Tres rutas imprescindibles para practicar senderismo en La Palma
La Palma es una de las islas más bonitas de todo el Atlántico, a diferencia de sus hermanas del archipiélago canario, cuenta con un riquísimo ecosistema en el que se reúnen excepcionales valores naturales que hacen de ella una isla paradisíaca. La fauna y la flora autóctonas forman parte de sus espectaculares paisajes que destacan por su diversidad. Su cuidado entorno natural permite disfrutar de unas vacaciones de forma alternativa y divertida, realizando actividades en contacto con la naturaleza y practicando todo tipo de deportes.
Sin duda La Palma es un edén para el caminante y ofrece un gran número de opciones para practicar senderismo. Antes de emprender la ruta os recomendamos consultar los partes meteorológicos, no caminar nunca solo, dejar constancia a alguien de la ruta que se va a hacer así como de la hora de regreso, llevar una pequeña mochila individual con algo de ropa de abrigo un chubasquero, comida y agua abundante, no olvidar elementos fundamentales como gorro, crema solar y gafas de sol, llevar siempre un teléfono móvil con la batería cargada, un mapa y, a poder ser, una brújula, respetar la señalización del sendero y no salir de sus márgenes y sobretodo equiparse con botas de trekking o similares. También te recomendamos que consultes tanto el perfil como la distancia y la duración de la ruta en la web www.senderosdelapalma.com. Entre todas las rutas posibles os hemos hecho una selección de tres con diferentes niveles de dificultad que, además, te permitirán admirar la ya citada diversidad de paisajes de la Isla Bonita: y sobretodo equiparse con botas de trekking o similares. Entre todas las rutas posibles os hemos hecho una selección de tres con diferentes niveles de dificultad:
Puerto de Tazacorte – Roque de Los Muchachos
Este itinerario cuenta con una dificultad alta, y está pensado para ser practicada por deportistas experimentados. Su principal dificultad es sobretodo su gran desnivel. Se recomienda no realizarlo en época de verano o días calurosos y en invierno tener en cuenta que discurre por zonas altas, siendo posible, incluso, encontrar nieve y hielo en el Roque de los Muchachos. Se trata de una ruta con una distancia total de 17,16 Km, con un desnivel ascendente acumulado de 2.600 m. La salida se hace desde el Puerto de Tazacorte, al nivel del mar. Y a partir de aquí empieza un ascenso progresivo que nos lleva a El Time (Km 3.8). Luego pasamos por Hoya Grande y por el Risco de las Pareditas. Aquí os recomendamos hacer una parada para reponer fuerzas mientras disfrutáis del maravilloso paisaje, a una altura de 1.500 m. Desde aquí quedan casi 7 km. para alcanzar la conclusión de la ruta. Pero antes pasaremos por Hoya del Estrabito, Pinos Gachos y la Degollada de Las Palomas, donde la pendiente empieza a suavizarse hasta el final. A destacar de esta ruta las impresionantes vistas sobre el Barranco de las Angustias y las que se obtienen desde el Roque de los Muchachos sobre la Caldera de Taburiente.
Cubo de la Galga
Se trata de una ruta de nivel bajo, muy propicia para hacerla con niños, a través del PR LP 5.1 El recorrido se inicia y se acaba en La Galga, Puntallana, en la caseta de información de Medioambiente que se ve a lo largo de la carretera LP 1, una vez atravesado el túnel que se encuentra tras pasar el barrio de La Galga, en dirección San Andrés y Sauces. La distancia total es de 12, 4 km, con un desnivel acumulado de tan solo 750 metros, y el tiempo estimado para realizar ida y vuelta es de 3 horas. La ruta transcurre por parte del Parque Natural de Las Nieves, un espacio natural protegido tan espectacular que no permite que apagues tu cámara fotográfica. Tienes dos opciones: o bien entrar hasta el mismo Cubo de la Galga y regresar o bien subir al mirador de Somada Alta para luego volver, o continuar el camino hasta la iglesia de San Bartolomé para, después, seguir por la carretera hasta el punto en el que dejaste el vehículo. La primera de ellas es un recorrido circular por la zona más vistosa e interesante del sendero: la laurisilva del Cubo de La Galga, que es una selva templada o bosque laurifolio, propio de la Macaronesia y que en la Isla Bonita sólo se encuentra en la zona Noreste de La Palma, en las Islas Canarias. Se caracteriza por sus grandes árboles, frondosos y espectaculares helechos y vegetación de laurisilva. Tendrás la sensación de estar en una selva tropical. Presta especial atención al sonido de los pájaros y al tímido rayo de sol que intenta penetrar en la espesura. Todo un espectáculo con todas las variedades de verde. La segunda es una continuación de la anterior subiendo hasta el Mirador de Somada Alta desde el que obtendrás impresionantes vistas sobre la zona para luego descender de la manera explicada.
