Cinco experiencias gastronómicas deliciosas en Oporto
Si Lisboa suele ser la elegida para un primer viaje a Portugal, la animada y bella Oporto, capital de la región Norte, roba el corazón de todos sus visitantes. Y también su nariz y paladar con una amplia oferta de bares, restaurantes, y bodegas donde se gesta el vino homónimo.
Café Majestic
Nos os dejéis impresionar por este lugar de estilo belle époque que os trasporta en el tiempo nada más cruzar la puerta. El esplendor y lujo de antaño, perfectamente conservado, por suerte no ha influenciado en los precios de la carta. En el Café Majestic, abierto en 1921, disfrutaréis de un café acompañado de pastel de Belém (tortitas de crema), mientras os imagináis las tertulias políticas, sociales y culturales que se han llevado a cabo entre estos muros.
Precio medio: 6 euros.
Concept store A Vida Portuguesa
¿Queréis traer un recuerdo de vuestra visita a Oporto? Esta tienda es el lugar perfecto para encontrarsouvenirs locales. Y algunos de ellos muy foodies, como chocolate o sal local. Sin embargo, recomendamos especialmente volver con las maletas llenas de conservas de marisco de todo tipo (pulpo, sardinas, almejas…). Además de ser de una gran calidad, tienen un packaging muy cool y cuestan menos de 5 euros cada unidad. Con ésto quedareis de fábula ante vuestros familiares y amigos.
Café Santiago
Si sois de los que no pueden pisar una ciudad sin probar sus especialidades culinarias, durante una estancia en Oporto tenéis que zamparos una francesinha. Decimos zampar porque es el término más apropiado para la bomba calórica que supone este plato. Servido de forma muy (pero que muy) copiosa, esta especie de bocadillo que se come con cubiertos combina, entre cuatro rodajas de pan de molde, diversos embutidos y carne (filetes, salchichas, fiambres, chorizo, mortadela, etc.). Todo recubierto con lonchas de queso gratinado y bañado con una salsa picante a base de tomate y cerveza. Existen variaciones en las que cambia el tipo de carne, el queso, se añade un huevo frito, la salsa es más o menos picante… Por si fuera poco, la tradición obliga a acompañar la francesinha con patatas fritas y una cerveza. Encontraréis esta especialidad en numerosos bares y restaurantes de la ciudad, pero el mejor lugar para probarla es el popular Café Santiago. Lo confirman las interminables colas que se forman cada día ante este local abierto desde 1959, donde la cocina abierta ofrece todo un espectáculo: los sandwiches se elaboran sin parar de 10 en 10, hasta bien avanzada la noche.
Precio medio: 12 euros.
¿Quieres disfrutar de una de las mejores comidas de tu vida? Si lo tuyo son los mariscos y el pescado -especialmente el bacalao, claro- debes ir, sí o sí, a este establecimiento. De una elegancia clásica y muy “de señores”, y con un personal de lo más atento, O Gaveto no tiene entre su clientela a muchos turistas, sino que aquí vienen a hacer la comida dominguera los autóctonos. Eso dice mucho. El único inconveniente es que está a las afueras del casco histórico de Oporto. Por lo tanto, hay que tomar el tranvía para ir hasta este restaurante situado en el barrio de Matosinhos (donde se encuentra el puerto de la ciudad y, por lo tanto, numerosos restaurantes de pescado). Después de haber probado, entre otros platos, las almejas, los percebes, el bacalao al horno o el arroz de mariscos (ojo, compartid cada plato porque las raciones son descomunales), todo acompañado con el excelente vino especial de la casa, recomendamos volver andando hasta el centro de la ciudad siguiendo el paseo marítimo que ofrece espectaculares vistas sobre el Atlántico. Necesitaréis un poco de ejercicio para digerir las delicias de O Gaveto.
Precio medio: 30 euros.
Visita y cata en las bodegas deVila Nova de Gaia
Gaia, la ciudad situada frente a Oporto, al otro lado del río Douro. Es el llamado “barrio de las bodegas”. A cada visitante le toca elegir cuál quiere visitar en base al tipo de recorrido ofrecido: algunas visitas son más lúdicas y mezclan el discurso con datos históricos de Oporto (como es el caso, por ejemplo, de la casa Sandeman); otras bodegas, en cambio, son más aconsejables para narices y paladares experimentados, que disfrutarán de exquisitas catas (Graham’s). Cálem, Fonseca y Kopke son otras marcas locales que proponen un itinerario turístico en sus instalaciones.
