Imprescindibles por Territorios Sevilla
El equipo responsable del festival Territorios Sevilla ha desgranado para My Vueling City los locales más modernos y con más solera para que el visitante de fuera se vaya con buen sabor de boca de la ciudad. Una ruta con los mejores planes para complementar al festival en un 48 horas non stop por Sevilla.
Para comer y tapear
Sol y Sombra (Calle de Castilla, 151). Solera total en este garito, tapas típicas andaluzas a buen precio y muy cerquita del festival. Una taberna de ambiente taurino en el tradicional barrio de Triana.
La Bulla (Calle Dos de Mayo, 28). En pleno centro de Sevilla, a 150 metros de manera equidistante de la Torre del Oro, Catedral y Plaza de Toros de la Maestranza, La Bulla es un lugar ideal para conocer la mejor gastronomía sevillana.
Pura Tasca (Calle Numancia, 5) Buenas tapas y buen gusto en el barrio de Triana, en un local ambientado en los años 70.
Solera sevillana
Casa Vizcaíno (Calle Feria, 27). Bodega mítica donde las haya; su alfombra de cacahuetes en el suelo confirma que es uno de esos bares tradicionales de la capital andaluza que hay que visitar. Perfecto para unas tapas y vinos los jueves, cuando se organiza el mercadillo de objetos de segunda mano, el más bizarro, auténtico y antiguo de la ciudad ya que se celebra desde el siglo XIII.
El Mariano (Plaza del Pumarejo, 3). Cervecita de mediodía acompañados de su tapa estrella de la temporada: los caracoles.
De toda la vida
Cafelito y copita de tarde en la Alameda en el Central (Alameda de Hércules, 64), Habanilla (Alameda de Hércules, 63), El Corral de Esquivel (Alameda de Hércules, 39) y Café República (Plaza de la Alameda de Hércules, 27).
Imprescindibles y underground
Dentro de los corralones hay algún espacio para tomarte una cerveza y mezclarte con la bohemia sevillana.
Shopping & culture
SohoBenita es una iniciativa de los comercios de las calles Pérez Galdós, Santillana, Ortiz de Zúñiga y Don Alonso el Sabio, en pleno centro de Sevilla donde hay tiendas, hoteles, sitios de comer, tapas, galerías…
Imagen de Jebulon
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+ infoTemporada de Biergärten
La cerveza es la bebida más típica de la gastronomía de Múnich y para degustarla cuenta con decenas de Biergärten o jardines de cerveza repartidos por toda la ciudad, en los que se comparte espacio en enormes mesas bajo el sol, se disfruta de la alegría de vivir muniquesa y en los que se puede comer alguna especialidad bávara o traerte tu propia comida pero nunca la bebida.
La temporada de biergarten en Múnich es entre la primavera y el otoño, mientras el sol permite disfrutar de estos tradicionales jardines y otras muchas terrazas al aire libre, que ofrecen alrededor de 180.000 plazas para compartir a cielo abierto.
Entre los más grandes cabe citar las 8.000 asientos del Hirschgarten, con 5.000 el Augustiner en la calle Arnulf y el Paulaner en Nockherberg con 4.000.
Otros puntos de encuentro muy apreciados son los biergarten de la plaza Viktualienmarkt, el que hay junto a la Torre China en el Jardín Inglés o el Waldwirtschaft, donde la música de jazz anima el ambiente.
