Santorini dime dónde estás y te diré en qué restaurante comer
Esta hermosa isla, cuyas ciudades de un blanco impoluto penden de impresionantes acantilados, acoge en verano a la jet set europea que se baña, feliz y despreocupada, en espectaculares piscinas privadas con vistas al mar. Paralelamente, otra parte de la población malvive ofreciendo tours en burro a los turistas japoneses. Son las dos caras de la Grecia contemporánea, un país que conserva aún ese perfil majestuoso de un pasado que pervive pese a la que está cayendo, y que tiene en Santorini una joya que aún no ha sucumbido al horror del turismo de masas y la especulación urbanística. A continuación te mostramos cuatro espacios ubicados en los puntos más relevantes de este trozo de paraíso, donde podrás disfrutar de la maravillosa gastronomía local.
Tranquilo (Perissa)
En un viaje a Santorini tarde o temprano se acaba en las inmediaciones de Perissa, cuyos principales reclamos son sus enormes playas, como la Roja o la Negra. Perissa acoge un tipo de turismo más modesto que el que se aloja en los fantásticos hoteles boutique de las hermosas Oia, Fira o Imerovigli. Por ello, es un buen lugar para pernoctar, repleto de hoteles pintorescos y bonitos, como el encantador Kouros Village, en el que nos hospedamos nosotros y cuyos desayunos en la terraza aún recordamos con nostalgia.
Por la noche, su paseo marítimo repleto de restaurantes es un buen lugar para escapar de los precios desorbitados de otros puntos de la isla y disfrutar de su contundente cocina griega “de batalla”. Es el caso del Tranquilo, un chiringuito con vistas al mar en el que suena reggae constantemente y donde un simpático personal con rastas te sirve, siguiendo a rajatabla los preceptos del slow food, deliciosa comida griega ecológica de km 0 a unos precios de risa. No dejes de pedir youvetsi (pasta griega) o alguna de sus macroensaladas bio.
Sphinx Wine Bar (Oia)
Abierto hace apenas unos meses, este restaurante de Oia es el lugar ideal para disfrutar de sus vinos y de su cocina griega con pinceladas creativas basada fundamentalmente en el pescado. No tiene vistas al mar, pero sí una terraza mágica en una de las callejuelas de esta hermosa localidad de cuento, y llega avalado por el éxito de su hermano mayor, el restaurante Sphinx de Fira, la capital.
Este pequeño rincón decorado con un gusto exquisito y con una bodega ideal para sibaritas, posee una espectacular carta de vinos que Panagiotis, su somelier, conoce al dedillo y sobre la que os asesorará en profundidad. Cuenta, además, con platos que van desde la langosta al pulpo, carpaccios y algún guiño a la cocina vegana y vegetariana, como su ensalada de superalimentos, o postres de nombres tan sugerentes como When Mango Meets Citrus.
The Wine Bar (Imerovigli)
En el hotel Heliotopos de la localidad de Imerovigli encontramos un lugar llamado The Wine Bar, al que recomendamos entrar con la mente abierta y el paladar preparado para probar vinos griegos más que interesantes. Situado en una pequeña cava natural que contribuye a la conservación del vino y a dotar de magia a la experiencia, se pueden degustar infinidad de maravillas elaboradas con la variedad local llamada Assyrtico. Os recomendamos coger la copa y llevárosla a la terraza al caer la tarde para ser testigos de una de las mejores puestas de sol del mundo.
Koukoumavlos (Fira)
Hay que tener cuidado en Fira, la capital, donde todos los restaurantes parecen maravillosos, con sus espectaculares vistas al mar, y donde hay muchas posibilidades de acabar viéndoselas con una musaka de cartón piedra. La capital de Santorini está repleta de atractivos turísticos discutibles, como la ruta en burro que nos lleva al ferry que conduce al volcán, o como sus carísimos restaurantes atrapaturistas. Es conveniente no cometer los mismos errores que nosotros, es decir, enamorarse de las vistas y dejarse engatusar por un camarero barbudo mezcla entre Bardem y Varoufakis. En este sentido, el elegante Koukoumavlos es una opción inmejorable. Su menú de 68 € es una buena manera de conocer los encantos de este restaurante especializado en cocina mediterránea con casi 30 años de recorrido, avalado por crítica y público, y con unas fantásticas vistas al volcán.
