¿Planeando un viaje al norte? Sigue este itinerario y descubre ciudades, pueblos marineros, playas, montañas, gastronomía, arte y algunos de los paisajes más espectaculares de España.
Hay destinos que se disfrutan en un fin de semana y otros que piden semanas enteras. Cantabria juega en un punto intermedio: en solo 7 días puedes recorrer pueblos marineros, subir a los Picos de Europa, contemplar arte rupestre con más de 30.000 años de historia, surfear algunas de las mejores olas del norte y sentarte a la mesa para comprobar que aquí la gastronomía es cosa seria. Si buscas una ruta variada, fácil de recorrer y repleta de paisajes que cambian a cada curva, hemos diseñado el itinerario perfecto para ti.
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Día 1: Santander, la ciudad que convirtió la bahía en su mejor monumento

Santander es una de esas ciudades que miran al mar. Su bahía, una de las más bellas del mundo, marca el ritmo de una ciudad luminosa, elegante y muy fácil de recorrer a pie.
Empieza el día paseando desde los Jardines de Pereda hasta el Centro Botín, el edificio diseñado por Renzo Piano que cambió la relación de la ciudad con el mar. Si cuando viajes ya ha abierto sus puertas el futuro Museo Reina Sofía - Archivo Lafuente, el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria o el espacio cultural Faro Santander, comprobarás que Santander se ha convertido en uno de los destinos culturales más interesantes del norte de España.
Tras una dosis matutina de cultura, a la hora del aperitivo toca hacer lo que hacen los locales: pedir unas rabas. O unas anchoas del Cantábrico, unas navajas o unas zamburiñas con un vino blanco de la IGP Costa de Cantabria. Empezarás a entender el carácter pausado de la ciudad.
Por la tarde, camina hasta el Palacio de la Magdalena, antigua residencia estival de Alfonso XIII, rodeado de jardines y acantilados que ofrecen algunas de las mejores vistas del Cantábrico. Después, recorre el paseo de Playa de El Sardinero, con sus edificios de la Belle Époque, antes de despedir el día en el Faro de Cabo Mayor, donde el sol suele esconderse a lo grande. Ten a mano el bañador: el cuerpo va a pedirte bañito.
💡Tip Vueling: Antes de entrar al Centro Botín, sube a la pasarela exterior. Es gratuita y regala una de las mejores vistas de la bahía.
Día 2. Valles Pasiegos y Liérganes: la Cantabria que sabe a mantequilla

Si ayer tocaba mar, hoy toca montaña. Pero no la de grandes cumbres, sino la de los prados que parecen no terminar nunca, las vacas pastando y las cabañas de piedra desperdigadas por las laderas. Bienvenido a los Valles Pasiegos, uno de los paisajes más reconocibles de Cantabria y probablemente el lugar donde mejor se entiende la relación entre el territorio y su gastronomía.
Empieza el día como mandan los cánones: con un desayuno pasiego. Un sobao y una quesada artesana saben mejor cuando se comen en su lugar de origen. La receta apenas ha cambiado desde hace generaciones y sigue elaborándose con mantequilla, un símbolo de la comarca.
Merece la pena recorrer la zona sin prisas. Las carreteras que unen Vega de Pas, San Pedro del Romeral y San Roque de Riomiera atraviesan un paisaje modelado durante siglos por los pasiegos, que levantaron cientos de cabañas para trasladar el ganado. No es casualidad que este mosaico de prados verdes sea una de las imágenes más fotografiadas de Cantabria.
La siguiente parada está a menos de una hora. Liérganes, incluido en la red de los Pueblos Más Bonitos de España, conserva uno de los cascos históricos mejor preservados de la región. Cruza su puente mayor y piérdete por calles llenas de casonas blasonadas, balcones floridos y pequeñas plazas. Antes de marcharte, busca la escultura del Hombre Pez y entérate de la leyenda.
💡Tip Vueling: Si el día está despejado, sube en coche hasta el Mirador de La Braguía, uno de los balcones naturales más espectaculares de los Valles Pasiegos.
Día 3: Liébana y Picos de Europa: donde Cantabria toca el cielo

