Karlín la nueva joya de Praga
Karlín es el barrio emergente de Praga; pero cuenta con un pasado no tan esplendoroso, y es que en la segunda mitad del siglo XIX fue uno de los suburbios industriales de la capital checa. En aquella época se construyó allí una red de calles perpendiculares, con una plaza central y una bonita iglesia. Junto a los edificios de estilo clásico tardío con sus típicas galerías adosadas se construyó un sinfín de fábricas de toda índole. Una de las construcciones más importantes de esa época es el Viaducto de Negrelli que une dos importantes estaciones de trenes, separadas por el río. En los años 60 fue construido en esta zona uno de los primeros barrios de edificios de placas de hormigón armado, así como también el hotel de gusto cuestionable, Olympik, justo en la época que Praga se presentó como candidata a albergar los Juegos Olímpicos. Además la primera línea de metro de Praga, la cual se construyó en el 1974 terminaba en el barrio de Karlín, en la estación que lleva el nombre de Florenc.
En el barrio de Karlín podemos encontrar unos edificios de corte contemporáneo impresionantes. Un ejemplo claro lo tenemos con el conjunto Corso, formado por Corso I, Corso IIy Corso III cuya terminación y reconstrucción fue proyectada por Ricardo Bofill. En Karlín podemos admirar también el proyecto River City Praha, compuesto por los edificios Danube House, Nile House, Amazon Court y River Diamond. Nos impresionó el edificio Keystone por sus referencias al cubismo, un estilo que dejó una huella importante en la República Checa hace casi un siglo. Actualmente quien domina el skyline de Karlín es el nuevo edificio administrativo Main Point Karlín, declarado en 2012 como el edificio oficial más sostenible del mundo. Esta curiosa construcción además cuenta con una terraza-jardín abierta durante todo el año, la cual ofrece unas impresionantes vistas del centro histórico de Praga.
Cafés, bistrós y restaurantes en Karlín
En el año 2002 el barrio quedó seriamente dañado por unas fuertes inundaciones. La recuperación se prolongó durante una año hasta que finalmente la vida volvió a la normalidad. Las inundaciones sirvieron de pretexto para la restauración de algunos de los impresionantes edificios de la zona, así como la construcción intensiva de viviendas nuevas, lo cual llevó a una proliferación de bares y restaurantes que actualmente son los must de ocio de Praga. No dejes de ir alrededor de la plaza Lyckovo Namesti.
Lo cierto es que el barrio ha sido invadido por nuevos negocios relacionados con la hostelería en los últimos años. Para que no os perdáis en la maraña de oferta os hemos hecho una breve selección:
El punto fuerte de este establecimiento es sin duda su café, el cual está muy bien preparado. El ambiente es acogedor. Allí podrás tomarte un respiro y aprovechar para actualizar tus redes. Si te entra hambre recomendamos el yogur con muesli y frutas.
Dicen que es la tienda de café más auténtica de Praga. Aquí además podrás degustar su excelente café. Eso sí, se llena muy rápido porque el espacio es minúsculo. Los cappuccinos y los expresos son de órdago.
Espacio que destaca por su interiorismo. Vale la pena venir a tomar un café o un té, o almorzar. Pero para comer o cenar mejor mirar otras posibilidades. Aceptan reservas. Es amplio, así que está indicado para grupos. Dispone de terraza.
Simplemente el mejor bar de vinos en la República Checa. Ofrece vinos biodinámicos del país así como de Eslovaquia, Austria y muchos otros países (sobretodo del centro de Europa). En Praga se ha puesto de moda como afterwork. También se puede comer y cenar.
Es un buen lugar para aproximarse a la cocina checa a base de carnes. La hamburguesa de ternera y el pollo asado se salen; son realmente platos sabrosos. Pero hay otros de interés, como la sopa de cebolla francesa o las patatas gratinadas.