Augustiner-Keller
Este biergarten lleno de tradición, con más de 5.000 plazas a la sombra de 100 espléndidos castaños, garantiza una experiencia de lo más auténtica. 45 de esos árboles son ejemplares protegidos y están debidamente numerados. El actual Augustiner-Keller aparece citado como almacén de cerveza en un mapa de la ciudad de Múnich que data de 1812. La bodega pertenece a la fábrica de cerveza más antigua de la ciudad, y es un perfecto ejemplo de la tradicional sociabilidad muniquesa y su proverbial hospitalidad.
www.augustinerkeller.de
Arnulfstraße 52 80335 Múnich
Biergarten de la plaza Viktualienmarkt
Puedes comprarte lo que te apetezca para la merienda y consumirlo de inmediato, acompañado de una cerveza de las grandes marcas muniquesas, que se turnan en el suministro de este biergarten situado en el corazón de la capital bávara.
www.biergarten-viktualienmarkt.de
Viktualienmarkt 80331 Múnich
Biergarten de la Torre China
Después de tomar el sol o disfrutar del paseo por el Jardín Inglés, la visita al parque se puede completar junto a la Torre China con una merienda, acompañada de una buena cerveza a la sombra de los castaños, y ambientada los domingos por una banda de viento en directo. www.chinaturm.de Englischer Garten 80538 Múnich
Biergarten de la Staatliches Hofbräuhaus
Sorprende este ameno biergarten de la Hofbräuhaus, alejado del barullo de la gran ciudad, donde disfrutar de la mundialmente famosa cerveza y las delicias culinarias de Múnich en un ambiente muy acogedor.
www.hofbraeuhaus.de
Platzl 9 80331 Múnich
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8 terrazas imprescindibles de Marrakech
La más top
La Mamounia es uno de los hoteles más míticos del planeta, donde se han hospedado actores, la realeza, políticos y un sinfín de rostros famosos. Con sus aires de palacio majestuoso y sus jardines imperiales de más de 8 hectáreas, es un enclave de ensueño que parece sacado de Las mil y unas noches. Aquí encontrareis lujo y esplendor en estado puro, un espacio dedicado a la gastronomía y a la coctelería y un trato exclusivo. Atreveos a cruzar su puerta, eso sí, elegid vuestras mejores galas para no parecer un bicho raro entre tanto glamour, y disfrutad de la terraza del bar, con vistas a un majestuoso oasis natural. La mejor hora para disfrutar de un cóctel (rondan los 15 euros, pero vale la pena el capricho) es cuando finaliza la tarde y la temperatura y luz del atardecer hacen aun más agradable este instante que enamorará a los más hedonistas.
La más popular
Una escalera roja empinada (agarraros a la barandilla para no tropezar y cuidado con la cabeza) lleva de la plaza Bab Ftouh a la azotea del edificio nº 21. Chez ZaZa es un garito popular y de buen ambiente, frecuentado por los marrakechíes. En su pequeña y colorida terraza podréis probar platos tradicionales sabrosos y bien presentados: pastilla de pollo, carnes a la brasa, tajines variados y ensaladas de verduras calientes condimentadas, por un precio medio que no llega a los 10 euros. De día, la terraza os permitirá descubrir desde arriba la divertida agitación del zoco; de noche, disfrutaréis de la puesta de sol sobre las azoteas de la Medina.
La más internacional
Si lo que buscáis es un paraíso en plena agitación, este es el lugar. El Palais Lamrani es un riad rehabilitado por una pareja de franceses que acoge a los visitantes en un entorno exclusivo. Los bonitos jardines de su patio interior son una de las más encantadoras terrazas de la ciudad, donde podréis disfrutar de una comida relajada, romántica y llena de encanto entre plantas y el agradable sonido de la fuente central. Sirven comida internacional y marroquí elaborada con productos frescos (la carta cambia cada semana). También podéis acudir a tomar un café, un cóctel o una copa. Este local es conocido como La Table du Palais y os enamorará.
La más auténtica
La plaza Jemaa-el-Fna se convierte cada noche, y especialmente los viernes, sábados y domingos, en un hervidero. Un inmenso escenario en el que se dan cita los autóctonos y los turistas para disfrutar de un rato festivo, escuchando y viendo los grupos de música y de danza folclórica; comprando ropa y todo tipo de objetos a los vendedores ambulantes; participando en familia en juegos improvisados; o rindiéndose con los cuentacuentos, encantadores de serpientes, curanderos... Pero también para pegarse el festín semanal entre amigos y familiares, alrededor de grandes mesas compartidas entre desconocidos. Hay decenas de puestos de comida donde probar especialidades nacionales como la cabeza de cordero a la barbacoa, entrañas a la brasa, sopa de legumbres, mariscos o repostería árabe. Pero ojo, aunque este lugar seduce por su buen ambiente y su autenticidad, requiere de un estómago todoterreno.