Hay un momento en el que la carretera empieza a estrecharse, aparecen paredes de roca de cientos de metros y entiendes que estás entrando en otra Cantabria. La comarca de Liébana, protegida por los Picos de Europa, parece un mundo aparte. Gracias a ese anfiteatro natural disfruta de un microclima sorprendentemente suave que ha permitido cultivar viñedos, nogales y frutales desde hace siglos.
La primera parada es casi obligatoria: el Teleférico de Fuente Dé. En apenas cuatro minutos asciende más de 750 metros hasta el mirador de El Cable, a casi 1.850 metros de altitud. No hace falta ser montañero para disfrutar: basta con caminar unos minutos para encontrarse rodeado de algunas de las cumbres más espectaculares del norte de España. Si te apetece alargar la experiencia, desde aquí parten rutas para todos los niveles.
De vuelta al valle, toca descubrir Potes, la capital lebaniega. Sus calles empedradas, los puentes sobre el río Deva y la Torre del Infantado invitan a pasear sin mapa. Es imposible marcharse con hambre: el cocido lebaniego, elaborado con garbanzos pequeños de la zona, compango y relleno, es uno de esos platos que justifican una caminata previa.
La jornada termina en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, uno de los 5 lugares santos del cristianismo y destino del Camino Lebaniego. Muy cerca, el Mirador de Santa Catalina se asoma sobre el desfiladero de La Hermida con una panorámica impresionante.
💡Tip Vueling: Antes de abandonar Liébana, entra en alguna destilería tradicional y prueba el orujo elaborado en la comarca. Si viajas en noviembre coincidirás con la Fiesta del Orujo de Potes, declarada de Interés Turístico Nacional.
Día 4. De Altamira a Gaudí: un viaje de 30.000 años en apenas 40 kilómetros

Pocas rutas pueden presumir de condensar tanta historia en tan poco espacio. En menos de 1 hora pasarás de contemplar algunas de las pinturas rupestres más importantes del planeta a entrar en uno de los edificios más sorprendentes de Antoni Gaudí.
Empieza la mañana en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira. La cueva original, descubierta en el siglo XIX y conocida como la "Capilla Sixtina del arte rupestre", permanece prácticamente cerrada para garantizar su conservación, pero la Neocueva reproduce con un nivel de detalle extraordinario los bisontes, caballos y ciervos pintados hace más de 30.000 años.
A 5 minutos está Santillana del Mar, oficialmente uno de los “Pueblos más bonitos de España”. Presume también de no ser ni santo, ni llano, ni tener mar. Más allá del chascarrillo, es una de las joyas medievales del norte de España. Merece la pena perderse por sus calles empedradas, asomarse a los patios y entrar en la Colegiata de Santa Juliana, uno de los grandes ejemplos del románico español. En plan es sencillo: caminar despacio con la vista alta.
La última parada es Comillas, una villa que sorprende por la cantidad de patrimonio que concentra. A finales del siglo XIX se convirtió en el lugar de veraneo de la aristocracia y eso dejó huella en forma de palacios, jardines y edificios modernistas. El más famoso es El Capricho de Gaudí, una de las tres únicas obras que el arquitecto construyó fuera de Cataluña. Muy cerca también merece una visita el Palacio de Sobrellano y la Universidad Pontificia de Comillas, cuya silueta domina el pueblo.
💡Tip Vueling: Antes de irte, baja hasta la playa. Comillas tiene esa rara capacidad de pasar de la arquitectura monumental al Cantábrico en apenas unos minutos.
Día 5. San Vicente de la Barquera y Oyambre: la Cantabria que sabe a sal