La característica de este local es que dispones del grifo de cerveza en la misma mesa. Forma parte de una cadena de locales en toda la ciudad, pero la comida, típicamente checa, también es muy buena aquí.
Como en el resto del país, la cerveza aquí está cuidadosamente tratada. Además podrás disfrutar de una comida casera recién preparada. Son platos tradicionales checos hechos a base de ingredientes frescos y de proximidad.
El local destaca por su excelente servicio. A nivel de comida la carta es variada y exquisita. Probamos el humus y el pastel de zanahoria y nos encantó. Es un local más bien para tomar un bocado rápido, tipo sándwich. Ambiente confortable.
Local ideal para tener una aproximación gastronómica a los sabores locales –excelente la sopa de pollo y el goulash- y al interiorismo tradicional. Hay que tener en cuenta que en la planta baja todavía se permite fumar. La verdad es que nos resultó chocante. Buen precio.
Aquí cada noche hay música en directo. Es un buen sitio para ir después de cenar para tomar una copa o seguir degustando las diferentes cervezas de la región.
Karlín pues es un barrio excepcional de Praga. Con la reconstrucción del barrio se ha conseguido una mezcla equilibrada en la que hay cabida por igual para edificios administrativos y residenciales. Estamos ante un barrio en el que vive y se mueve mucha gente de gustos contrastados y profesiones variadas. ¿A qué esperas para descubrirlo? Consulta nuestros vuelos aquí.
Texto de Los Viajes de ISABELYLUIS
Imágenes de Czech Tourism, Commons Wikipedia
Las 6 claves para conocer Trieste
A continuación os damos las pautas para meteros de lleno en el conocimiento de esta sorprendente ciudad del Adriático.
1. Confluencia de culturas
Hablar de Trieste es hablar de mezcla cultural, y todo ello gracias a su ubicación geográfica, en el extremo norte de Italia, a orillas del mar Adriático, y muy próxima a la frontera con Eslovenia. Estratégicamente ha sido codiciada por todos sus vecinos, y para muestra un botón: a pesar de que en la actualidad pertenece a Italia, entre 1382 y 1918 formó parte del Imperio Austrohúngaro. Así pues, no es de extrañar que a pesar de encontrarnos en Italia, en más de una ocasión el visitante tenga la sensación de estar en Austria, ya sea por parte de sus edificios, o ya sea por algunos de los elementos de su gastronomía. Es el caso del Borgo Teresiano, construido a mediados del siglo XVIII, durante el reinado de la emperatriz María Teresa, y del que destaca el Canal Grande.
Fruto de esa convergencia de culturas es también la convivencia de distintas manifestaciones religiosas donde la iglesia greco-ortodoxa, la serbo-ortodoxa, la judía, la evangélica luterana, o la helvética comparten espacio de forma pacífica. No es de extrañar que entre los monumentos religiosos a visitar estén la basílica de San Giusto, de estilo bizantino, la imponente Sinagoga neoclásica de vía San Francesco, y el templo serbo-ortodoxo de la Santísima Trinidad y de San Espiridión.
2. Trieste y el mar
Si algo ha definido el papel de esta ciudad ha sido su apertura al mar, que bien la ha convertido en uno de los principales puertos del Mediterráneo a lo largo de la historia. Durante la edad media se disputaría el protagonismo por obtener la mayor afluencia de mercancías con otra ciudad vecina muy conocida por todos, Venecia. En la actualidad es el principal puerto de Italia.
Y qué mejor manera de disfrutar del mar Adriático y del golfo de Trieste que en la fantástica Piazza dell’Unità d’Italia, uno de los principales puntos de interés de la ciudad. Situada entre el Borgo Teresiano y el Borgo Giuseppino, tiene el honor de ser la mayor plaza de Europa situada al borde del mar. Con forma rectangular, está rodeada de edificios públicos y palacios del siglo XIX de estilo neoclásico y vienés, como es el caso del Palacio del Gobierno, actual sede de la prefectura, y el Palacio Stratti.
