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El Londres de The Rolling Stones

Cada vez que uno viaja a Londres descubre algo nuevo. La ciudad es infinita y ofrece multitud de caras. Una de ellas es la musical. Y es que la capital inglesa también lo es de la música pop y rock desde prácticamente su invención. Los primeros grandes clubs de rock´n’roll nacieron allí, y fue en ese ambiente de chupas de cuero y tupés infinitos donde se dieron a conocer The Rolling Stones, una banda que todavía hoy siguen manteniendo la corona de reyes del rock planetario. Con la excusa de una exhaustiva retrospectiva, la cual se extiende a lo largo de las nueve salas de la Galería Saatchi, en My Vueling City hacemos un repaso del Londres más estoniano. It’s only rock and roll but I like it!

Simpatía por The Rolling Stones

Los Rolling Stones son eternos, de eso no hay duda. Para la mayoría de nosotros siempre han estado ahí, haciendo de forma periódica giras mastodónticas y publicando siempre discos con premieres made in Hollywood, no carentes de la mejor pirotecnia, claro. Se ha hablado mucho de la longevidad del (ahora) cuarteto inglés; que sí practican a diario la hemodiálisis para renovar íntegramente su sangre, que si han hecho un pacto con el Diablo. Pero ¿qué más da? Lo que ya nadie discute es que son la banda más importante de la historia del rock. Por eso cualquier evento relacionado con ellos es un espectáculo para no perdérselo. Y no iba a ser para menos la exposición Exhibitionism, una muestra para la que se han necesitado tres años en su preparación, y que reúne más de 500 objetos relacionados con la banda. Definitivamente se trata de una exposición bien acoplada a la gran maquinaría Rolling Stones, con un presupuesto de vértigo, y es que el montaje de todo ha costando la friolera de 5,7 millones de dólares.

¿Exhibicionismo o fetichismo?

No nos queda tan claro que el título de la expo case con la idiosincrasia de la misma. Nosotros vimos más clara su naturaleza fetichista. En todo caso, seas fan de la banda o un mero curioso, la exposición bien vale una visita. La expo está albergada en la Galería Saatchi, un hermoso palacete consagrado usualmente al arte moderno y situado en la zona más ilustre de Chelsea.

La exposición recorre la carrera del grupo. En las diferentes salas, además de los objetos, también podemos encontrar reproducciones a escala real de sus camerinos, e incluso su primer apartamento compartido. También se ha reconstruido un estudio de grabación de la época. Además podrás vivir en 3D la experiencia de uno de sus conciertos, a través de una grabación del que ofrecieron en Hyde Park en 2013. Lo cierto es que la muestra todavía mantiene una planificación museística tradicional, con un sinfín de objetos, como viejos trajes, entre los que destaca el mítico blanco que lució en el concierto de Hyde Park que tuvo lugar en julio de 1969 en memoria de Brian Jones. Como no, las guitarras tienen su especial protagonismo. No falta la Gibson Les Paul pintada a mano que Richards tocaba entre 1966 y 1970. También hay películas seleccionadas por Martin Scorsese, y grabaciones inéditas.

El Londres de sus majestades Satánicas

Ya que estás en Londres te recomendamos ir a visitar algunos de los espacios míticos del grupo. Verás que el rastro de la banda todavía es importante en la ciudad.

1. El primer apartamento

En el mismo barrio de Chelsea, a un paseo de la Saatchi Gallery se encuentra el que fuera primer apartamento del núcleo original de The Rolling Stones, que compartían Mick Jagger, Keith Richards y Brian Jones. Allí vivieron en 1962 tres chicos que soñaban con ser tan grandes como The Beatles. La dirección es 102 de Edith Grove.

2. Pub Bricklayers

Ubicado en el Soho, el Bricklayer Arms era un pub en el que había actuaciones todas las noches. El pub se encuentra en el número 7 de Broadwick Street, y fue donde el bueno de Charlie Watts se unió a la banda. El batería, que ya nunca más abandonó la banda,  era mucho mayor que ellos, y contaba con una dilatada experiencia en el circuito de jazz. Actualmente es la tienda de discos Sounds of the Universe.

