El Madrid de Almodóvar
¡Qué decir sobre Pedro Almodóvar! Con permiso de Luis Buñuel, es el director de cine español más conocido fuera de nuestras fronteras. Oscarizado y con una filmografía iconoclasta que presenta algunas obras maestras, además de un buen número de filmes interesantísimos. Como todo autor que se precie, y el manchego es uno de ellos, Almodóvar tiene una ciudad fetiche que ha aparecido repetidamente en sus películas. Nos referimos a Madrid. A finales de los sesenta partió hacia la capital desde su Calzada de Calatrava natal para hacerse un nombre en esto del cine, y con el tiempo la acabó convirtiendo en su localización favorita. De hecho, la ha retratado de muchas maneras, mostrando sus luces y sus sombras, su parte conocida y la secreta. Almodóvar ha recorrido casi todas las calles de su ciudad adoptiva para amplificar las emociones y sentimientos de sus protagonistas. Ha conseguido llenar de vida, en la ficción, a edificios, calles, locales comerciales, aeropuertos, paradas de tren, y un largo etcétera de emplazamientos.
El director de Volver ha convertido la ciudad en un plató de cine, sacando partido a localizaciones reales y reconocibles para el público, convirtiendo algunos lugares en centros de peregrinaje obligados para los fans de su cine. Visitar esos enclaves significa acercarse al mundo arquitectónico y pasional de Almodóvar, pero también compone una guía turística alternativa de Madrid. A continuación, repasamos algunos de losspotsmás emblemáticos de esta ruta que puedes completar viendo las películas del creador de Mujeres al borde de un ataque de nervios y apuntando nuevos sitios en tu libreta de viaje almodovariana.
Museo Chicote y La Bobia
Dos bares de copas vistos en el cine de Almodóvar. El Museo Chicote es una coctelería chic situada en la emblemática Gran Vía madrileña con un montón de historia a sus espaldas: está abierta desde 1930 y por ella han pasado un buen número de estrellas actuales y, claro está, también del Hollywood clásico. Su interior se puede ver en una de las secuencias centrales, protagonizada por Blanca Portillo, de Los abrazos rotos. La Bobia es otro lugar de encuentro legendario de Madrid. Está cercano al Rastro, y en su momento fue uno de los epicentros de La Movida. Precisamente en esos años locos, Almodóvar decidió situar el inicio de la historia de Laberinto de pasiones en La Bobia, con Imanol Arias y Cecilia Roth al frente.
Cuartel del Conde Duque
Parada obligada para ver el lugar donde se llevó a cabo una de las escenas más famosas de la filmografía del cineasta manchego: la ducha nocturna con agua y manguera de Carmen Maura en una de sus obras maestras, La ley del deseo. La escena se rodó en la puerta del Cuartel del Conde Duque, uno de los palacios más antiguos (fue construido en 1717) y grandes de Madrid, con un fondo de documentos culturales e históricos riquísimo. Es más, una vez te hayas hecho la foto de rigor para recordar el plano de Almodóvar, puedes entrar a visitarlo, ya que ahora se ha convertido en un centro cultural que presenta diversas exposiciones itinerantes durante todo el año.
Los bloques de piso de la M-30
Pedro Almodóvar no solo ha retratado la zona centro y más conocida de Madrid, sino que también ha puesto su mirada en los suburbios. Lo hizo en una de sus mejores películas, la icónica ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, en la que una sufrida Carmen Maura las pasaba canutas. Su personaje vivía en los bloques de pisos de la carretera M-30, una zona residencial y obrera que se encuentra en el distrito de Moratalaz.
El viaducto de Segovia
Una de las localizaciones naturales más utilizadas por Almodóvar. Tanto al inicio de su carrera, como actualmente. Y es que aparece en Matador, y también en la reciente Los amantes pasajeros. En esta última podíamos ver a Paz Vega en una graciosa escena. El viaducto de Segovia se encuentra en la calle Bailén, cercano al Palacio Real, y es uno de los puentes más conocidos de la ciudad.
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Texto de Xavi Sánchez para Los Viajes de ISABELYLUIS
+ infoDe rubias por Bruselas
Bélgica es un territorio relativamente pequeño pero que ha realizado impagables aportaciones al mundo de la gastronomía: las patatas fritas, los gofres, el chocolate y, muy especialmente, la cerveza. Ya sea a través de las nuevas tecnologías o fieles a los métodos tradicionales, en el país centroeuropeo se elaboran más de 450 variedades de cerveza, abarcando desde los gustos más clásicos a los sabores más exóticos. Si en Bélgica el fruto del lúpulo es una religión, los cerveceros más exigentes tienen en su capital, Bruselas, escondite de algunas de las mejores tabernas del viejo continente, un lugar de obligada peregrinación.