Valencia– Pico Bejenado - Valencia
Y para poder ir en familia os recomendamos este paseo. Se trata de un sendero circular, que si se hace entero es de, 10 kilómetros pasando de un desnivel de 1.100 a 1.800 metros. El tiempo estimado para realizarlo es de 3 horas La ruta transcurre En los límites del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente. Podemos llegar en coche hasta el final de la pista del barrio de Valencia. Desde allí veremos la señalización del sendero PR LP 13.3 que nos lleva al Bejenado. Una hora y media de ascensión en zigzag entre pinos nos llevará a la cumbre de este pico. Soberbias son las vistas que desde allí se obtendrán tanto hacia el interior del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente como hacia la Ruta de los Volcanes y todo el Valle de Aridane. Ah, no te olvides firmar en el libro de visitas que encontrarás allí mismo. Después la vuelta será todo un bálsamo, ya que es en bajada hasta el punto de inicio. Seguro que llegamos con incontenibles ganas de comer y reponer fuerzas.
Éstas tan solo han sido tres rutas de las muchas posibles –con diferentes niveles de dificultad- con las que poder extraer el máximo rendimiento a la diversidad paisajística de esta isla, con propuestas que pasan por los sitios más emblemáticos: Pinar, Parque Nacional, Laurisilva, Puerto Tazacorte, volcanes, dragos, pueblecitos por los que no ha pasado el tiempo, almendros en flor, costas acantiladas, etc. Más información en el Patronato de Turismo de La Palma.
¿A qué esperas para descubrir La Palma, la Isla Bonita? Consulta nuestros vuelos aquí.
Texto y fotos del Patronato de Turismo de La Palma
+ infoDe paseo por la Marsella alternativa
Primero las malas noticias: Marsella no es París. A diferencia de su histórico rival, la segunda ciudad más grande de Francia no tiene museos de primer orden, monumentos despampanantes u hordas de japoneses haciendo colas en Louis Vuitton. ¿Las buenas noticias? Pues que Marsella no es París. Acariciada por el Mediterráneo, esta ciudad de sol brillante, población multicultural y suburbios en pleno centro, es un rara avis de tal calibre que se ha ganado a pulso el apodo de Planète Mars (Planeta Marte).
Con uno de los puertos más importantes del Mediterráneo, un urbanismo caótico y una reputación de capital decadente que la persigue desde hace décadas, Marsella es sobre todo el enfant terrible de Francia; una ciudad ruidosa, dinámica y llena de contrastes, dónde los mercados callejeros inundan la calzada, los graffitis cubren las paredes, el olor a salitre impregna la ropa, y el Olympique de Marsella es la argamasa que lo une todo.
Apartada de los destinos turísticos habituales, las tornas han cambiado desde que en 2013 fuera elegida Capital Europea de la Cultura. Zaha Hadid, Jean Nouvel y Norman Foster, todos tiene sus edificios vanguardistas en el flamante frente marítimo. Pero la vida bohemia se encuentra tierra adentro, y es allí dónde nos dirigimos. Con un mapa en el bolsillo, ¡empezamos un tour urbano-bobo-alternativo por la capital de la Provenza!
En La Friche la Belle de Mai
Una antigua fábrica de tabaco en la estación Saint-Charles es el centro cultural más activo de Marsella. ¡Hemos llegado a La Friche! Espacios de exposición, residencias de artistas, teatro, rampas de skate, e incluso una guardería se mezclan aquí. Un todo en un uno híbrido y en flujo constante, volcado en la creación actual dónde el espíritu comunitario está a la altura de su extenso programa.