3. The Ealing Jazz Club

Fue inaugurado en enero de 1959, y pronto se convirtió en el cuartel central del mejor blues que se podía escuchar en Londres. Aquí dieron los primeros pasos, la flor y nata del rock británico, toda una generación entre los que destacaron Eric Clapton, Jimmy Page, Pete Townsend, Keith Moon... Y fue aquí donde Keith Richards y Mick Jagger vieron actuar a Brian Jones por primera vez. Eso fue hace muchísimo tiempo, más concretamente el 7 de abril del 62. Lo encontrarás en 42A Ealing Broadway Ealing.

4. Regent Sounds y la mítica Denmark St.

Ubicados en el Soho, estos míticos estudios fueron testigo de las sesiones de grabación del primer disco de The Rolling Stones, en 1963, además del tema Not Fade Away, que les catapultó al éxito en su primera época. Pasear por Denmark Street es toda una experiencia. Actualmente hay incontables tiendas de instrumentos musicales, en una calle que data de 1867 y que todavía conserva algunos edificios de aquella época.

5. New Crawdaddy Club

El Crawdaddy Club de Richmond se inauguró en 1962, y un año más tarde, en febrero de 1963, los Rolling Stones, tras un primer concierto, se convirtieron en la banda residente del local, tocando dos días a la semana. Por aquella época entraron en el hit parade por la puerta grande con Come on, y la afluencia de público hizo que el propio bar tuviera que trasladarse a un recinto más grande. En la actualidad, se encuentra en Harding Elms Road, Essex, y, cómo no, todavía se pueden ver buenos conciertos en el local.

6. Sticky Fingers

Después del duro transitar recorriendo emblemáticos espacios estonianos nada mejor que reponer fuerzas en un restaurante, que prácticamente es un museo de la banda. Se trata del Restaurante Sticky Fingers, propiedad del ex – Stone, Bill Wyman, el que fuera bajista de la banda desde 1962 hasta 1993. Os recomendamos la hamburguesa con beicon: hamburguesa de 170 g con queso Monterey Jack, tomate, lechuga, cebolla roja, pepinillo, beicon y mayonesa con pepinillos, bañada con salsa BBQ y servida con ensalada de pasta y col, cuatro quesos y una galleta.

El rock de los Stones sigue vivo en la capital inglesa, ven a descubrirlo. Consulta nuestro vuelos aquí.

Texto de Los Viajes de ISABELYLUIS

Imágenes de Galería SaatchiRestaurante Sticky Fingers, Visit Britain, Ealing Jazz Club

 

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Dublín a ritmo de U2

Definitivamente, la capital irlandesa es una parte imprescindible del imaginario de U2.

Hace pocos meses publicaron Songs of Innocence. Descrito por Bono como el álbum más personal que jamás hayan grabado, el 13º trabajo de estudio de los irlandeses es un viaje de retorno a su infancia y juventud. Una época de sueños por cumplir con grupos como Ramones o The Clash como banda sonora y Dublín como eterno telón de fondo vital. Mejor momento imposible para visitar la capital irlandesa y más aún si lo hacemos propulsados por los latidos de esas inocentes canciones, recorrer las calles que han trazado la trayectoria de una de las bandas más relevantes en la historia del rock.

Mount Temple Comprehensive School
Fue aquí donde empezó todo. Larry Mullen Jr. colgó una nota en el tablón de anuncios de la escuela buscando compañeros para formar un grupo de rock. A la llamada acudieron Bono, The Edge y su hermano Dick Evans (poco después substituido por Adam Clayton). Nacían Feedback, posteriormente The Hype, finalmente U2. Malahide Road.

Bonavox
Paul David Hewson no fue Bono hasta que a su amigo de infancia Derek “Guggi” Rowan se le ocurrió apodarlo así. El mote es una derivación de Bonavox, el nombre (que se podría traducir como “buena voz”) de un negocio de… ¡aparatos para la sordera! Ya sea porque tenéis tendencias melómanas o porque queréis comprobar vuestras capacidades auditivas, la tienda sigue abierta al público. 9 North Earl Street.

The Projects Arts Centre
Fue una de las salas en las que más veces actuaron U2 durante sus primeros años. Y fue en uno de esos conciertos donde conocieron a Paul McGuinness, manager del grupo hasta 2013, figura crucial en la carrera del cuarteto. Actualmente The Project Arts Centre se ha transformado en una galería de exposiciones de arte, además de ser sede de algunos de los festivales más relevantes de la ciudad, como Dublin Writers' Festival, Dublin Theatre Festival, Dublin Fringe Festival o Dublin Dance Festival. 39 East Essex Street.