Texto y fotos de Laura Conde de Gastronomistas.com
+ infoCarcasona inspiración medieval
Situada en el centro del triángulo que conforman las ciudades de Toulouse, Montpellier y Barcelona se encuentra esta espectacular ciudad amurallada que hace las delicias de todo aquel que la visita. No en vano, en 1997 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y es uno de los principales atractivos turísticos de la región del Languedoc, y por extensión de Francia, llegando a atraer unos 4 millones de turistas al año. A continuación te desvelamos las claves que han convertido a Carcasone en un lugar a visitar.
Importante enclave estratégico
Su estratégica ubicación, en una colina sobre el valle del río Aude que le permitía la vigilancia de rutas tan importantes como la que unía la Península Ibérica con el resto de Europa, y el Atlántico con el Mediterráneo la convirtió en lugar clave durante siglos. Ya en época preromana era un importante centro de intercambio comercial, que con el tiempo sería codiciado por galos, romanos, encargados de construir la primera muralla de la ciudad antigua, visigodos, musulmanes, hasta acabar transformándose en cuartel del ejército real francés.
Recorriendo la Cité
La huella de todo ese pasado como centro estratégico se encuentra localizado en la zona alta de Carcasona, en lo que se conoce como la Cité, y en el que está emplazado el antiguo recinto amurallado. Y es en el recorrido por el interior de este espacio donde el visitante se verá totalmente transportado a otra época. La Cité se encuentra protegida por una doble muralla, la interior de época gala, romana y visigoda, y la exterior, mucho más robusta y coronada por catorce torres, edificada a partir del siglo XIII. Una vez dentro, lo mejor es perderse por sus calles y dejarse llevar por el espíritu medieval que emanan. Entre los lugares más destacados se encuentran el Castillo Condal, situado en el oeste de la ciudad, adosado a la muralla, cuyo interior se puede visitar, y la Basílica de Saint-Nazaire, de época románica. Tampoco dejéis de recorrer el antiguo puente (Pont-Vieux) que atraviesa el Canal du Midi, uniendo la Cité con la zona baja de Carcasona.
Algunos extras por el camino
Este viaje al pasado que supone pasear por las calles de la antigua Carcasona quedará perfectamente complementado con una parada gastronómica en alguno de los locales que hallarás en tu camino. Tomarse un buen vaso de vino, a poder ser de Corbieres, que es la denominación local, acompañado de confit de pato o de cassoulet (guiso de alubias típico de la zona) es el extra perfecto que redondeará tu visita a esta ciudad.
Viollet-le-Duc, el otro gran protagonista de Carcasona
Gran parte del atractivo de Carcasona versa en la figura del arquitecto, arqueólogo y escritor francés Viollet-le-Duc, y de la singular a la par que polémica “restauración” que llevó a cabo de la Cité a mediados del siglo XIX. Hay que tener en cuenta que la zona amurallada de Carcasone, tras el Tratado de los Pirineos en1659 quedó totalmente abandonada, siendo lentamente corroída por el imparable paso del tiempo. Tal era su estado de degradación que se llegó a plantear su destrucción, pero finalmente, y por petición popular, se procedió a su remodelación, y para ello se recurrió a una de las figuras más importantes en ese momento, Viollet-le-Duc.
Más que ante una restauración como la entenderíamos en la actualidad, lo que el visitante se encuentra es con una reconstrucción de la ciudad antigua a la que se le ha incorporado algún que otro retoque de carácter romántico ideado por el propio Viollet-le-Duc. En realidad hizo lo que estaba en boga en ese momento en lo que al campo de la restauración se refiere, aunque con posterioridad han sido muchos los expertos que han criticado dicha labor. Aún así, hay que reconocer que el resultado no desentona tanto, y logra sumergir al visitante en esa época que el arquitecto intentó plasmar con su interpretación del pasado medieval.
Reserva tu Vueling a Toulouse, que se encuentra a apenas 100 kilómetros de Carcasona, y aventúrate a viajar en el tiempo tras las murallas de esta maravillosa ciudad fortificada del Languedoc.