Sube a la azotea, las vistas de la ciudad son espectaculares, y su inmensa terraza se llena hasta la bandera en verano, acogiendo fiestas con DJs invitados y cine al aire libre los domingos. Durante el resto del año la música no cesa, y en Le Cabaret Aléatoire hay sesiones que van del rock al hip-hop.
Si tienes hambre, dirígete a La Salle des Machines, un bar-librería dónde puedes tomar un café au lait mientras hojeas el catálogo de las últimas expos. Pero si lo que quieres es comer, Les Grandes Tables es tu sitio; aquí el menú cambia cada día pero nunca falta el clásico steak tartar ni la ensalada César; los lunes se instala un mercado de productores locales, y ya sabéis que para esto de los mercados los franceses no tienen rival.
En el exterior, bordeando las naves y con los TGVs pasando a ras, un parque urbano con paredes de graffitis anuncia que ‘Skateboarding is not a crime’. Aquí, los skaters hacen sus trucos, mientras otros juegan a basquet, escalan en el rocódromo, juegan en la zona infantil o trabajan en el huerto comunitario. Y es que Marsella es esto, un magma heterogéneo dónde todo y todos se mezclan.
Unos metros al oeste, entre las calles laberínticas de La Belle de Mai, se abre paso Le Gyptis Cinéma. Su programa (¡en versión original!) es tan ecléctico como la misma ciudad; aquí se proyectan ciclos temáticos, clásicos, títulos imposibles de encontrar en Internet y pelis para niños. Su fachada ha sido colonizada por retratos de los habitantes del barrio, resultado de un proyecto de street art colectivo que pone cara a las gentes del lugar.
Y con esta imagen en la retina, tomamos rumbo hacia el Cours Julien, el núcleo duro de la movida urbana marsellesa.
Alrededor del Cours Julien: Street Art & Urban Vibe
Alternativo, desenfadado y colorista. El Cours Ju, como lo llaman los locales, es el barrio del momento. Coge el metro hasta Notre Dame du Mont, ¡la subida desde el puerto es de infarto! Distrito de artistas, músicos y diseñadores, y bastión tomado por la modernísima comunidad bobo (término con el que los franceses designan a los burgueses-bohemios), el Cours Ju es un sin fin de cafés de moda, restaurantes de todo tipo, tiendas vintage, y calles inundadas de graffitis a todo color.
Y es que ningún otro lugar del ‘Hexagone' exhibe un despliegue de arte urbano de tal envergadura. Innumerables murales colonizan las fachadas de la Rue Vian, Pastoret y Bussy l’Indien con temas reivindicativos de corte social, referencias a la cultura pop, o anuncios de los cafés que se esconden en su interior. No en vano, el street art en Marsella es parte de su ADN urbano, rebelde y multicultural tanto como su archiconocido hip hop, y prueba de ello es éste trepidante vídeo a ritmo de rap local.
Ante semejante telón de fondo, galerías de arte, terrazas, cafés y comercios alternativos que venden desde ropa a los artículos para el hogar, inundan cada metro cuadrado del Kreuzberg marsellés. Lo mejor: perderse por el caótico entramado de calles peatonales y dejarse llevar por su ambiente relajado.
En el mismo Cours, la multifacética concept-store Oogie vende ropa y libros, sirve comida y alberga una peluquería dónde se celebran fiestas con DJs. Muy cerca, La Licorne produce jabones usando técnicas tradicionales. Y en la Rue Trois Frères Barthélémy, la microcervecería Brasserie de la Plaine vende cervezas artesanas y tiene un bistro dónde devorar la ‘Formule du Jour’ -el menú del día que normalmente incluye un entrante, un plato y el postre por unos 10€- con cocina de mercado.
El sitio cool por antonomasia es el WAAW, en la Rue Pastoret. A medio camino entre bistro y centro cultural, el WAAW acoge desde presentaciones a talleres de serigrafía, y es el mejor sitio para hacer una parada técnica, tomar el plato del día, o encarar la noche con un ‘pastís' o un ‘rosé’ a la hora del popular apéro -aperitivo alcohólico que se toma antes de cenar.