3. Pasado romano
Como no podía ser menos, los romanos ya vieron el potencial estratégico de este puerto marítimo, y no dudaron en sumarlo a sus colonias. De esa época se pueden visitar los siguientes vestigios: el teatro romano, del siglo II d.C., y el Arco de Ricardo, del siglo I d.C., que le debe el nombre al rey Ricardo Corazón de León, y que formaba parte de una de los antiguos accesos de la ciudad.
4. Ciudad de cafés históricos
De visita imprescindible son sus cafés históricos, huella de la época de esplendor de la ciudad, en los que escritores y poetas de la talla de James Joyce, Italo Svevo y Umberto Saba se congregaban para charlar, hacer lecturas y compartir ideas. De influencia austriaca, aún conservan toda la magia y el encanto del pasado. Entre los más destacados están: el Caffè Tommaseo, el Caffè degli Specchi, el Caffè San Marco y el Caffè Torinese.
5. Gastronomía llena de matices
La gastronomía triestina es heredera de esa mezcolanza de culturas que hemos hablado al principio. En ella conviven platos elaborados dentro de un estilo más mediterráneo, como sería el caso de los realizados con pescado, con otros de procedencia centroeuropea, como es el caso de los elaborados con carne. Entre los platos más destacados está la jota (sopa de alubias, col, panceta y patata) de origen eslavo, los bolliti di maiale (diferentes cortes de carne de cerdo hervida), y los sardoni in savòr (anchoas marinadas en vinagre), de procedencia veneciana.
6. La bora, viento típico de la ciudad
Otra de las peculiaridades con las que cuenta Trieste es con un viento conocido como la bora, que sopla desde la meseta al Golfo, llegándolo a hacer con muchísima intensidad – de 120 km/h, alcanzando máximos de cerca de 200 km/h -, secando el ambiente y limpiando el cielo de toda nube. Los días de bora se suelen disponer cuerdas en la ciudad para que la gente pueda agarrase a ellas y de ese modo evitar salir volando. A aquellos que sientan más curiosidad sobre el tema les recomendamos que se acerquen al museo de la Bora.
Ahora que tienes las claves para conocer Trieste coge tu Vueling y aventúrate a conocerlo.
Texto de Los Viajes de ISABELYLUIS
Imágenes de Stephen Colebourne, John W. Schulze, stefano Merli, Xenja Santarelli
+ info
Cinco Parques para inspirarte
Malas lenguas dicen, que la ciudad del Apostol es la aldea más grande de Galicia, cosa que paradógicamente es tomada como una halago por parte de los Santiagueses de pata negra. Y lo es, porque como parámetro de calidad de vida, el color verde, y la vegetación invade cada esquina de la añeja ciudad, y la hace especial. El verde trepa por las siete colinas, invade todos los surcos petreos de sus calles, hasta se atreve a juguetear con la fachada de la catedral, con osadía.
En "Huertas", patio trasero del Obradoiro, lo urbano y rural se mezclan miméticamente sin ningun tipo de pelea de egos. La ciudad ultimamente se ha entregado al imparable avance del verde elemento. Compostela, siempre ha tenido una especie de pugna con el peso de su historia, y la modernidad. La presencia de lo viejo, es contrarestado por una vanguardia arquitectonica de rabiosa actual, y ha hecho de los enormes espacios verdes, un entremado de parques de talla universal. Más que ciudad jardín, es jardín con barrios en su interior.
Supongamos que el bosque de piedra te ha producido una dosis agotadora de belleza, y quieres metidar. Te propongo una ruta verde, para ver una Compostela única. Esta sería mi lista de top parques de Compostela.