Texto de Los Viajes de ISABELYLUIS
Imágenes de Tournasol7
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Recorriendo la Granada de Lorca
Federico García Lorca, poeta, dramaturgo y prosista, integrante de la Generación del 27, es indudablemente una de las figuras más relevantes de la literatura española del siglo XX a nivel internacional. A él le debemos obras magníficas como el Romancero gitano, Poeta en Nueva York, Bodas desangre, La Casa de Bernarda Alba y Yerma, entre otras. La biografía de Federico García Lorca está estrechamente ligada a la ciudad de Granada y a algunos de los pueblos de la vega granadina. Al igual que éstos dejaron huella en su obra, también Lorca parece perdurar en el tiempo en estas tierras. A continuación te invitamos a realizar un viaje tras los vestigios de tan magnánimo artista.
Abriendo la ruta lorquiana está Fuente Vaqueros, un pequeño pueblo situado en la Vega de Granada, que es el lugar donde nació nuestro protagonista. Su casa natal, situada en el número 4 de la calle García Lorca, ha sido convertida en museo, y nos permite hacernos una idea de cómo fueron sus primeros pasos.
Muy cerca de Fuente Vaqueros se encuentra Valderrubio que, además de ser el primer pueblo de Europa donde se sembró el tabaco rubio traído de América, fue lugar de vacaciones de la época de niñez y de juventud de Lorca. Entre los lugares a visitar destaca la casa de Bernarda Alba, situada en la calle de la Iglesia, y vecina a la de la familia García Lorca. Como bien habrás podido adivinar, serviría de inspiración en una de sus obras de teatro más aplaudidas y que mejor refleja la España profunda, La Casa de Bernarda Alba. La antigua casa familiar ha sido transformada en Casa Museo y en ella se pueden encontrar algunos objetos del poeta.
En 1909 la familia de Lorca se muda a Granada, y es allí donde continua esta ruta. Su primera vivienda en la ciudad estaba en el número 50 de la Acera del Darro, y la segunda en el número 31 de la Acera Casino. En 1914 empieza sus estudios de Filosofía y Letras y Derecho en la Facultad de Granada, y es en esta misma época cuando comienza a frecuentar uno de los espacios más celebres dentro del mundillo de los jóvenes intelectuales, el café Alameda –hoy en día convertido en el restaurante Chikito-. En él se reunía la tertulia “El Rinconcillo”, grupo formado por artistas de diferentes disciplinas, y cuyo objetivo era el de renovar culturalmente la ciudad. El Centro Artístico y Literario de Granada (CALC) y El Polinario –famoso tablao flamenco- también fueron espacios frecuentados por el artista.
Fruto de esos encuentros surge la amistad con Manuel de Falla, uno de los miembros del “El Rinconcillo”, junto con el que acabará organizando el primer concurso del Cante Jondo de Granada, el primero también realizado a nivel nacional, que se celebró en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra.
A dos kilómetros de Granada se encuentra la penúltima parada de este recorrido, que nos lleva hasta la Huerta de San Vicente, casa de veraneo de la familia entre 1926 y 1936. Rodeada por un bello parque, se convirtió en lugar de retiro para Lorca, y es aquí donde acudía a inspirarse, relajarse y escribir. También es aquí donde pasaría los últimos días de su vida. En la actualidad la casa ha sido transformada en la Casa-Museo de Federico García Lorca, que contiene muebles, objetos y fotografías de Lorca.
Con el estallido de la Guerra Civil, en el verano de 1936, Lorca se ve obligado a refugiarse en casa de la familia del poeta Luis Rosales, aunque ello no impedirá su detención el 16 de agosto de 1936. El punto y final a nuestro recorrido por el universo lorquiano granadino está en un olivar entre Vízcar y Alfacar, en el que la madrugada del 18 de agosto Federico García Lorca sería fusilado. Hoy en día este parque ha sido bautizado con el nombre del poeta, y en él hay un monolito en memoria a todas las víctimas de la represión franquista en la Guerra Civil.
Anímate a coger tu Vueling a Granada y marcarte una ruta tras los pasos de Lorca.
Texto de Los Viajes de ISABELYLUIS
Imágenes de Alfons Hoogervorst, John Levin
+ info5 cosas que hacer con vuestros hijos en Nantes
Por Valentina Besana de Be Road
He pasado 48 horas en Nantes con mi pareja y nuestro hijo de dos años. Esta encantadora ciudad del Loira ofrece una gran variedad de divertidas opciones que cumplen las expectativas de adultos y niños.