Windmill Lane Studios   
No es extraño que también se les denominara los “U2 Studios”, pues en ellos grabaron su primer EP, Tree (1979) y los posteriores álbumes Boy (1980), October (1981),War(1983), The Unforgettable Fire (1984) y The Joshua Tree (1987). Ubicados en el número 4 de Windmill Lane, la calle está repleta de graffitis originalmente relacionados con el grupo (tal es así que se la conoce como el Muro de U2), ahora ya hay cabida para todo tipo de muestras de arte callejero. 4 Windmill Lane, Dublin 2.

Grand Canal Docks          
La zona de los muelles de Dublín es uno de los enclaves de la capital irlandesa que más relación guarda con la iconografía de U2. Un escenario sumamente representativo del espíritu de la ciudad que el cuarteto ha utilizado a lo largo de su trayectoria como telón de fondo de portadas de discos (October), vídeos (Gloria) o sesiones fotográficas (como la que realizaron en 2000 con el imprescindible retratista holandés Anton Corbijn). Hanover Quay.

The Clarence Hotel
En 1992 Bono y The Edge compraron The Clerance. Construido en 1852, bajo su supervisión el otrora dos estrellas fue remozado hasta devenir uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. Y para que, tal y como declaró el cantante de la banda irlandesa, “The Edge tuviera algún sitio donde poder quedarse hasta muy tarde”, en su sótano abrieron The Kitchen, discoteca en la que suelen hacer escala los nombres más destacados de la música electrónica. 6-8 Wellington Quay.

Fitzwilliam Place
Hubo un año en el que a Bono se le olvidó el cumpleaños de Ali. Tal fue el cabreo que pilló su esposa, que estuvo a punto de echarle de casa. El cantante le pediría perdón con la canción The Sweetest Thing. Originalmente cara B del sencillo Where The Streets Have No Name, tiempo después fue el primer single del recopilatorio The Best Of 1980-1990. Rodado el 20 de Septiembre de 1998, el clip transcurre a lo largo de esta céntrica calle dublinesa. Los vídeos de Sometimes You Can’t Make It On Your Own y Pride (In the Name of Love) también tiene en Dublín su localización principal. Fitzwilliam Place.

Hanover Quay
Tras abandonar los Windmill Lane Studios, U2 se recolocaron en los Hanover Quay. Situados en la zona portuaria, se trata de un complejo conformado por dos edificios: uno sirve de local de ensayo, el otro, de estudio de grabación y sala de mezclas. En ellos U2 han dado forma a sus discos Pop (1997), All That You Can't Leave Behind (2000), How to Dismantle An Atomic Bomb (2004) y No Line On The Horizon (2009). Como curiosidad, destacar que la cementera Kilsaran Concrete, empresa situada frente a los estudios, instaló en su entrada un banco para que los seguidores del grupo pudieran esperar tranquila y cómodamente la salida de sus ídolos. 18 Hanover Quay, Dublin 2.

Finnegan's of Dalkey
Elogiado por su oferta gastronómica, el Finnegan's of Dalkey es el pub favorito de Bono. Tanto le gusta que siempre que lo visita algún amigo de relumbrón (Michelle Obama, Penélope Cruz, Javier Bardem, Salman Rushdie…), el cantante de U2 los lleva a este típico pub irlandés a tomar una pinta de Guinness. Abierto por Dan Finnegan, uno de sus siete hijos, Peter Finnegan, emigró a Valencia donde, en la céntrica Plaza de la Reina, abrió el gemelo Finnegan's Of Dublin. 2 Sorrento Road.

St. Stephen’s Green
En el año 2000 Bono y The Edge recibieron el título de "Freeman of the City of Dublin". Entre los privilegios que otorga tal honor está, y no es ninguna broma, poder dejar pastar ovejas en St. Stephen's Green. El día siguiente de recibir tal reconocimiento, el cantante y el guitarrista se presentaron en este popular parque situado en el centro de la ciudad con dos corderos a los que bautizaron “My Little Lamb” y “Michael Jackson”. St. Stephen's Green.