La más solidaria
La Asociación Amal es una organización sin ánimo de lucro que lucha por la integración profesional y la autonomía de las mujeres marroquíes que se encuentran en condiciones precarias. Su sede en Marrakech, en el barrio de Semlalia, sirve de escuela de hostelería a las mujeres que integran su programa, donde aprenden a cocinar y servir de forma profesional. Cuenta con una bonita terraza con jazmines y naranjos cuyas flores desprenden un perfume embriagador, donde probar creaciones marroquíes (mechoui, tajin, couscous…) y de inspiración internacional. ”Todo es casero menos el agua”, según explican. El precio es de 8 euros por persona.
La más famosa
El Hôtel de France es una auténtica institución en la ciudad. Desde su terraza, donde se dan cita locales y turistas, hay magnificas vistas panorámicas a la plaza Jemaa-el-Fna y al conjunto de la Medina. Sentaos aquí, sin prisa, y tomad uno de sus tés a la menta dulcísimos, mientras observáis con toda la tranquilidad el fascinante ambientazo de la plaza, acompañado del son de los tambores y de los cantos coránicos que suenan a la hora del rezo.
La más íntima
En esta terraza, con piscina y tumbonas incluidas, solo pueden acceder los huéspedes del Riad Abracadabra, tanto para desayunar como para tomar una copa o descansar. Y solo por ello vale la pena alojarse en este establecimiento cuyo interiorismo podría protagonizar una editorial de revista de diseño. Todo es paz y buen gusto. Una dirección imprescindible en plena Medina.
El más relajante
Frente a las Tumbas Saadíes, en un marco típicamente marroquí, la terraza del Café Kasbah es perfecta para disfrutar de una agradable comida al aire libre con vistas al impresionante Minarete de la Koutoubia. Simpática y cercana, la atención recibida en este local os dejará tan buen recuerdo como su gastronomía, simple, ligera y tradicional. El lugar ideal para hacer una pausa entre las distintas visitas a los lugares de interés cercanos: el palacio de la Bahía, el de El Badi, las Tumbas Saadíes o el barrio judío.
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Texto y fotos de Laia Zieger de Gastronomistas
+ infoUna ruta por la Bretaña francesa
Recorrer la Bretaña es revivir la emocionante historia medieval europea, ahondar en sus raíces culturales, en sus tradiciones y leyendas. Descubrirás unos paisajes sorprendentes; sus playas, acantilados o localidades medievales como Vitré o Fougères, y sacarás provecho de los efectos beneficiosos que ofrecen las aguas del océano Atlántico para el cuerpo. En Dinard o La Baute encontrarás algunos de los mejores balnearios, a los que son tan aficionados los bretones, en los que descansar y purificarte.
La Bretaña francesa es una gran península con 1.200 kilómetros de litoral y una intensa relación con la tierra y el mar, que se percibe tanto en sus paisajes como en la gastronomía y sus tradiciones, que se remontan a su pasado celta, realmente más próximo a Irlanda o Gales que a la propia Francia.
La belleza del litoral bretón se ve prolongado por sus islas, al norte las de Bréhart o Ouessant y Sein, Glénan, Groix o Belle-Île al sur, auténticos paraísos de belleza salvaje con sus calas protegidas y sus faros, y con una historia y personalidad propia. Sus puertos han sido puntos estratégicos tanto para el comercio como para la defensa militar e incluso, tierras de destierro.