1.-La Eterna Alameda. No es novedoso. Es el parque decimonómico por excelencia. A los pies de Porta Faxeira, y separando zona nueva y vieja, está fundido con la historia de la ciudad, desde el siglo pasado, que pasó de finca privada, a uno de los parques más hermosamente clásicos del mundo. Tiene todos los elementos para enamorar: arboledas centenarias con sus retorcidos y secos troncos, paseo de la Herradura, también llamado el del Colesterol, para bajar los excesos de la dieta galaica, las más hermosas vistas de todas las facetas de la urbe, fuentes, iglesias, bancos de forja de principios de siglo, y el palco de música esencial, en toda ciudad de provincias que se precie.
2.-Bonaval. Diseño y modernidad cerca de la zona antigua: De un parque domesticado, vamos a un lugar mágico, y que abraza el casco histórico. El antiguo jardín monacal de Santo Domingos, siempre tuvo un puntito de exotérico. Abandonado durante años, sus suaves pedientes en terrazas fueron tomados por Siza, para hacer de un frondoso parque, algo de rabioso diseño. Zonas verdes impolutamente cortadas, cuevas, un cementerio antiguo integrado en el parques, vistas a la catedral magnificas, y todo mezclado con las antiguas estructuras petreas y ruinas existentes. Agua, cueva, y volumenes "raros", lo hacen moderno, enigmático, y especial.
3.-Orillas del Sarela. Bosque encantado en el centro urbano: Dos ríos cruzan Compostela, en el Barrio del Carmen, cuando la moda de las sendas ecológicas se pusieron de plena actualidad, se decidió devolver, y rehabilitar sus abandonadas orillas, para hacer el paseo urbano-rural más hermoso que he visto. El incesante agua del serpenteante Sarela, las fuentes resuenan entre pasarelas de madera, puentes de piedra, arboledas túpidas, y hasta curtidorías abandonadas convierten al lugar, de varios kilómetros en un vergel natural, rústico, pero en plena ciudad.
4.-Belvís. Esplendor monacal a espaldas de la zona vieja: Belvis es una vaguada que siempre fue considerado como la espina dorsal verde, del este del casco histórico. Y siempre abandonado. Zona de paso entre Virxen da Cerca, y el castizo Belvis, este parque puso en relieve las hermosas colinas, que rodean esta hondanada. Es todo un regalo para la vista: los esplendidos monasterios de Belvis y el Seminario en lo alto, el petreo Santiago que se encarama en lo alto, y un parque siempre silencioso y escénico en donde su laberinto es un lugar perfecto para perderse.
5.-Parque de Vista Alegre. El parque de las sorpresas. La opulenta familia Simeón entrega su palacete y magno jardin. Se entra por las dos antiguas verjas de la propiedad siempre abierto, y el pazo en color rosado tiene todos los elementos del pazo gallego, como la capilla, galerías, etc. Si el jardín era el prototipo de cualquier familia pudiente, se puso un especial empeño en vestir cada una de sus esquinas con lo más florido de la arquitectura de vanguardia. Sede de SGAE cual casa de los Picadiedra, Casa Europa, Escola de Altos Estudios Musicales, Museo de Historia Natural. Cuatros estructuras de vanguardia que ponen una guinda a un jardin clásico.
Por Fran Camino
Historia y vino en Saint Émilion
El monje Émilion, una especie de Robin Hood, fue el encargado de darle nombre a esta localidad que se encuentra a 38 kilómetros de Burdeos –cuesta aproximadamente media hora llegar tanto si vas en coche como si lo haces en tren-. Pasear por sus calles empedradas y empinadas es respirar historia... y vino. El aroma de Baco inunda todo el pueblo, que se encuentra rodeado de viñedos de las variedades merlot, cabernet franc y cabernet sauvignon.