A La Mort Subite
(Rue Montagne aux Herbes Potageres, 7)
Abierto en 1910, A La Mort Subite es uno de esos enclaves que permanecen ajenos al paso del tiempo. Selección exquisita de zumos de cebada, recomiendo especialmente la cerveza que le da nombre, la Mort Subite, con aroma de frambuesa, a la que por su apariencia y elegancia en boca se la conoce como el “champagne rosado del mundo de la cerveza”.
Delirium Café
(Impasse de la Fidélité, 4)
Es la CERVECERÍA, así, en mayúsculas, de Bruselas; punto de peregrinaje obligatorio para todo birrero que se precie. Abrieron en un diminuto local de Impasse de la Fidélté, y actualmente casi toda la calle es suya. Aquí encontrarás desde las típicas cervezas belgas de abadía hasta exóticos brebajes llegados de los más recónditos rincones del planeta, necesitan mucho espacio para almacenar las más de cinco mil referencias de cerveza que sirven.
Le Cirio
(Rue de la Bourse, 18-20)
En pleno corazón de la capital belga, justo en la calle lateral del edificio de La Bolsa, aunque no por ello uno de esos locales atiborrados de turistas de guía, Le Cirio es toda una institución en el gremio tabernero de Bruselas. Más que para ir de pintas, este establecimiento, que conserva intacta su centenaria decoración original, es el lugar ideal para disfrutar de la gastronomía típica del lugar, regada eso sí, con una buena cerveza autóctona.
Le Poechenellekelder
(Rue du Chêne, 5)
Su techo es como un mercadillo de pulgas en el que cuelgan desde marionetas a tazas de váter. Sin lugar a dudas, Le Poechenellekelder es uno de los bares con más personalidad de Bruselas. Un local pequeño (con una ubicación, eso sí, privilegiada: está justo frente al Manekenn Pis) pero con una nada desdeñable variedad de cervezas, especialmente de trapistas, las artesanales elaboradas, en su mayoría, por monjes.
Le Roy d'Espagne
(Grand Place, 1)
Sentarse en su terraza, en plena Grand Place, es disfrutar del espectáculo cotidiano de Bruselas. Si además se hace disfrutando de unos mejillones al vapor, una ración de patatas fritas y, por ejemplo, una Chimay Bleue – una gran reserva de 9º- , la experiencia es completa. La propuesta suena a guiri de chanclas y calcetines, pero hay placeres a los que uno no puede -ni debe- resistirse por más tópicos y típicos que sean.
Moeder Lambic
(Place Fontainas, 8)
Pils, trapistas, tripels, dubbels, wits, IPAs, pale ales, stouts… en el Moeder Lambic, un local que impresiona por los 40 grifos que presiden su infinita barra, las encontrareis todas. Pero ya que estáis, saboread la cerveza que ellos mismos elaboran en una fábrica a dos manzanas del bar. Fermentada al aire libre, la Moeder Lambic Original seduce por su sabor afrutado.
Nuëtnigenough
(Rue du Lombard, 25)
Un local pequeño pero siempre repleto de lugareños, lo cual suele ser sinónimo de triunfo. Excelente oferta gastronómica a precios más que razonables y un surtido de cervezas que saciará las expectativas de los más exigentes catadores birreros. Una de esas joyas que oculta toda ciudad. ¡Qué no corra la voz!
Toone
(Rue du Marché aux Herbes, 66)
Cerramos la ruta con uno de los bares más bonitos, sino el que más, de la capital de Bélgica. El Toone, amagado entre los edificios que separan la Impasse de Sainte Pétronille de la Marché aux Herbes, es una cervecería pero también un teatro de marionetas. Así, entre función y función, el cliente comparte jarra con títeres y resto de criaturas de cuento.
Fin de semana de la cerveza
Cada año, durante el primer fin de semana de septiembre, la Grand Place de Bruselas alberga, con motivo de la Weekend de la biere, muchas cervecerías, cada una con sus productos, presentando a sus visitantes infinidad de métodos de elaboración y sabores distintos.
Museo de los cerveceros belgas
En la céntrica Grand Place os toparéis con la Maison Brasseurs, una señorial casa de piedra que acoge el museo de los cerveceros belgas. Abierto todos los días de 10 a 17 horas. La entrada cuesta 5 euros.
Tours cerveceros
Como ciudad especializada en cerveza que es Bruselas, no faltan los tours temáticos por la ciudad. Hay infinidad de ellos, como Beertrips, Belgian Beer Me, Global Beer, Podge Beer y Bier Mania.
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Texto de Oriol Rodríguez para ISABELYLUIS Comunicación
Imágenes de Bill Smith, ^CiViLoN^,Daniel Lobo, GD Preston, lhongchou's photography, Kmeron, Bernt Rostad, Foam, Ana Gasston
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