Wall Of Fame
En el número 20 de Temple Lane Street, una de las calles más concurridas y animadas de Dublín, luce el Wall of Fame, homenaje a los nombres más representativos de la música irlandesa. La fachada exhibe fotos de Van Morrison, Sinéad O'Connor, Thin Lizzy, Rory Gallagher, The Undertones, Bob Geldof, Boyzone… Pero si hay una instantánea que destaca y predomina la escena, ésta es la de unos jovencísimos U2 en la playa de Sandymount Strand (otra de sus localizaciones predilectas). Y ya que estáis ahí, dejaos caer por el histórico Temple Bar: música en vivo cada noche y unas ostras deliciosas. 20 Temple Lane South.

The Little Museum Of Dublin
Enfrente de St Stephen's Green, y muy próximo a Grafton Street, encontraréis The Little Museum Of Dublin, pinacoteca dedicada a la historia moderna de la capital irlandesa. Entre sus exposiciones permanentes destaca “U2 Made In Dublin”. Desde carteles originales de sus primeros conciertos a un Trabant de la era Zoo TV Tour, una de las mayores y mejores colecciones de objetos relacionados con la banda, todos ellos cedidos por seguidores del cuarteto. 15 St Stephen's Green.

De sus estudios de grabación al hotel Clarence, la empresa Dublin Differently ofrece rutas guiadas por algunos de los escenarios de la ciudad que han trazado la historia de U2. ¡Venga! ¿a qué esperas para conocer un poquito mejor a una de las mejores bandas de rock de todos los tiempos? Consulta nuestros vuelos a Dublín aquí.

 

Texto de Oriol Rodríguez para ISABELYLUIS Comunicación

Imágenes de Matt McGee, Phil Romans, William Murphy, dronepicr

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Punta de Teno el Tenerife virgen

La esquina más salvaje y solitaria de Tenerife, en el extremo noroccidental de la isla, es el edén perfecto para disfrutar de unos días de revitalizante contacto con la naturaleza: excursiones en bicicleta por las faldas del Teide, rutas a pie por los húmedos bosques de laurisilva, paseos en canoa bajo inmensos acantilados marinos… Todo ello sin necesidad de abandonar esta remota y sorprendente especie de "isla dentro de la isla" que tiene incluso su propio microclima y que se mantuvo prácticamente inaccesible hasta hace apenas unas décadas. Aquí, alejados del mundanal ruido, cualquier paseo por sus más de cien kilómetros de senderos homologados reabre el apetito por los frutos y las recetas de una tierra fértil y rica que regala nuevos paisajes a cada momento.

Mountain bike: a pedales por las faldas del Teide

En el Parque Natural de la Corona Forestal, que como su nombre indica forma un anillo completo alrededor del Parque Nacional del Teide, existen cuatro rutas especialmente señalizadas para ir en bicicleta de montaña. La más extensa es la Ruta Norte, que cuenta con 85 km en su trazado principal y otros 52 km en variantes.

Nuestra primera propuesta cicloturista incluye uno de sus tramos, pero para disfrutar más de la experiencia nada mejor que contratar a un guía local que nos facilita bicicletas de última generación y nos acompaña durante todo el recorrido, explicándonos con detalle las peculiaridades de los delicados ecosistemas de la accidentada y vertical orografía del macizo de Teno. Además, nos viene a recoger al hotel con una flamante furgoneta con la que subimos hasta los 1.600 metros de altura, en las faldas del Teide, con lo que casi toda la marcha será en bajada.

Bosques y volcanes

En los alrededores de la Montaña del Cascajo –un volcán, por supuesto–, el paisaje es absolutamente sobrecogedor: hieráticos campos de lava rojiza se yuxtaponen con frondosos bosques de pino canario, cuya áspera corteza delata que ya han sufrido el azote de algún que otro incendio forestal. Según Iván Méndez –nuestro guía–, estos pinos son unos “supervivientes natos”, pues se trata de una variedad autóctona de naturaleza ignífuga.

Casi sin esfuerzo entramos en la Reserva Natural Especial del Chinyero, un volcán de arenas negruzcas que entró en erupción por última vez en 1909, justo al lado de otro volcán que dos siglos antes se había llevado por delante buena parte del puerto de Garachico, un pequeño pueblo situado a 8 kilómetros de aquí.