La costa occidental de Cantabria conserva algunos de los paisajes más espectaculares de la región: playas infinitas, estuarios, dunas, acantilados y pueblos marineros que miran al Cantábrico.
La primera parada es San Vicente de la Barquera. Su casco histórico conserva el aire de antigua villa marinera, presidido por la Iglesia de Santa María de los Ángeles, uno de los mejores ejemplos del gótico cántabro, y el Castillo del Rey, con vistas a la ría, los puentes medievales y, en días despejados, incluso las cumbres de los Picos de Europa.
A apenas unos minutos, encontrarás el Parque Natural de Oyambre, un espacio protegido que reúne playas, dunas móviles, marismas y praderas donde es fácil cruzarse con aves migratorias. La Playa de Oyambre, flanqueada por un impresionante sistema dunar, es uno de los grandes escenarios del surf cántabro. Muy cerca, la Playa de Gerra ofrece un ambiente más tranquilo y suele estar frecuentada por surfistas locales.
La hora de comer pide pescado. San Vicente presume de una de las lonjas más importantes de Cantabria y aquí llegan a diario merluzas, lubinas, rodaballos o nécoras que pocas horas después ya están en la mesa.
La tarde invita a seguir bordeando la costa. Desde el puerto parte un agradable sendero que conduce hasta el Faro de Punta Silla, un recorrido de apenas media hora que atraviesa prados y acantilados con el Cantábrico a un lado y los Picos de Europa al otro. Si te apetece una actividad más contemplativa, en verano salen pequeñas embarcaciones que recorren la ría y permiten ver el pueblo desde el agua.
💡Tip Vueling: Antes de abandonar San Vicente, acércate al Puente de la Maza. Desde allí se obtiene una de las imágenes más icónicas de Cantabria: la silueta de la villa, la iglesia y el castillo recortándose sobre la ría con los Picos de Europa de fondo.
Día 6. Santoña, Noja e Isla, la costa donde el Cantábrico sabe mejor

La costa oriental de Cantabria tiene un carácter muy distinto al del oeste: aquí los grandes protagonistas son los puertos pesqueros, las marismas, los acantilados y algunas playas extensas. Es también el lugar donde nacen algunos de los alimentos más emblemáticos de la región.
La primera parada es Santoña, una villa marinera ligada a la conserva. Aquí se elaboran algunas de las mejores anchoas del mundo siguiendo un proceso artesanal que apenas ha cambiado en más de un siglo. Merece la pena recorrer el paseo marítimo, asomarse al puerto pesquero y visitar alguna de las conserveras que organizan visitas guiadas para descubrir cómo se soban y maduran las anchoas. Muy cerca, el Fuerte de San Martín recuerda la importancia estratégica que tuvo esta bahía durante siglos.
Desde Santoña, la carretera continúa hacia el Monte Buciero, un espacio natural protegido atravesado por senderos que conducen entre bosques y acantilados hasta antiguos fuertes defensivos y faros.
La siguiente parada es Noja, donde la inmensa Playa de Trengandín demuestra que todavía quedan arenales donde caminar durante kilómetros. Si la marea está baja, aparecen pequeñas piscinas naturales entre las rocas que invitan a un baño tranquilo.
El día termina en Isla, uno de esos rincones que muchos viajeros descubren casi por casualidad. Muy cerca se alza el Faro de Ajo, convertido en uno de los más fotografiados de España gracias a la intervención artística del creador cántabro Okuda San Miguel.
💡Tip Vueling: Antes de irte de Santoña, pide un "marinero" en cualquier bar del puerto: una anchoa sobre pan con pimiento y aceituna.
Día 7. Cabárceno y la Cantabria que mira al futuro

Empieza la mañana en el Parque de Cabárceno, uno de los espacios faunísticos más singulares de Europa, donde más de un centenar de especies viven en grandes recintos integrados en el paisaje de una antigua mina de hierro a cielo abierto. Lo ideal es recorrer el parque en coche, alternando pequeñas caminatas con las vistas que ofrece el telecabina, desde donde se aprecia la verdadera dimensión de este espacio de más de 750 hectáreas.
De regreso a Santander, haz una parada en el Geoparque Mundial UNESCO Costa Quebrada, uno de los paisajes geológicos más fascinantes del litoral europeo formado por ocho municipios. Acantilados, islotes, arcos de roca y plataformas modeladas durante millones de años convierten este tramo de costa en un auténtico libro abierto sobre la historia de la Tierra. Lugares como la Playa de la Arnía, la Playa de Covachos o las Dunas de Liencres son paradas imprescindibles antes de volver a la ciudad.
💡Tip Vueling: Si te gusta la fotografía, espera al atardecer en la Ermita de la Virgen del Mar. Con la marea alta, el islote queda completamente rodeado por el Cantábrico.
Una semana da para mucho, pero en Cantabria siempre queda la sensación de que falta algo por descubrir.