1. Las máquinas de la isla
Un museo único que fascinará a padres e hijos de todas las edades. Este proyecto cultural está basado en la fusión de los mundos fantásticos imaginados por Julio Verne (autor de Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino y La Vuelta al Mundo en 80 Días, nacido en Nantes), el universo mecánico de Leonardo da Vinci y la historia industrial de Nantes.
Una de las características más sorprendentes de la exposición es el elefante mecánico gigante que se mueve por el museo y sobre el que es posible dar paseos de media hora, aunque creo que es igualmente interesante verlo caminar desde el suelo. ¡Ah! Tened cuidado si os acercáis demasiado al elefante, ya que pulveriza agua por la trompa y podéis acabar dándoos una ducha inesperada. En el interior del museo hay otros animales mecánicos con unos detalles muy cuidados: orugas, pájaros y varios insectos.
También es fascinante el gran “tiovivo del mundo submarino” situado en el exterior (a unos 25 metros del suelo) y al que podéis subiros con vuestros hijos. Frente al museo hay un parque con columpios y toboganes. El museo se encuentra en la antigua zona de los astilleros, a la orilla de río Loira, y podéis llegar rápidamente desde el centro de la ciudad en tranvía (número 1) o dando un agradable paseo.
Si tenéis hambre, en lugar de comer algo en la cafetería del museo, que no tiene mucho que ofrecer, mi sugerencia es que caminéis un poco hasta la zona llamada “Hangar à Bananes”, donde encontraréis varias cafeterías con deliciosos crepes y pasteles.
2. Centro histórico de la ciudad con chocolate y juguetes de madera
Es muy agradable pasear por el precioso centro histórico de Nantes, que puede recorrerse por completo a pie. Recomiendo pasar por la calle peatonal Rue de Verdan, donde encontraréis una distintiva panadería (“Boulangerie Simon”, en el número 19) en la que podréis adquirir saludables tentempiés para vuestros hijos y, unos pasos más adelante, en el número 23, una típica chocolatería francesa que os pondrá de buen humor (Lambert Chocolaterie). Los que deseen comprar ropa de bebé de diseño no deben perderse “Drom”, una preciosa tienda en el número 31 de Rue de Verdan que vende peleles, vestidos y todo tipo de accesorios.
Y si vuestros hijos se aburren, frente a la tienda de ropa está “Le Bonhomme de Bois”, una maravillosa juguetería repleta de ideas originales y juguetes de madera.
3. Chateau des Ducs de Bretagne
Un precioso castillo de estilo medieval-renacentista construido entre los siglos XIII y XVI. Cuando empieza a oscurecer, la fachada brilla con magníficos espectáculos de luz. Durante el día es posible recorrer el interior del castillo, pero también está bien pasear por el patio, mirar por el gran pozo y dar de comer a los numerosos patos que han hecho de esta zona su hogar. El castillo está situado en el centro, cerca del barrio de Bouffay, el lugar ideal para comer algo (punto 5).
4. Le Nid, aperitivo con vistas
Este lugar no es específico para niños, pero a nuestro hijo le gustó. Se encuentra en el último piso (trigésimo segundo) de la Torre de Bretaña, con unas impresionantes vistas de 360° de la ciudad. El nombre no es una simple coincidencia, en el interior se encuentra una gran escultura de una cigüeña y sillas en forma de huevo que hacen las delicias de los visitantes más jóvenes. Nuestra sugerencia es que disfrutéis de la vista y toméis algo para beber, pero no para comer: probamos los bagels… ¡y estaban muy fríos!
5. Crepes dulces y salados en Bouffay
Viajar al extranjero con niños y decidir qué darles de comer puede ser bastante complicado. ¿Pero qué puede ser mejor que un delicioso crepe? Es un plato equilibrado y nutritivo con un relleno de nuestra elección. En Nantes, la mezcla que se utiliza para los crepes salados está hecha de harina de trigo sarraceno (se llaman Galettes). Por ello, son más oscuros que los que estamos acostumbrados a ver, pero igualmente deliciosos. Los crepes dulces están hechos con la mezcla tradicional, son muy finos y también pueden rellenarse con lo que queráis. Hay muchas creperías en el barrio de Bouffay, en el centro de Nantes, y no es fácil decidirse por una. Nosotros probamos la Creperie Jaune por casualidad, y nos quedamos muy contentos con nuestra elección.
Por Valentina Besana de Be Road
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