Por la noche se da paso a las copas y la música. En la plaza Jean Jaurès, L’Intermédiaire es uno de los mejores locales con música alternativa en vivo y DJ Sets. Justo al lado, Au Petit Nice ofrece un montón de cervezas en un patio interior dónde pasar las horas. Y en La Dame Noir los hipsters hacen cola para entrar en el club más cotizadode la zona.
Pero por si no hubiera suficiente, un mercado de productores locales se instala en el Cours Ju cada miércoles por la mañana; los domingos es el turno de los sellos; y el segundo sábado del mes se venden libros de segunda mano. El mercado de La Plaine, en la plaza Jean Jaurès, vende fruta, verduras, queso, pescado, comida para llevar, zapatos baratos y accesorios de toda clase cada martes, jueves y sábados por la mañana, mientras que los miércoles es el día de las flores.
¡Y es que el Cours Ju tiene un ‘no sé qué’ especial que engancha! Anímate a conocer la Marsella más cosmopolita y reserva tu Vueling aquí!
Texto de Núria Gurina i Puig para Los Viajes de ISABELYLUIS
Fotos de Caroline Dutrey, Coralie Filippini, JeanneMenjoulet&Cie, marcovdz, Pop H
+ infoTánger en 7 terrazas
De Tánger, Truman Capote escribió: "Casi todo en Tánger es inusual y antes de venir aquí uno debe hacer tres cosas: vacunarse contra el tifus, retirar sus ahorros del banco y decir adiós a sus amigos". Muchas cosas han cambiado desde aquel entonces –Capote estuvo aquí en el verano de 1949–, pero Tánger conserva ese anzuelo invisible pero real que advirtió el autor de Desayuno en Tiffany's (1958)y A sangre fría (1965). "Es un puerto que te atrapa, un lugar intemporal; los días se deslizan con tanto disimulo como la espuma en una catarata". Así justificabael célebre escritor norteamericano que tantos viajeros –artistas, escritores, bohemios– que habían aterrizado en Tánger para una breve vacación, decidieran asentarse de forma indefinida para, sencillamente, ver los años pasar. Precisamente de esto trata la ruta de hoy, de sentarse en las mejores terrazas a tomarse un té y observar la bulliciosa vida tangerina pasar.
En lo más alto de la Kasbah
1. Desayuno con diamantes… en el Riad-Hotel La Maison Blanche
No se nos ocurre mejor manera de empezar el día en Tánger que desayunando en la panorámica terraza del Riad-Hotel La Maison Blanche, situado en la parte más alta de la Kasbah, junto a la puerta principal de la antigua fortaleza. Tras pasar una plácida noche en cualquiera de sus nueve habitaciones –todas ellas decoradas de forma única y dedicadas a artistas que convirtieron Tánger en un lugar cosmopolita y fascinante (Paul Bowles, Juan Goytisolo, etc.)–, seremos testigos del despertar paulatino de la ciudad, disfrutando de la luz que tanto impresionó a Matisse, del mar, y de los tejados multicolores. Precio por habitación: de 100 a 150 euros (desayuno incluido).
El corazón de la Medina
Con el cuerpo descansado y bien alimentado, es hora de perderse por el laberinto de la Medina. Da igual por donde entres, a los dos minutos te desorientas por sus caóticas callejuelas, túneles de paredes de colores en los que jamás incide el sol, pero donde siempre llega su luz. A ambos lados de la refrescante gruta se solapan toda clase de pequeños talleres y negocios. Zapateros, cesteros, joyeros, lecherías, barberías, puestos de especias… El trajín de gente y mercancías es constante. Absolutamente todo se trae en carromatos, pues los coches no caben por estas callejas. Al agradable caos se suman vendedores ambulantes de fruta, pescado, menta, patatas, habas, baratijas, turrón, etc. Pero en la Medina también hay tangerinos ociosos que practican el sano vicio de sentarse en una terraza, o en el diáfano salón de un café, y dejan que el tiempo fluya.