Poco más abajo entramos en el inframundo de la laurisilva macaronésica, que queda envuelta en una densa nube de niebla. Pedaleamos por un universo tenebroso y aguachinado en el que reina una vegetación similar a la que cubría buena parte del planeta hace 65 millones de años y que hoy apenas subsiste en contados puntos de la Tierra.

Tras varios kilómetros emboscados, regresamos a la civilización para recuperar fuerzas en una bodeguita con vistas en la que sirven queso asado con mojo rojo y miel de palma, bacalao con batata, asado de carne de cabra... Todo, delicioso.

Llegamos al hotel con el paladar endulzado, nada cansados –apenas hemos hecho 42 km, con 1.800 metros de bajada por sólo 200 metros de ascensión–, pero con la sensación de haber descubierto un espacio natural lleno de atractivos. Nunca habíamos visto, sentido y respirado tantos paisajes y microclimas distintos en tan pocos kilómetros.

Excursiones a pie: senderos sin fin

Gracias a una extensa red de senderos señalizados, el Parque Rural de Teno brinda infinidad de itinerarios de todos los niveles.

Si estamos alojados en Buenavista, por ejemplo, una ruta de acceso inmediato al espectacular y vertiginoso Barranco de Bujamé es la PR-TF 58 Camino del Risco, que asciende por un primitivo sendero hasta los verdes prados de Teno Alto y el caserío de Los Bailaderos, donde se puede comer uno de los mejores quesos frescos artesanos de las islas Canarias. La ruta pasa entre el Roque de Marrubio y el Roque de la Cruz. También junto a los restos de un antiguo tagoror, lugar de reunión de los dirigentes de la comunidad en la época de los guanches. Curiosamente, este escarpado camino se conoce localmente como "la bajada de los muertos", pues en tiempos no tan pretéritos –según cuentan, hasta la década de los setenta– se usaba para bajar a los difuntos desde Teno Alto, donde no había cementerio, hasta Buenavista. Prueba de ello es la Cueva de los Ataúdes, donde aún se conservan las dos humildes cajas comunitarias –una de niño y otra de adulto– con las que se realizaba la pesarosa procesión.

Dada la orografía del macizo de Teno, casi todas las rutas de la zona están conectadas entre sí, de manera que se pueden combinar creando itinerarios a medida de cada cual, en función del tiempo disponible o las ganas de caminar. Por ejemplo: una vez en Los Bailaderos, se puede seguir hacia el este por la PR-TF 57 Callejón de Teno hasta Cuevas del Palmar, o bien hacia el oeste, por la PR-TF 51, hasta el faro de Punta de Teno. Es aquí, en el punto más occidental de la isla, donde se puede vivir una puesta de sol inolvidable, con el dorado sol alumbrando los acantilados de los Gigantes.

Canoas entre gigantes

En tiempos de los guanches, estas paredes basálticas de 600 metros de altura recibían el inquietante nombre de “Muralla del Infierno”. Hoy se las conoce como Acantilados de Los Gigantes y su inaccesibilidad ha conservado el lugar como un auténtico santuario. Además, son el lugar ideal para vivir una jornada de recreo a bordo de un kayak de mar, pues estas aguas quedan siempre protegidas de los imperantes vientos alisios por los propios acantilados, que ejercen de barrera natural, y el mar permanece en perenne calma.

La excursión comienza en el puerto deportivo de Los Gigantes, tiene una duración de 2 horas y se realiza en compañía de monitores que guían al grupo, mostrando las singularidades de este increíble paraje. Es una actividad apta para todo el mundo y no requiere experiencia. Además, una lancha de seguimiento realiza las tareas de asistencia ante cualquier eventualidad. Se utilizan kayaks tipo canoa –biplaza e individuales– de iniciación, totalmente estables y autovaciables. Información y reservas: Teno Activo.

Trekking, kayak y snorkel en fondos cristalinos

La bahía de El Eco es el lugar perfecto para darse un baño y explorar el fondo marino practicando snorkel en sus aguas transparentes, que a pie del acantilado sólo alcanzan los 30 metros de profundidad.

La misma excursión en canoa-kayak también se puede iniciar en la playa de Masca, después de descender a pie –son 5 km de caminata– por el barranco del mismo nombre, regresando a remo hasta Los Gigantes después de una visita a la bahía de Barranco Seco.