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Texto y fotos deLaia Zieger / Gastronomistas
+ info5 cosas que hacer con vuestros hijos en Nantes
Por Valentina Besana de Be Road
He pasado 48 horas en Nantes con mi pareja y nuestro hijo de dos años. Esta encantadora ciudad del Loira ofrece una gran variedad de divertidas opciones que cumplen las expectativas de adultos y niños.
1. Las máquinas de la isla
Un museo único que fascinará a padres e hijos de todas las edades. Este proyecto cultural está basado en la fusión de los mundos fantásticos imaginados por Julio Verne (autor de Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino y La Vuelta al Mundo en 80 Días, nacido en Nantes), el universo mecánico de Leonardo da Vinci y la historia industrial de Nantes.
Una de las características más sorprendentes de la exposición es el elefante mecánico gigante que se mueve por el museo y sobre el que es posible dar paseos de media hora, aunque creo que es igualmente interesante verlo caminar desde el suelo. ¡Ah! Tened cuidado si os acercáis demasiado al elefante, ya que pulveriza agua por la trompa y podéis acabar dándoos una ducha inesperada. En el interior del museo hay otros animales mecánicos con unos detalles muy cuidados: orugas, pájaros y varios insectos.
También es fascinante el gran “tiovivo del mundo submarino” situado en el exterior (a unos 25 metros del suelo) y al que podéis subiros con vuestros hijos. Frente al museo hay un parque con columpios y toboganes. El museo se encuentra en la antigua zona de los astilleros, a la orilla de río Loira, y podéis llegar rápidamente desde el centro de la ciudad en tranvía (número 1) o dando un agradable paseo.
Si tenéis hambre, en lugar de comer algo en la cafetería del museo, que no tiene mucho que ofrecer, mi sugerencia es que caminéis un poco hasta la zona llamada “Hangar à Bananes”, donde encontraréis varias cafeterías con deliciosos crepes y pasteles.
2. Centro histórico de la ciudad con chocolate y juguetes de madera
Es muy agradable pasear por el precioso centro histórico de Nantes, que puede recorrerse por completo a pie. Recomiendo pasar por la calle peatonal Rue de Verdan, donde encontraréis una distintiva panadería (“Boulangerie Simon”, en el número 19) en la que podréis adquirir saludables tentempiés para vuestros hijos y, unos pasos más adelante, en el número 23, una típica chocolatería francesa que os pondrá de buen humor (Lambert Chocolaterie). Los que deseen comprar ropa de bebé de diseño no deben perderse “Drom”, una preciosa tienda en el número 31 de Rue de Verdan que vende peleles, vestidos y todo tipo de accesorios.
Y si vuestros hijos se aburren, frente a la tienda de ropa está “Le Bonhomme de Bois”, una maravillosa juguetería repleta de ideas originales y juguetes de madera.
3. Chateau des Ducs de Bretagne
Un precioso castillo de estilo medieval-renacentista construido entre los siglos XIII y XVI. Cuando empieza a oscurecer, la fachada brilla con magníficos espectáculos de luz. Durante el día es posible recorrer el interior del castillo, pero también está bien pasear por el patio, mirar por el gran pozo y dar de comer a los numerosos patos que han hecho de esta zona su hogar. El castillo está situado en el centro, cerca del barrio de Bouffay, el lugar ideal para comer algo (punto 5).
4. Le Nid, aperitivo con vistas
Este lugar no es específico para niños, pero a nuestro hijo le gustó. Se encuentra en el último piso (trigésimo segundo) de la Torre de Bretaña, con unas impresionantes vistas de 360° de la ciudad. El nombre no es una simple coincidencia, en el interior se encuentra una gran escultura de una cigüeña y sillas en forma de huevo que hacen las delicias de los visitantes más jóvenes. Nuestra sugerencia es que disfrutéis de la vista y toméis algo para beber, pero no para comer: probamos los bagels… ¡y estaban muy fríos!
5. Crepes dulces y salados en Bouffay
Viajar al extranjero con niños y decidir qué darles de comer puede ser bastante complicado. ¿Pero qué puede ser mejor que un delicioso crepe? Es un plato equilibrado y nutritivo con un relleno de nuestra elección. En Nantes, la mezcla que se utiliza para los crepes salados está hecha de harina de trigo sarraceno (se llaman Galettes). Por ello, son más oscuros que los que estamos acostumbrados a ver, pero igualmente deliciosos. Los crepes dulces están hechos con la mezcla tradicional, son muy finos y también pueden rellenarse con lo que queráis. Hay muchas creperías en el barrio de Bouffay, en el centro de Nantes, y no es fácil decidirse por una. Nosotros probamos la Creperie Jaune por casualidad, y nos quedamos muy contentos con nuestra elección.
