¿Buscas un destino diferente para una escapada? ¿Te apetece descubrir una nueva ciudad? Haz la maleta y pon rumbo a estas ciudades que es posible que aún no conozcas.
Hay vida más allá de Londres, París y Lisboa, ¡y qué vida! Hay un sinfín de hermosas ciudades, menos frecuentadas que las capitales de siempre, que son todo un regalo para el viajero decidido a conocer a fondo el corazón de un país, ese que a veces no se ve tras la fachada. Así pues, ¿qué tal si planeamos una visita a esos lugares menos mainstream que esconden también joyas de gran valor cultural, arquitectónico y gastronómico? Solo tienes que preparar la maleta (si es pequeña, mejor, toma nota de los consejos que te damos en este otro post para prepararla), tener a buen recaudo la cámara de fotos y reservar un vuelo a alguno de estos destinos maravillosos. ¿Cuál es el tuyo?
Belgrado

La capital serbia es ese lugar decadente y magnético que hará que los más enteradillos regresen a casa diciendo que les recuerda al Berlín de los 90. Es cierto que Belgrado tiene aún ese carisma de las ciudades que se resisten a gentrificarse pese a contar con todos los ingredientes para convertirse en un destino cultural y arquitectónico de primer orden, pues prácticamente cada rincón nos obliga a sacar el móvil para inmortalizar sus calles empedradas y ese espíritu tan propio, entre herido y orgulloso, presente en cada rincón.
¿Qué ver en Belgrado?
En Belgrado se respira hasta tal punto la historia reciente que una tiene la sensación de que, si cierra los ojos muy fuerte, podrá oír el ruido de las bombas. Los atractivos no faltan para pasar un fin de semana en grande: Kalemegdan, el gran parque con vistas al río, el Museo Tesla, la pequeña isla de Ada Cigankija, la Plaza de la República y esos paseos inolvidables a orillas del Danubio.
¿Qué comer en Belgrado?
La oferta gastronómica es amplia y no faltan sus rinconcitos hipsters con platos contemporáneos y flores en las mesas. Pero para una experiencia serbia auténtica, recomendamos hacer una parada en el To Je To!, un pequeño bar familiar ajeno a las modas y sin pretensiones estéticas donde disfrutar, entre otras cosas, de unos cevapi de escándalo.
Tel Aviv

Nada mejor que aprovechar un fin de semana largo para disfrutar de los encantos de esta ciudad israelí, tan mediterránea que por momentos nos hará sentir que estamos en Barcelona o Roma. Tel Aviv es una amalgama de culturas y sensibilidades que se dan cita en una capital efervescente, repleta de tiendecitas, cafés, mercados y restaurantes desde los que prácticamente se huele el mar, pues está íntegramente construida de cara al Mediterráneo.
¿Qué ver en Tel Aviv?
Más bien la idea es callejear por la antigua ciudad de Jaffa, aunque entre incursión e incursión en tiendas y cafés, es imprescindible hacer un alto en el camino para pasear por el Bulevar Rotschild y visitar sus edificios Bauhaus, recorrer el Parque Yarkon o visitar el Museo de Arte de Tel Aviv, con obras de Dalí, Rembrandt o Kandinski.
¿Qué comer en Tel Aviv?
Los amantes del turismo gastronómico van a morir de amor en Tel Aviv, ya que la oferta de restaurantes con cocinas del mundo es inmensa y la población presume de una gran cultura gastronómica y un amor por el producto fresco que se traduce en sus imponentes mercados (parada obligada es el Mercado del Carmel). Los amantes de los cócteles y del espíritu de los años 20 no pueden dejar de visitar el magnífico Bellboy Bar, uno de nuestros rincones preferidos del mundo.
Múnich

La capital bávara tiene mucha tela que cortar, pues es un no parar de atracciones para el viajero, que acabará la jornada agotado y feliz entre compras, restaurantes, cervezas y visitas culturales.
¿Qué ver en Múnich?
Conviene iniciar la ruta en Marienplatz, centro neurálgico de la ciudad, cuyo Viktualienmarkt, el mercado más importante de Munich, es un auténtico festival para los sentidos. La Iglesia de San Pedro, la catedral, el Deutsches Museum, el carrillón del ayuntamiento, el imponente Museo BMW (un edificio contemporáneo que enamorará incluso a aquellos que detestan el mundo del motor) y el agradable Olympia Park son algunas de las visitas obligadas. Todo ello, antes de adentrarnos en el distrito de Glockenbach y disfrutar de ese paraíso cuqui que da la sensación de que alguien ha decorado al milímetro especialmente para nosotros cinco minutos antes de nuestra llegada.
¿Qué comer en Múnich?
No olvides pasarte por la tienda Milka y de visitar alguna de sus cervecerías legendarias, como la mítica Hofbräuhaus, donde nos servirán camareros vestidos con el atuendo tradicional bávaro y podremos descubrir la Alemania más auténtica.
A Coruña