Avistamiento de cetáceos

También frente a la costa de Los Gigantes, pero en aguas más profundas, se avistan delfines e incluso ballenas. Lo ideal es embarcarse después de la excursión en kayak, pues un barco de 36 plazas zarpa desde el mismo puerto deportivo. El paseo tiene una duración de 2 horas. Durante el regreso, el barco fondea 15 minutos en la bahía de Masca, para disfrutar de un último baño a los pies de los acantilados.

Un hotel para desconectar

Situado en este retirado enclave del noroeste de Tenerife y con unas espléndidas vistas sobre el océano, el hotel resort Melià Hacienda del Conde es el campo base perfecto para pasar unas vacaciones activas y, a la vez, relajantes en la zona de Teno. Sus amplias habitaciones, sus piscinas, el spa, una cuidada oferta gastronómica y su condición deadult-only lo convierten en el destino favorito de los visitantes en busca de tranquilidad.

Reserva tu Vueling a Tenerife y aventúrate a conocer el macizo volcánico de Teno.

Texto de Sergio Fernández Tolosa de Con un par de ruedas

Fotos de Sergio Fernández Tolosa y Teno Activo

 

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El verdadero rostro de Copenhague, más allá de la Sirenita

Por Iñaki Makazaga de Piedra de Toque

Al final del paseo del puerto (Langelinie), la figura más visitada de Dinamarca, el principal reclamo turístico de la ciudad pasa totalmente desapercibido. La Sirenita pequeña, mirando al mar, casi de espaldas al visitante, rehúye de toda mirada. Tal vez porque sólo ella sepa el precio de su fama (dos veces degollada, tres mutilada, otras tantas arrojada al mar) y la realidad de su propia historia. Nos lanzamos en bicicleta en busca de respuestas y encontramos el verdadero rostro de Copenhague: una ciudad de pasado bárbaro convertida ahora en un lugar de paz.

Iniciamos el viaje a orillas del canal de Jorgens con la fachada de las casas señoriales reflejadas en sus aguas y nos abrimos paso entre familias, gente haciendo deporte y ocas picoteando la hierba. Pedaleamos con una de las bicicletas que se alquilan en los 110 puntos de la ciudad, una de las medidas para alcanzar en 2015 el puesto de capital con la mejor calidad ambiental del mundo. Y no es para menos. Con cada pedaleo, dejamos atrás un árbol. Abrimos bien los ojos y al tercer puente giramos a la derecha. Llegamos al Jardín y Museo Botánico (Botanisk Have), Gothesgade 128.

En los terrenos de las antiguas fortificaciones han brotado ahora más de 20.000 especies diferentes de plantas. Las murallas recogen un gran jardín y el foso está lleno de plantas acuáticas y pantanosas cada una con su tarjeta de visita clavada en el suelo. Aparcamos las bicis en la entrada y caminamos. Es marzo y todo anuncia el cambio de la estación de nieve. La tierra está removida, los árboles sin hojas, el cielo gris. Un enorme invernadero de tres alturas aparece a lo lejos con cuatro pabellones de cristal en los que se incuban y estudian desde 1.000 variedades de cactus a plantas de café, piñas y hasta palmeras. No superamos la tentación y compramos en la tienda de la entrada dos bolsas de semillas: una de bonsáis asiáticos y otra de orquídeas rojas. Tal vez, con la idea ingenua de llevarnos un trozo de la paz que se respira en este parque en cuyas raíces está todavía la sangre de la gente que luchó por defender la ciudad de las invasiones enemigas.

Seguimos en ruta. Dejamos atrás el jardín y museo botánico para pedalear ahora por los alrededores de Roseborg Slot, el palacio Real que levantó Christian IV en 1606 como residencia de verano y convertido ahora también en un gran museo. Contiene miles de objetos relacionados con la monarquía más antigua de Europa lleno de cuadros, muebles, armas y joyas. El semáforo pasa de ámbar a verde: pedaleamos.

La paz del jardín botánico cambia ahora por el bullicio del centro de Copenhague. Los coches ceden el paso a las bicicletas, entre los edificios sobre salen las torres del Marmorkirken, una iglesia inspirada en la de San Pedro de Roma y que de origen quiso ser construida con mármol noruego. No tardaron en darse cuenta de que los 300 años del reinado de la familia de Frederik V se podían celebrar de una forma más sencilla y un siglo más tarde se cambió el mármol noruego por el danés para terminarla. Donde no se escatimó en gastos fue en escalones: 260 para alcanzar el campanario. Las vistas de la ciudad bien merece la pena la fatigada subida. Aprovechamos para revisar el mapa. El bullicio del centro nos llama, con la calle Stroget llena de tiendas o las terrazas de las plazas empedradas y medievales de Kongens Nytorv y Radhuspladsen. Las dejamos para la noche. Seguimos hacia el puerto que la Sirenita nos espera.