2, 3 y 4. Tingis, Central y Fuentes… al calor del Zoco Chico
La pequeña pero concurrida plaza del Zoco Chico es perfecta para observar uno de los puntos neurálgicos de la medina tangerina. Hay diversas opciones, pero las más históricas y recomendables son el ventilado salón y la terraza del Café Tingis, donde el añado cartel reza que se sirve "todo siempre rápido y fresco", la del Café Central, situada justo enfrente, o los balcones del Café Fuentes, en la planta superior. Para llegar, lo mejor es tomar como referencia la plaza del Gran Zoco –oficialmente llamada 9 de abril de 1947–, que está a 2 minutos andando por la Rue Siaghine. De camino veremos la fachada de la iglesia de la Misión Católica Española, junto a los antiguos Almacenes Alcalá –"tejidos, novedades"–, y nos cruzaremos con numerosos despachos de cambio de divisas, escaparates llenos de cámaras fotográficas antiguas y muchas, muchísimas joyerías.
5. Café Ibn Batouta, en el corazón de la Medina
Más difícil de encontrar pero aún más auténtico es el Café Ibn Batouta, situado en el corazón de la Medina. De varias plantas –los clientes habituales se quedan en el primer piso, a menudo viendo partidos de fútbol en la televisión–, al final de la estrecha escalera aparece una terraza a dos alturas en la que se dan cita los jóvenes de Tánger para beber té, charlar y fumar con el cielo por testigo. Desde aquí no se ve el mar, sino una colmena de tejados y terrados adornados con antenas parabólicas y ropa tendida. Tampoco es el lugar más cómodo de la ciudad, pero sí uno de los más genuinos. Los precios populares –un vaso grande de té a la menta cuesta 6 DH– hacen que acudan muchos estudiantes de la ciudad. Junto a la pequeña barra donde preparan el té, cuelga una foto del actor Matt Damon, hecha durante el rodaje de la película El ultimátum de Bourne. A los clientes asiduos del local le gusta explicar que aquí se rodaron las escenas en las que el protagonista salta entre balcones, volando de un edificio a otro.
Vistas atlánticas
6. Café Hafa, el favorito de Paul Bowles
La escalonada terraza del Hafa es única. Situada sobre el océano, en pleno acantilado, está siempre, siempre, siempre llena de jóvenes que toman té con menta mientras hablan, fuman o se entretienen con juegos de mesa. Este café, fundado en 1921, era el preferido de Paul Bowles, y aquí estuvieron también los Rolling Stones, entre otros. El té es rico y barato –menos de 1 euro– y aunque el mobiliario de plástico actual le resta encanto, es ideal para pasar un rato relajante, leyendo, charlando, meditando con la mirada perdida en el horizonte azul marino. Llegar es facilísimo: saliendo por la puerta principal de la Kasbah –junto a la Maison Blanche–, se toma la calle que sube en dirección a la necrópolis fenicia, que dista apenas 5 minutos a pie y que también es muy popular entre los tangerinos, que acuden aquí a pasar la tarde. Un poco más allá, un callejón luminoso en el que los jóvenes compran y venden cigarrillos sueltos, nos conduce hasta el Café Hafa, donde también se puede comer cualquiera de los snacks típicos locales.
El frescor de la Kasbah
7. Morocco Café, paz a la sombra de un ficus centenario
A 20 metros de la entrada principal de la Kasbah, la tranquila terraza del Morocco Café es ideal para tomar un refrigerio, un té o incluso comer el plato del día, una ensalada, una quiche, etc. Toda la comida es casera. El lugar es algo más elitista que la media, y los precios se parecen a los del otro lado del Estrecho: un té –aquí lo sirven con su teterita– son 18 DH. Abierto a partir de las 9 de la mañana, excepto los lunes, que es el día de descanso. En el mismo edificio se encuentra el Morocco Club, un piano-bar en el que por la noche se puede disfrutar de buen ambiente, música y excelentes cocktails.
