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AMANTES DE LOS VOLCANES: 10 DESTINOS EUROPEOS QUE NO OS PODÉIS PERDER

Dicen que los volcanes más impresionantes del mundo están en Hawaii y Costa Rica pero, si te apasiona la vulcanología y buscas algo más cerca, te sorprenderá la cantidad de opciones que tienes sin salir de Europa. ¡Mira, mira!

Son muchos los viajeros fascinados con aquellos paisajes volcánicos indescriptibles que encontramos en lugares como Canarias, Islandia o Italia. Magnéticos y enigmáticos, los volcanes siguen siendo, para muchos, todo un misterio, cuya contemplación nos traslada a dioses furiosos y otros seres legendarios. Existen numerosos volcanes, activos o no, que se pueden visitar alrededor del mundo, y son siempre un buen motivo para planear una escapada. Aquí van diez de los más emblemáticos de Europa.

La Garrotxa (Girona)

La comarca de La Garrotxa, en Girona, es un hermoso rincón de Catalunya que merece una visita por numerosos motivos. Desde sus pueblecitos medievales, como Besalú o Santa Pau, a su hermoso bosque de cuento La Fageda d'en Jordà, la Garrotxa está repleta de atractivos para cualquier viajero amante del arte y la naturaleza. Una de sus principales joyas es, sin embargo, el Parc Natural de la Zona Volcànica de La Garrotxa, el mejor exponente de paisaje volcánico de la Península Ibérica, con una cuarentena de conos volcánicos y más de 20 coladas de lava. El parque cuenta con varios museos y numerosas rutas para caminar entre volcanes.

Cómo llegar: el aeropuerto de Barcelona queda a 2 horas de La Garrotxa.

Teide (Tenerife)

Hay muchas razones para visitar Tenerife pero, sin duda, el mayor atractivo de la isla es el Teide: el pico más alto de España y el tercer mayor volcán de la Tierra. Existen numerosos formatos para descubrir los encantos del Teide: podemos reservar un tour guiado, ascender a pie, pasar la noche en el Refugio de Altavista, diseñar una ruta por nuestra cuenta o –nuestra recomendación– subir al teleférico y disfrutar de las vistas desde su mirador.

Cómo llegar: puedes elegir volar a Tenerife Norte o Tenerife Sur y desplazarte en coche hasta el Parque Nacional del Teide.

Etna (Sicilia)

Este volcán activo es uno de los grandes reclamos de Sicilia, una isla, por otra parte, que vamos a querer recorrer de cabo a rabo para enamorarnos de su espíritu plácido y decadente. Según la mitología griega, el responsable de las erupciones de humo y lava de este volcán era el monstruoso Tifón.

Cómo llegar: lo más sencillo es volar a Catania y, desde ahí, conducir 1 hora y cuarto hasta el Etna.

Pompeya (Italia)

Situada en la región de la Campania, al sur de Italia, la antigua ciudad de Pompeya quedó destruida por la erupción del Vesubio en el año 79 d.C. En la actualidad, encontramos unas ruinas muy bien conservadas que constituyen una atracción turística de primer nivel, que nos permite entender cómo era la vida en una ciudad romana y comprobar los efectos devastadores de esta erupción catastrófica que arrasó con todo.

Cómo llegar: te recomendamos volar a Nápoles para ir en tren hasta Pompeya (40 minutos) o en coche (20 minutos).

Santorini (Grecia)

Esta isla griega, con sus casitas blancas, sus puestas de sol de cuento y sus senderos junto al mar, es en realidad un volcán, cuya última erupción se registró en 1950. Si estamos en esta pintoresca isla mediterránea es imprescindible contratar un crucero a Nea Kameni. Esta pequeña isla volcánica deshabitada es el origen de las principales islas de la zona a causa de las sucesivas erupciones volcánicas. Tú eliges si subir a la cima para contemplar el paisaje lunar lleno de cráteres o si prefieres quedarte a probar las aguas termales sulfurosas.

Cómo llegar: vuela a Santorini y alquila un coche para moverte a tu aire por la isla.

Puy de Dôme (Francia)

Ubicado en la región Chain des Puys, este enclave está catalogado como Grand Site de France. Este antiguo volcán presume de unas encantadoras vistas desde la cima, y lo ideal es tomar el tren cremallera y realizar la última parte del trayecto a pie. Cuenta también con un museo en el que descubrir los secretos mejor guardados de este volcán ya inactivo.

Cómo llegar: Vueling dispone de vuelos a Lyon, a dos horas de distancia de Puy de Dôme.

Fagradalsfjall (Islandia)

Si hay una isla volcánica por excelencia, es, sin duda, es Islandia. El Fagradalsfjall lleva años dando de qué hablar con sus erupciones, pero no es el único volcán que da guerra en Islandia: el más famoso es, probablemente, el Eyjafjallajokull, aunque el Thrihnukagigur es el único al que se puede entrar. El Hekla es uno de los más famosos y activos, cuya última erupción se produjo en el año 2000.

Cómo llegar: ¡fácil! Vuela a Reykjavik y prepárate para explorar la isla.

Stromboli (Italia)

Esta pequeña isla italiana, que forma parte de las Islas Eolias, es la cima emergida de un volcán, y un rincón del mundo cautivador en el que parece que el tiempo no pasa. Sus playas de arena negra, sus encantadores restaurantes y los increíbles paisajes naturales que brinda el volcán son algunos de los encantos de una pequeña isla que, sobre todo en los meses de verano, suele estar abarrotada de visitantes.

Cómo llegar: podemos volar a Nápoles o Palermo (Sicilia) y desde allí tomar uno de los ferrys que comunican a diario con la isla.

La Palma (Canarias)

Tanto Tenerife –con el Teide–, como Lanzarote –con esos Jameos del Agua ubicados en el interior de un túnel volcánico–, cuentan con una herencia volcánica que atrapa día tras día a cientos de viajeros que llegan a Canarias. La reciente erupción del Cumbre Vieja, en La Palma, ha dado lugar a la llegada a la isla de numerosos visitantes interesados por la actividad volcánica de una isla que cuenta, además, con hermosas playas, piscinas naturales y pueblecitos con encanto.

Cómo llegar: lo más fácil es volar directamente a La Palma, aunque la isla también está muy bien conectada por mar con Tenerife.

Milos (Grecia)

Esta isla volcánica es una auténtica hermosura, el lugar en el que caminar por paisajes rocosos mientras contemplamos calas de cuento y casitas blancas de pescadores. Es, además, uno de los paraísos griegos de las aguas termales, una pequeña islita de la que saldremos felices y con el cuerpo relajado, puesto que, de momento, no ha sido conquistada por el turismo de masas.

Cómo llegar: se puede llegar a Atenas en avión y tomar un ferry hasta Milos, lo que nos llevará unas 3 horas.

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