Caminamos ahora con la bicicleta en la mano. Estamos en Nyhavn, el Puerto Nuevo, abierto por soldados entre el 1671 y 1673 para que los barcos atracaran con sus mercancías en el centro de la ciudad. Durante siglos fue la zona más oscura de Copenhague al habitarla marineros y mujeres de mala reputación. Habitaciones baratas, tabernas oscuras, tiendas de tatuajes, burdeles. Nyhavn ha dejado ahora su pasado más canalla para mostrar a lo largo de sus 300 metros de acera una de las caras más atractivas de la capital con sus casas estrechas y de colores y sus aceras llenas de terrazas. Da igual el frío que haga, una manta, una estufa y una vela abrazan al visitante. Y en las orillas del puerto, permanecen testigos de esa época barcos de madera como el buque faro del siglo XIX, convertido en un restaurante. Una ancla que perteneció a una fragata danesa recuerda también su pasado marinero y rinde homenaje a todos los que perdieron la vida en la II Guerra Mundial. Fotografiamos las fachadas. Tal vez, desde alguna de ellas se asomara Hans Christian Andersen para mirar al cielo mientras escribía sus cuentos. Y es que en este barrio, hasta las paredes susurraran historias.

Volvemos al sillín, pedaleamos en paralelo al canal, rumbo al mar con el viento húmedo dándonos en la cara. En las orillas la marca negra de las mareas nos saluda junto a nuevos pabellones. Entramos en la Ciudadela (Kastellet) otra gran fortificación para protegerse del ataque de los suecos. Con forma de estrella de cinco puntas, la fortaleza ha sido también testigo de la historia del país. Tomada por las tropas nazis como cuartel general durante la II Guerra Mundial, pertenece ahora al ejército danés aunque los jardines y murallas están abiertas al público. En siglo XIX fue utilizado también como prisión y ahora pequeñas esculturas hablan del horror de la guerra. Un museo recoge la actividad y nombres de las personas que lideraron la resistencia nazi. Ni rastro de Sirena.

Seguimos pedaleando. Empieza a nevar y un corro de turistas nos anuncia otro punto de interés turístico. Al final del paseo, apoyada en una roca y de espaldas a los turistas encontramos por fin a la protagonista de uno de los cuentos más conocidos de Andersen. La misma que se enamoró de un príncipe y que ahora espera con la mirada puesta en el mar su regreso. Sigue nevando. El cielo gris descarga a cámara lenta lluvia, nieve, lluvia.

Walt Disney nos habla de una feliz sirena rodeada de amigos del mar y que lucha por cumplir sus sueños. La realidad se muestra diferente. Color cobre, sola, desnuda aguanta los flashes de los turistas pero no sonríe. Y es que Andersen dejó escrito otro final. El príncipe por el que dejó de ser sirena acabó casándose con otra. Y la Sirenita murió sola, sin romper el hechizo que le permitía volver al mar pero que pasaba por acabar con la vida del príncipe. Prefirió su espera convencida de que antes o después otro final llegaría para ella. Copenhague, como la Sirena, ha preferido no derribar ni un palacio, ni una fortaleza que hablan de su pasado vikingo y bárbaro parar convertirlos en jardines y museos que cultiven una nueva historia pacífica y tolerante. Nos unimos a la Sirena y en silencio miramos al horizonte.

Copenhaguen en bicicleta

Tiempo: 2 horas

Ruta: Canal de Jorngens en Norrebro, Museo Botánico, Roseborg Slot, Marmorkirkren, Nyhanvn, Kastellet, La Sirenita.

Recomendaciones:

Visitar los museos citados: horario de 10.00 horas a 16.00 horas.
-Obtener la Copenhague Card.
-Moverse por la ciudad en bicicleta, almorzar en el Puerto Nuevo una vez terminada la ruta.

Por Iñaki Makazaga de Piedra de Toque

Imagen de Henrik Jessen

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