Texto e imágenes de Sergio Fernández Tolosa (Con un par de ruedas) para Los Viajes de ISABELYLUIS
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78 horas degustando Lanzarote
Por Isabel Loscertales de gastronomistas
¿Nostalgia por el fin del verano? A escasas tres horas de vuelo desde Barcelona, Lanzarote se presenta como una solución cercana y accesible para volver a disfrutar de buen tiempo durante un fin de semana largo. Aunque no debería ser la primera razón para tu visita. La singular belleza de su paisaje volcánico, el arte de César Manrique y la gastronomía de la isla te fascinarán más que su clima. Y al ser de dimensiones tan reducidas (unos 60 kilómetros de largo por unos 20 de ancho), pocos días bastan para quedarte con buen sabor de boca y romper con la rutina. Te sugerimos una ruta idónea para visitarla en tres días:
DÍA 1. CENTRO DE LANZAROTE
Entre las muchas opciones que tienes para hospedarte en la isla, la turística Costa Teguise concentra un sinfín de hoteles. Uno económico y familiar es el Barceló Lanzarote Resort (Av. del Mar, 5. Tel. 928 591 329. www.barcelo.com). En pleno proceso de renovación, cuenta con habitaciones amplias y confortables, tres piscinas para adultos y dos para niños, muchas actividades infantiles, instalaciones deportivas (rocódromo, mini-golf, pista de tenis...), centro wellness, desayuno buffet, y -entre toda su oferta gastronómica- un restaurante con pasta casera y una cuidada selección de vinos, el Mediterráneo.
Ya aposentados y relajados, un buen plan podría ser ir a explorar la zona de La Geria, por donde se extiende el peculiar paisaje de los viñedos lanzaroteños. Al tener suelo volcánico y fuertes vientos, las cepas se plantan en hoyos parapetados por muros circulares de piedra que las protegen. Cultivo de enarenado, se llama. La panorámica de esas extensiones de vides con esos tabiques perfectamente ordenados y las peladas montañas al fondo es única en todo el mundo y vale mucho la pena disfrutarla. Mejor aún si es con una copa de vino en la mano. El bueno aquí es el blanco y, más específicamente, el de malvasía volcánica, la variedad estrella en la isla. En cuanto lo pruebes, no beberás otra cosa. Para conocer más, puedes visitar alguna bodega como El Grifo (Teguise-Uga, LZ-30, km. 11. San Bartolomé. Tel. 928 524 036. www.elgrifo.com). Luego, se puede visitar el Monumento al Campesino y la Fundación César Manrique, muy cerca.
En la zona central de la isla y en la costa sur se ubica la capital, Arrecife. Su zona más encantadora, que por cierto está bastante de moda y cuenta con mucho ambiente, es el Charco de San Ginés. Tras un paseo, podéis cenar en un restaurante recién abierto, con un rollete 'cool' y bonitas vistas a la laguna: Naia. Tras los fogones está el chef mitad vasco mitad canario Mikel Otaegui, que ofrece una cocina mediterránea y actual con toques divertidos, como el foie micuit a modo de crema catalana o el arroz meloso de chipirones. Av. César Manrique, 33. Tel. 928 805 797. www.restaurantenaialanzarote.com).
DÍA 2: SUR DE LANZAROTE
El Parque Nacional de Timanfaya es una de las joyas imprescindibles de la isla. Justo a la entrada se encuentra la turística opción de dar un paseo en dromedario, que podéis hacer... o no. Lo verdaderamente espectacular es realizar el recorrido en autobús por el centro del parque, de un paisaje lunar sobrecogedor: un terreno desértico plagado de volcanes, rastros de lava, tonalidades ocres, rojizas y naranjas con el mar azul al fondo, que casi te hacen entender como sería la vida en otro planeta. Acabado el recorrido podéis tomar algo en el peculiar restaurante El Diablo, diseñado por César Manrique (el artista omnipresente que ha intervenido muchos puntos de la isla) y con mirador al parque. Acercaros a la parrilla gigante donde hacen la carne: ¡la cocinan directamente con el calor geotérmico de la tierra, a 600 grados!
