogedor centro histórico de la población, que conserva un buen número de casas de madera del siglo XVIII, se disfruta de un animado y sorprendente ambiente. Encontraremos buenos restaurantes –el marisco y los productos del mar son la especialidad local– y agradables cafés que, con la calefacción siempre al máximo, invitan a guarecerse de las habituales inclemencias del tiempo. Resulta interesante el Museo Marítimo de los Fiordos del Oeste, lleno de reliquias de la época de los balleneros. Es de gran ayuda para comprender el origen y la era dorada de este aislado puerto.

Por tierra, mar y aire:los vuelos diarios desde Reikiavik convierten a Ísafjördur en la puerta de entrada más rápida y cómoda a los Westfjörds. También es el puerto de partida de los barcos con destino a la Reserva Natural de Hornstradir.

2. Snaefellsness y el viaje al centro de la tierra

Si preferimos aventurarnos por tierra desde Reikiavik, de camino al lejano norte merece la pena desviarse ligeramente para explorar la península de Snaefellsness. La panorámica carretera circunvala todo el perímetro de la península, que luce coronada por el espectacular volcán cubierto de glaciares que inspiró a Julio Verne para su novela Viaje al centro de la tierra.

Aunque suele soplar un fuerte viento, el trayecto está repleto de paisajes sobrecogedores, profundos acantilados, ríos de lava y playas de arena de color melocotón. Una excursión a pie muy recomendable –si el viento lo permite– es el camino costero que une Arnarstapi y Hellnar, de 5 km en total, a lo largo del cual veremos espectaculares formaciones basálticas, cuevas horadadas por el oleaje y arcos naturales de roca.

3. Frailecillos en los acantilados de Látrabjarg

Es el punto más occidental de Europa –y probablemente también uno de los más ventosos–, pero en los acantilados de Látrabjarg es posible observar muy de cerca a los fotogénicos frailecillos –o puffins–, esas vistosas aves de picos de colores que anidan junto a otras especies en estos inexpugnables precipicios que se alzan más de 400 metros sobre el océano.

Pese a la simpatía que provocan entre los viajeros, conviene tener presente que la población local se alimentó durante décadas de sus huevos y su carne. De hecho, el puffin sigue siendo un plato selecto que se ofrece en algunos restaurantes. La técnica utilizada para cazarlos obliga a descolgarse con cuerdas y redes desde lo alto de los acantilados. Precisamente la pericia y el arrojo de los cazadores de puffins de la región resultaron vitales cuando en 1947 un barco inglés se hundió en estas costas y todos los miembros de la tripulación fueron rescatados e izados uno a uno pared arriba.

Llegar a Látrabjarg implica conducir por un sector de casi 50 km de pistas de tierra (sólo ida). Unos 5 km antes del faro del "finisterre de Europa" encontraremos un área de camping muy básica (hay WC y agua potable, pero no duchas ni agua caliente), apta para tiendas y autocaravanas.

De camino hasta allí pasaremos por Hnjótur, donde hay una cafetería y un interesante museo con artefactos diversos, incluido un avión de la United States Navy.

4. Pozas termales deReykjafjarðarlaug

Las aguas termales siempre son un regalo de la naturaleza, pero en un entorno como los Westfjords se convierten en auténtico maná divino. Una de las mejores piscinas termales, aunque no la única, fue construida por un grupo de voluntarios en 1975 frente al fiordo de Reykjafjörður, a escasos 50 metros de la carretera de tierra que comunica Bíldudalur con Hrafnseyri. El manantial brota unos metros más arriba, a 52ºC, pero la piscina se mantenía a 38º. Y hablamos en pasado porque lamentablemente en 2016 permaneció cerrada. Esperamos que en 2017 vuelva a funcionar.

5. Catarata de Dynjandi

Con 100 metros de caída en forma de hermosa escalinata, Dynjandi –también conocida como Fjallfoss– es sin duda la cascada más espectacular de los Fiordos del Oeste. Se llega a ella por una carretera de montaña sin asfaltar y se ha habilitado una zona de acampada básica apta para tiendas y autocaravanas. Orientada hacia el oeste, la mejor hora para retratarla es al atardecer.

6. Focas y mermeladas en Litlibaer

Unos 70 km al este de Ísafjördur, en dirección a península termal de Reykjanes, hay una colonia de focas visible desde la carretera. Para hacernos una idea del carácter confiado de la población, un granjero local deja allí unos prismáticos para quien las quiera observar con más detalle, además de unos cuantos frascos de mermelada casera y una hucha para que quien desee llevarse un bote le deje los 6 euros que cuesta el tarro.

7. Paseos en kayak

En el siguiente fiordo, llamado Mjóifjörður –es fácil perder la cuenta–, el nuevo trazado de la ruta 61 ahorra al viajero moderno el amplio y obligado rodeo de antaño que iba hasta el fondo del estuario por la vieja carretera de tierra 633. En lo más apartado está Heydalur, una granja de turismo rural con piscinas de aguas termales, donde organizan excursiones en kayak con inicio en la colonia de focas de la boca del fiordo. Durante el trayecto, de 5 horas, a veces se avistan ballenas.

8. Expedición a la Reserva Natural deHornstrandir

Nadie vive allí, sólo los guardas forestales, las aves y los zorros árticos. Se trata del extremo más aislado y virgen del país, al que sólo se puede llegar en barco. Más allá del puerto de Hesteyri –donde se puede dormir en la vieja casa del médico, de sólo 16 plazas, construida en 1901–, no hay ni tiendas, ni restaurantes, ni hoteles. Sólo áreas de acampada básicas. Por tanto, la Reserva Natural de Hornstrandir está reservada a amantes de la fauna y la flora acostumbrados a la vida al aire libre y los caprichos de la climatología ártica. Algunas agencias organizan tours guiados de senderismo de 4 o 5 días.

Texto de Sergio Fernández Tolosa y Amelia Herrero Becker de Con un par de ruedas

Imágenes de Con un par de ruedas

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