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6 grandes planes «feel good» para el invierno en Bretaña

La Bretaña es un paraíso natural que hay que vivir a un ritmo slow para dejarse embargar por su magnetismo, su magia y esa energía tranquila e impetuosa, campestre y marítima.

Tanto si deseas explorarla por tu cuenta, con amigos, con la familia o en pareja, la Bretaña es el destino ideal para una breve escapada o una estancia más larga. Desde el aeropuerto de Rennes o de Nantes, se puede comenzar un road trip a través de su maravilloso litoral o sus paisajes agrestes. Todo aquí invita a dejarse llevar, a disfrutar de los placeres de la vida y a sentirse bien. Estas son algunas ideas para disfrutar de las virtudes y beneficios de Bretaña.

Bréhat en bicicleta (Costas de Armor)

La Bretaña y sus islas maravillosas… como la de Bréhat que, gracias a la Corriente del Golfo, disfruta de un microclima propicio al desarrollo de una vegetación abundante. Separada del continente por un estrecho, Bréhat está a tan solo a diez minutos en barco desde la punta del Arcouest en Paimpol. Y, sin embargo… La desconexión es inmediata en esta isla, bautizada como «la isla de las flores», por la variedad de su vegetación y la belleza de sus paisajes. Un auténtico rincón del paraíso. Es un placer recorrer la isla en bicicleta, pasando de las tierras del sur a las del norte, que se adentran en el Canal de la Mancha, por el puente construido por Vauban en 1694. Aquí nos espera un paisaje agreste flanqueado por el faro del Paon, edificado íntegramente en granito rosa. Haz un alto para disfrutar del aire fresco, puro y estimulante, mientras contemplas el horizonte y el ir y venir de las olas.

Surf en La Torche (Finisterre)

A menudo se olvida, pero Bretaña es el segundo destino para practicar surf en Francia, tras Nueva Aquitania. Más de 2 700 kilómetros de playas de culto para los amantes de este deporte. Entre ellas, La Torche, en el extremo sur de la bahía de Audierne (Finisterre), es seguramente la más conocida de la región por sus olas. Esta larga playa sin urbanizar, bordeada de dunas y de plantaciones de tulipanes, es especialmente apreciada porque recibe el oleaje de Poniente, que durante todo el año crea una beach break (ola que rompe en un fondo de arena). Perfecta tanto para surfistas experimentados como para principiantes. Como comprobarás, el surf te engancha enseguida y tiene propiedades revitalizantes. La guinda del pastel de una jornada de surf en esta playa la pone la contemplación de la inolvidable puesta de sol. Muy cerca también se encuentran los enclaves de Tronoën o Porz Carn.

Paseos por la isla de Batz (Finisterre)

La isla de Batz (se pronuncia «Ba») es una extensión de terreno minúscula (3,5 km de largo por 1,5 km de ancho) donde parecen concentrarse todas las variedades botánicas. Un pequeño municipio insular situado frente a Roscoff, al norte de Finisterre. Tras una travesía en barco de tan solo un cuarto de hora, la isla ofrece un cambio de aires absoluto. Nada mejor para recuperar energías y relajarse que pasear sin preocupaciones, dejándose acariciar por el suave clima oceánico, como el que ofrece el sendero sin balizar que rodea la isla, bordeando la costa y sus playas de arena blanca. No hay que dejar de visitar el embriagador jardín Georges Delaselle donde los cactus, las palmeras y más de 2 500 especies de árboles y flores de todo el mundo conviven en armonía. Otro plan feel good consiste en degustar los manjares de esta zona, donde la agricultura es en su mayor parte orgánica, en uno de los acogedores restaurantes locales.

Balneoterapia en Saint-Malo (Ille y Vilaine)

Aire marino, ciudad encantada de otra época, paisaje alucinante y balneoterapia, ¡en Saint-Malo todo es perfecto para recuperar la salud! Esla ciudad idónea para dar largas caminatas, recorrer sus murallas de granito y contemplar sus callejones adoquinados, así como para olvidarse de todo dando largos paseos por la playa más bonita de Francia, la playa del Sillon, que arranca en las murallas y termina en la Punta de La Varde, donde comienza el adarve. Además de contemplar la arquitectura de la ciudad, descubrirás los «Rochers Sculptés», personajes tallados en granito porel abad Fouéré entre 1894 y 1907. Pero esto no es todo. En Saint-Malo hay que hacer una cura de talasoterapia en las Termas Marinas. Este establecimiento dispone, entre otras instalaciones, de un recorrido Aquatonic, una piscina con 194 chorros sumergidos estimulantes y relajantes a la vez y de una zona de spa en piedra y maderas claras para disfrutar de los cuidados del cuerpo y el rostro. El tiempo se detiene y se experimenta la pura felicidad.

Baño de bosque en el Saut-Roland (Ille y Vilaine)

En Bretaña, por supuesto, tenemos el litoral (el Armor). Pero el interior de estas tierras (Argoat) ofrece asimismo numerosos atractivos. Adentrarse en verdes paisajes de leyenda, donde lo agreste y lo bucólico se dan la mano. Por ejemplo, muy cerca de la aldea de Dompierre-du-Chemin se encuentra el Salto de Roldán. Se trata de unas rocas espectaculares en medio de un frondoso bosque con dos laderas cortadas por un precipicio escarpado. Abajo, por el centro del barranco, fluye el arroyo Saint-Blaise. Algunos rayos de luz penetran aquí y allá mezclando una paleta de tonalidades verdes. ¡Un maravilloso paseo por caminos señalizados (hay que llevar buen calzado) que sienta de miedo! Además, nos sumergimos en la leyenda del famoso Roldán, que fue comandante de la marca bretona y que un día franqueó a caballo varias veces la brecha de cien metros que separa dos peñas. La primera vez lo hizo por «Dios» y su corcel le llevó de un salto a la peña del otro lado. La segunda vez lo hizo por la «Virgen» y el esfuerzo del generoso palafrén le devolvió al punto de partida. Por último, para su desgracia, intentó saltar una tercera vez por «su dama». El infortunado Roldán y su corcel cayeron al fondo del precipicio muriendo en el acto. Aún pueden verse en la piedra las huellas de una herradura que corroboran esta leyenda. No muy lejos de allí, en el mismo macizo rocoso, encontramos la «piedra chorreante», llamada así porque destila continuamente gotas de agua transparentes que caen en un profundo estanque excavado en la roca. Estas gotas no serían sino las lágrimas de la inconsolable dama del paladín que llorará a su amado hasta el día del juicio final.

Y por toda Bretaña… entregarse al placer de la buena mesa

En boca, la Bretaña es la frescura yodada de las ostras, el sabor divino de los mejillones, una vieira que se deshace en el paladar, un kouign-amann crujiente, una rebanada untada de mantequilla «de baratte» (batida en mantequera), una jarra de sidra espumosa, unas fresas de Plougastel en su punto justo de maduración, la rotundidad de un whisky de trigo sarraceno… Toda una plétora de sabores de la tierra y el mar. ¡Para disfrutar y vivir instantes gastronómicos que quedarán grabados en el recuerdo! ¡La buena mesa bretona te espera!

Tantas razones para reservar una fecha en la agenda de 2021 y poner rumbo a Bretaña.

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