Muy cerca, el pueblecito costero de El Golfo ofrece diversas opciones de cocina marinera autóctona. Entre ellos, el restaurante Bogavante (Av. Marítima, 39. El Golfo. Tel. 928 173 505), con una terraza a muy poca distancia del mar. Es el momento de probar los diferentes pescados y mariscos de Lanzarote. Con el sabor intenso y tosco que les otorga el Atlántico, bocinegro, cabrilla, bocinegro, salmonete, lapas, puntillas, cherne (mero)... se cocinan de forma sencilla, a la parrilla, y acompañados de las imprescindible papas arrugás con su mojo picón (el verde, más cítrico, y el rojo, ligeramente picante). Otros productos lanzaroteños en la carta: el queso, también servido frito con dulce de higo, y el gofio escaldado (el gofio es una harina de cereales tostados que se amasa con agua y sal que viene a sustituir el pan en algunos casos y, en otros, sirve para preparar diversos postres). Para acabar, hay que probar el bienmesabe, un dulce -muy dulce- típico de la zona, elaborado con almendras, miel, yema de huevo y azúcar.
Por la tarde, podéis visitar la Laguna Verde o de los Clicos y los Hervideros, con el curioso desgaste que el mar ha originado en las rocas volcánicas. Más abajo, las Playas de Papagayo, situadas en un parque natural (por lo que hay que pagar unos 3 € para dejar el coche) y con paradisíacas calas para relajarte tomando el sol.
Y para que sea un día redondo, nada como reservar en el restaurante La Tegala, en el pueblo de Mácher, encima de Puerto del Carmen. Un lugar muy especial y romántico recomendado en la Guía Michelin y que combina magníficamente tradición y modernidad en la arquitectura y en el plato. Situado en una pequeña atalaya, surge de la unión entre una casa típica campesina y un anexo vanguardista a base de grandes cristaleras. La cocina de autor del chef Germán Blanco utiliza cada vez más ingredientes locales -ecológicos en la medida de lo posible- para darles un giro contemporáneo y divertido, sin perder de vista el sabor. Mejor descubrirla a través de la experiencia del menú Estela, que cambia varias veces al año y que cuesta unos más que razonables 42 €.
DÍA 3: NORTE DE LANZAROTE
De camino hacia el norte, es recomendable una parada en el pintoresco pueblo de Teguise. Si vais en domingo, celebran un mercado muy popular con un pequeño apartado gastronómico donde comprar algún queso, mojo picón artesano, vino... A pocos kilómetros, la Playa de Famara, con un impresionante acantilado y favorita de los surfers (aquí el viento sopla a lo grande) y, luego, el pueblo de Haría y su valle de las mil palmeras.
Otro de los grandes 'hits' de Lanzarote es el Mirador del Río, un proyecto de César Manrique enclavado -y perfectamente integrado- en la cima del Risco de Famara, con impresionantes vistas de sus laderas volcánicas y del archipiélago Chinijo, con la isla Graciosa a la cabeza. Se puede tomar algo en la bonita cafetería-restaurante, con amplios ventanales para disfrutar mientras de la panorámica. Después, toca visitar la Cueva de los Verdes, en un tubo volcánico que se prolonga bajo el mar. Y a continuación, otra de las grandes obras del artista lanzaroteño César Manrique, el precioso conjunto de Jameos del Agua, un tubo volcánico abierto que acoge un lago natural. Observad atentamente los pequeños cangrejos albinos que habitan en él, se trata de una especie endémica llamada jameítos. También cuenta con cafetería-restaurante.
Podéis comer en el pueblo costero de Arrieta para continuar degustando las delicias marinas de la isla. Si buscáis algo económico, el chiringuito La Casa de la Playa, en la playa La Garita ofrece mariscos y pescados a un precio medio de 15-20 € (Tel. 928 173 339). Y si os queda tiempo, no dudéis en contratar una excursión a la isla Graciosa para visitar alguna de sus playas desiertas. Normalmente salen barcos desde el municipio de Órzola. La pequeña isla sólo tiene un par de municipios y cero asfalto, por lo que los amantes de la naturaleza más virgen la van a disfrutar, y mucho, a ritmo de pedales.
Nosotros nos apuntamos, si quieres venirte consulta nuestros vuelos aquí.