En un día podéis ver la gran mayoría de sus encantos, pero os aseguramos que querréis quedaros allí para toda la vida. Gran parte de la historia de Saint-Émilion se encuentra bajo tierra, lo que nos hace imaginar un pasado lleno de sociedades masónicas y grutas secretas, un aire de misterio que otorga aún más atractivo a este municipio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Mundos subterráneos
De visita obligada es su iglesia monolítica, la más grande de Europa. Excavada bajo tierra, es imposible de imaginar sus dimensiones desde fuera. Esta joya arquitectónica nos permite adentrarnos también en las catacumbas, donde se enterraban a los antiguos nobles. Se realizan visitas guiadas en varios idiomas cuyos tickets se pueden comprar en la oficina de turismo y que vale la pena contratar. En el caso de la visita guiada en español, se hace siempre a las 12h.
Si os gustan mucho los mundos subterráneos también hay diversas bodegas bajo tierra que podéis visitar, como la Cardinal Villemaurine, Clos de Menuts o Manoir Galhaud, por citar solo algunas. Además hay más de 100 châteaux donde degustar todo tipo de vinos con denominación de origen de Saint -Emilion. Eso sí, en las catas no olvidéis escupir de vez en cuando el vino, no se os vaya a subir a la cabeza y acabéis haciendo cosas de las que arrepentiros a la mañana siguiente.
Paseando por la villa
En el exterior la villa nos ofrece paisajes de postal y paseos románticos. Subir y bajar las calles empinadas con tu pareja cogidos de la mano convierte el recorrido en lo que puede parecer un camino de obstáculos por las piedras irregulares, como si de una metáfora sobre el amor se tratara.
Callejeando se llega a la puerta de la Cadena, un arco que en sus días separaba la parte alta de la ciudad, dónde vivían los nobles, de la parte baja, dónde residían los campesinos.
En la Edad Media Saint-Émilion estaba defendida por un recinto fortificado que constaba de 1500 metros de murallas, y se accedía a la ciudad a través de seis puertas: la puerta Bourgeoise situada al norte, la puerta Brunet en el naciente, las puertas de los Chanoines y de Saint-Martin en el poniente, las puertas Bouqueyre o Bouquière y la de Sainte-Marie al sur. La puerta Brunet, que da a los viñedos, es la única que se conserva prácticamente en su estado original. Vale la pena acercarse a este lado de la villa donde lo único que escucharás será a los pájaros cantar.
Otro de los monumentos que se ve desde prácticamente todo el pueblo es la torre del castillo del Rey. Se puede acceder a la parte alta por 1,5€ y contemplar unas vistas que dejan sin habla a cualquiera.
Macarons para merendar
Antes de que Ladurée reinventara la fórmula de los macarons haciéndolos dobles y de diversos colores y sabores, éstos ya existían como un dulce de almendra esponjoso de gran tradición en pueblos como Saint-Émilion. En el siglo XVII las monjas Ursulinas de este municipio fueron las responsables de la cosecha de almendra que utilizaron en sus pasteles, creando así los macarons, famosos todavía hoy en toda la región. Podemos encontrarlos en dos tiendas de gran tradición: Mouliérac y la Fabrique de macarons. Si sois muy golosos y os quedáis con ganas de más azúcar en vena, también podéis probar los canelés, unos pequeños bizcochos típicos de Burdeos cuya receta también pertenece a una orden monástica, esta vez del siglo XVI ¡Absolutamente delicieux!
Brasseries, foie gras y queso para cenar
Encontraréis múltiples restaurantes de cocina tradicional y brasseries, ideales para comer canard (pato) o entrecot. Y si lo que os apetece es probar quesos típicos franceses, algo de foie gras e incluso unas ostras mientras degustáis varios vinos, el restaurante L’Evers du Décor es el sitio ideal. Tiene un pequeño patio para las noches calurosas de verano y su carta de vinos es tan extensa como una novela de Cervantes. Dejad que el camarero os recomiende, y abandonaos a los efluvios de Dionisio.
Si quieres descubrir la joie de vivre consulta tu Vueling a Burdeos y ¡a disfrutar!
Texto de Miriam Arcera para Los Viajes de ISABELYLUIS
Fotos de Antonio Caballero
+ info