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El mirador de San Nicolás

Uno no puede ir a Granada sin vivir la belleza del barrio del Albaicín, sus calles empinadas y serpenteantes, su encaramado de patios y escondidas plazas, su duende y sin lugar a dudas, su mirador.


Cada tarde, cuando el sol comienza a declinar, el mirador de San Nicolás se convierte en una grada donde poder ver el ocaso quizá más bonito del mundo como muchos ya lo han bautizado. Sólo entonces, cuando los rayos del sol más cálidos se reflejan en las paredes del conjunto, y con una esplendoroso vista de la Alhambra, se entiende porqué los sultanes nazaríes llamaron “El Castillo Rojo” a su obra más refinada en Al-Andalus. Un lugar, donde además, poder disfrutar del flamenco más puro a cargo de los autóctonos del lugar que a cambio de unas moneditas ponen banda sonora al bello momento.

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