Por Valentina Besana de Be Road
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+ infoSantorini dime dónde estás y te diré en qué restaurante comer
Esta hermosa isla, cuyas ciudades de un blanco impoluto penden de impresionantes acantilados, acoge en verano a la jet set europea que se baña, feliz y despreocupada, en espectaculares piscinas privadas con vistas al mar. Paralelamente, otra parte de la población malvive ofreciendo tours en burro a los turistas japoneses. Son las dos caras de la Grecia contemporánea, un país que conserva aún ese perfil majestuoso de un pasado que pervive pese a la que está cayendo, y que tiene en Santorini una joya que aún no ha sucumbido al horror del turismo de masas y la especulación urbanística. A continuación te mostramos cuatro espacios ubicados en los puntos más relevantes de este trozo de paraíso, donde podrás disfrutar de la maravillosa gastronomía local.
Tranquilo (Perissa)
En un viaje a Santorini tarde o temprano se acaba en las inmediaciones de Perissa, cuyos principales reclamos son sus enormes playas, como la Roja o la Negra. Perissa acoge un tipo de turismo más modesto que el que se aloja en los fantásticos hoteles boutique de las hermosas Oia, Fira o Imerovigli. Por ello, es un buen lugar para pernoctar, repleto de hoteles pintorescos y bonitos, como el encantador Kouros Village, en el que nos hospedamos nosotros y cuyos desayunos en la terraza aún recordamos con nostalgia.
Por la noche, su paseo marítimo repleto de restaurantes es un buen lugar para escapar de los precios desorbitados de otros puntos de la isla y disfrutar de su contundente cocina griega “de batalla”. Es el caso del Tranquilo, un chiringuito con vistas al mar en el que suena reggae constantemente y donde un simpático personal con rastas te sirve, siguiendo a rajatabla los preceptos del slow food, deliciosa comida griega ecológica de km 0 a unos precios de risa. No dejes de pedir youvetsi (pasta griega) o alguna de sus macroensaladas bio.
Sphinx Wine Bar (Oia)
Abierto hace apenas unos meses, este restaurante de Oia es el lugar ideal para disfrutar de sus vinos y de su cocina griega con pinceladas creativas basada fundamentalmente en el pescado. No tiene vistas al mar, pero sí una terraza mágica en una de las callejuelas de esta hermosa localidad de cuento, y llega avalado por el éxito de su hermano mayor, el restaurante Sphinx de Fira, la capital.
Este pequeño rincón decorado con un gusto exquisito y con una bodega ideal para sibaritas, posee una espectacular carta de vinos que Panagiotis, su somelier, conoce al dedillo y sobre la que os asesorará en profundidad. Cuenta, además, con platos que van desde la langosta al pulpo, carpaccios y algún guiño a la cocina vegana y vegetariana, como su ensalada de superalimentos, o postres de nombres tan sugerentes como When Mango Meets Citrus.
The Wine Bar (Imerovigli)
En el hotel Heliotopos de la localidad de Imerovigli encontramos un lugar llamado The Wine Bar, al que recomendamos entrar con la mente abierta y el paladar preparado para probar vinos griegos más que interesantes. Situado en una pequeña cava natural que contribuye a la conservación del vino y a dotar de magia a la experiencia, se pueden degustar infinidad de maravillas elaboradas con la variedad local llamada Assyrtico. Os recomendamos coger la copa y llevárosla a la terraza al caer la tarde para ser testigos de una de las mejores puestas de sol del mundo.
Koukoumavlos (Fira)
Hay que tener cuidado en Fira, la capital, donde todos los restaurantes parecen maravillosos, con sus espectaculares vistas al mar, y donde hay muchas posibilidades de acabar viéndoselas con una musaka de cartón piedra. La capital de Santorini está repleta de atractivos turísticos discutibles, como la ruta en burro que nos lleva al ferry que conduce al volcán, o como sus carísimos restaurantes atrapaturistas. Es conveniente no cometer los mismos errores que nosotros, es decir, enamorarse de las vistas y dejarse engatusar por un camarero barbudo mezcla entre Bardem y Varoufakis. En este sentido, el elegante Koukoumavlos es una opción inmejorable. Su menú de 68 € es una buena manera de conocer los encantos de este restaurante especializado en cocina mediterránea con casi 30 años de recorrido, avalado por crítica y público, y con unas fantásticas vistas al volcán.
Texto y fotos de Laura Conde de Gastronomistas.com
+ info6 planes para una segunda visita a Málaga
Málaga no es solo su vibrante capital; también es su gastronomía, los pueblos singulares o el Caminito del Rey.
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