Rennes, aunque capital de la Bretaña, se encuentra a las puertas de la región de Normandía y es un destacado lugar del patrimonio arquitectónico y testigo de la historia de la región. Alrededor de sus dos plazas reales, el Parlamento y el ayuntamiento, y sus características casas de entramado de madera y mansiones renacentistas, se dibujan siglos de historia.
A 30 kilómetros de Rennes se encuentra el frondoso bosque de robles y hayas de Brocelandia, dominio de mitos y leyendas celtas. Es aquí donde se suelen situar muchos episodios de las novelas de la Mesa Redonda, como la búsqueda que el Rey Arturo ordenó para encontrar el Santo Grial y fue también el lugar donde vivieron el hada Viviana, el caballero Lancelot y el mago Merlín, amigo y asesor del joven Arturo, del que dicen quedó allí atrapado por amor.
Por el mágico bosque de Broscelandia recorrerás recónditos senderos que te llevaran por el Puente del Secreto, el pueblo de Paimpont y su hermosa abadía o los castillos de Brocelianda y del paso del Acebo.
Al norte, en el estuario del río Rance se llega a Dinan, con su encantador casco urbano y una de las ciudades medievales mejor conservadas. Por su recinto amurallado descubrirás fascinantes monumentos como la basílica de Saint-Sauveur o la torre de l’Horlage.
A partir de aquí se extiende la Costa Esmeralda, con sus verdes costas salpicadas de pueblecitos, que trascurre desde la ciudad amurallada de Sain-Malo a la Costa de Granito Rosa, que debe su nombre a sus peculiares formaciones rocosas de matices rosa. Y entre ellos, innumerables sitios por explorar: los acantilados rocosos de Cap Fréhel o Rochefort-en-Terre con sus casas bajas de techos de pizarra y el encanto de los viejos pueblos.
Otro de los alicientes de la ruta por la costa bretona es seguir el Camino de los faros, que se inicia en Brest y finaliza en Portsall, para recorrer el medio centenar de faros que puntean su litoral.
Grandes pintores como Paul Gauguin o Maurice Denis han inmortalizado como nadie la Bretaña. Podrás redescubrirlos en el Museo de Bellas Artes de Pont-Aven. Pont-Aven debe su fama a la escuela de pintores que lideró Gauguin en esta localidad pesquera, llegados de París y dispuestos a seguir sus enseñanzas. Esta población sigue conservando los nostálgicos molinos que se sucedían a lo largo del río, que tantas veces recrearon estos artistas, y su fascinación por la pintura, pero también podrás disfrutar de su afamada repostería.
Finalizando el arco de la costa bretona hacia el sur, se encuentra Carnac, localidad que alberga más de 3.000 restos prehistóricos de entre los años 5.000 y 2.000 a.C. Se trata del enclave arqueológico más antiguo de Europa, dividido en cuatro grandes áreas: Le Ménec, Kermario, Kerlescan y Le Petit Ménec. También puedes completar tu visitar en el Museo de la Prehistoria de Carnac.
Comer en la Bretaña
El dilatado litoral bretón, bañado por las aguas del Atlántico, marca la gastronomía de la región, que ha sabido, como ninguna otra, preservar sus especialidades gastronómicas. Los pescados y mariscos toman las cartas de los restaurantes como en ningún otro lado. Aquí se recogen una de las mejores ostras del mundo, la Belon y por supuesto, los mejillones.
En general todos los crustáceos y mariscos como el centollo, los bogavantes o los bueyes de mar, ya que se recogen de sus frías aguas. Esto se traduce también en deliciosas sopas de pescado. Aunque si hay un pescado por el que los bretones tienen un especial fervor, ese es el bacalao, que preparan de todas las maneras imaginables.
Pero, aparte del pescado, en la Bretaña se elaboran excelentes quesos, como el curé nantais, y mantequilla, sidra y deliciosa repostería. Sus crêpes, brioches o los sablés harán las delicias de los más golosos.
Imagen de Pymouss
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