Los que amamos las ciudades del norte, esas pequeñas urbes señoriales como Oviedo o Santander que aún conservan aquel pasado majestuoso que pervive en nuestro imaginario colectivo, no nos resistimos a escaparnos de vez en cuando a A Coruña.
¿Qué ver en A Coruña?
En la capital gallega una siempre se lo pasa en grande. Ya lo dice el dicho popular: "Vigo trabaja, Pontevedra duerme, Santiago reza y A Coruña festeja". Y es que a los coruñeses no hay nada que les guste más que echarse a las calles, desde las hermosas placitas empedradas de su centro histórico al sensacional paseo marítimo (uno de los emblemas de la ciudad) rodeado de hermosos ventanales, para celebrar cualquier cosa. Merecen también una visita el hermoso Xardín de San Carlos, en lo alto de la ciudad, además de la siempre concurrida plaza de María Pita o la emblemática Torre de Hércules. Si viajas con niños, te recomendamos que leas este otro post, con planes para que los peques se lo pasen en grande.
¿Qué comer en A Coruña?
El alma bon vivant de los coruñeses se respira en todos los rincones de una ciudad efervescente, bañada por el Atlántico, en la que se hace vida en la calle: en sus bares de tapas, en los que se pueden degustar los excelentes vinos gallegos (el estado de salud de la viticultura en la zona es un regalo para los amantes del vino), en sus restaurantes y tabernas. Por no hablar de los mercados, como el Mercado de San Agustín, siempre frecuentado. Aquí te dejamos algunas recomendaciones de los restaurantes más top de A Coruña.
Stavanger

Stavanger es una pintoresca ciudad noruega que combina los escenarios de cuento de hadas con ejemplos gloriosos de aquella vieja y ruda arquitectura germánica. En ella conocerás la Noruega profunda, al tiempo que disfrutarás de paisajes naturales que te helarán el corazón.
¿Qué hacer en Stavanger?
Hay tantas cosas que hacer en esta pequeña ciudad y sus alrededores, a menudo eclipsados por los evidentes encantos de Oslo o Bergen, que nos faltará tiempo para deambular por las callecitas de la ciudad y disfrutar de sus tiendas de monerías y sus restaurantes con productos frescos y saludables.
Subir al imponente púlpito de Preikestolen es una experiencia impresionante, no solo por las dos horas y pico de trayecto hasta lo alto, sino por las espectaculares vistas cuando accedamos a él. Nada mejor que llegar al púlpito tras disfrutar de un crucero por los fiordos y después entregarnos a actividades como una visita al Museo del Petróleo (donde lo entenderemos todo sobre Noruega), además de callejear en busca de alguno de sus múltiples graffitis, que convierten a esta ciudad escandinava en un referente europeo en la materia.
Si vamos con tiempo y no queremos abandonar Noruega sin conocer el paraíso, nada mejor que tomar un ferry hasta la isla de Osthusvik Rennesoy y disfrutar de sus bonitos paisajes y de la calma que reina cualquier hora. Imprescindible.
Marrakech

Cualquier momento es bueno para echar unas cuantas prendas a lo loco en la maleta y huir de la rutina en un lugar donde todo está siempre deliciosamente patas arriba: Marrakech. El jolgorio que hay permanentemente organizado en la ciudad marroquí actúa, paradójicamente, de revulsivo contra nuestro estrés y nuestros quebraderos de cabeza. Y es que si aceptamos jugar al juego que nos propone la ciudad vamos a disfrutar hasta tal punto que no nos vamos a acordar ni de nuestro nombre y luego, claro, cualquiera nos devuelve a casa.
¿Qué ver en Marrakech?
La Medina de Marrakech es ese lugar por el que caminar sin rumbo adquiriendo cositas adorablemente innecesarias mientras tratamos de zafarnos de todo tipo de business imposibles que nos propondrán los lugareños. Comeremos de maravilla en la hermosa plaza de Jemaa el Fna (cada cual lo escribe a su manera), nos alojaremos en pequeños riads de ensueño que nos harán sentir en Las mil y una noches (reserva tu riad a través de Vueling y así de paso de llevas Avios), visitaremos palacios y mezquitas, descubriremos cómo se las gastaban en Marruecos en la antigüedad y, si nos queda tiempo, podremos acabar la agotadora jornada en uno de sus hammam. Cuando salgamos a la parte nueva de la ciudad hay un par de enclaves de visita obligatoria: los jardines de Majorelle, diseñados por Yves Saint Laurent, y el hotelazo La Mamounia, que a lo largo de su historia ha acogido y acoge a famosos internacionales de toda índole.
Génova

Quienes cada dos por tres tengan mono de Italia, y el cuerpo les pida visitar edificios renacentistas y perderse por callejuelas repletas de historia a cada paso, tienen en Génova una ciudad típica del norte de Italia que invita al disfrute y al hedonismo. La ciudad italiana es un lugar bienestante, que vive alejado del bullicio canallita típico del sur del país, y que cuenta, como ocurre en toda Italia, con una oferta gastronómica que quita el hipo.
¿Qué ver en Génova?
Pasear por Boccadasse, subir al mirador Spiadatta Castellatto, visitar un Duomo espectacular o ver cómo se nos escapa la mañana recorriendo los edificios de la Piazza de Ferrari son algunas de las actividades que nos esperan en Génova.
¿Qué comer en Génova?
Cuando llegue la hora de comer o cenar, poco podemos decir de esta ciudad que esconde una trattoria sensacional en cada rincón: la oferta es tan amplia y tan deliciosa que lo mejor es dejarnos guiar por nuestros sentidos, porque en todas partes se come bien. Eso sí, no hay que dejar de probar el pesto, muy típico de la ciudad, además de su maravillosa farinatta y su original ragù, llamado u toccu. Para chuparse los dedos.