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El camino de Santiago más refrescante

El recorrido marítimo-fluvial por la Ría de Arousa y el río Ulla conmemora la llegada a Galicia, por mar, del cuerpo del Apóstol Santiago El Mayor, después de su martirio en Jerusalén en el año 44. Santiago fue pescador de Galilea, apóstol de Cristo y evangelizador de Occidente. Herodes ordenó su asesinato en el año 44.

Sin duda éste es uno de los caminos más singulares de cuantos existen de peregrinación a Santiago. No es un Camino cualquiera ya que se realiza en su mayoría en barco, disfrutando de la magnífica Ría de Arousa. Luego, el tramo que se hace caminando es de apenas 26 km, que son los kilómetros que separan Pontecesures del punto sagrado de llegada en Santiago de Compostela.

El Camino del Mar

Iniciamos la ruta en la pequeña población pesquera de O Grove. Aquí podemos encontrar barcos turísticos que realizan gran parte del recorrido con paradas en las bateas de mejillón y degustación incluida. Pero, si lo que buscas es una aventura mucho más auténtica, lo mejor es tratar de llegar a un acuerdo con algún pescador para hacer el recorrido en una embarcación pequeña. Ésta es la mejor manera de conocer las mil historias de un camino conocido en el mundo entero. Gracias al escaso calado de la embarcación, conseguir alcanzar el bonito pueblo de Pontecesures no es tarea difícil. Se aconseja remontar la ría durante la pleamar – marea alta-.

Los primeros compases del recorrido son increíbles, pasando justo al lado de las mariscadoras que rebuscan almejas y nécoras a la orilla de la ría. Después se navega entre las bateas de mejillones, una auténtica maraña de plataformas flotantes bajo las que se adivinan grandes cargamentos de deliciosos moluscos. A partir de la isla Cortegada, una serie de cruceiros colocados en islotes o a orillas del estuario del Ulla marcan el camino, atravesando las míticas Torres de Oeste en Catoira y los espacios naturales de las Brañas de Laíño, hasta llegar a Padrón para desde aquí continuar hacia Compostela.

¡Pies!, ¡Os necesito!

Las torres semiderruidas de la fortificación de Catoira marcan el final de la ría más marítima. Las orillas se acercan una a la otra a partir de aquí, como si se tratase de un río. La navegación hasta Padrón es imposible desde las recientes obras de canalización del río Sar, pero por el Ulla se puede llegar hasta Pontecesures, nuestro punto de desembarco. Antiguas tradiciones cristianas, reformadas por textos medievales, aseguraron que después del martirio, algunos discípulos de Santiago recogieron su cuerpo decapitado y que lo trasladaron a través de todo el Mediterráneo y de la costa atlántica ibérica hasta Iria Flavia, en las proximidades de la actual villa de Padrón. Hicieron la travesía en la célebre “barca de piedra”, que quizás sería una de las naves preparadas para el transporte de minerales que unían Galicia con otras zonas del Imperio Romano. En la iglesia de Santiago de Padrón se conserva el Pedrón. La tradición cuenta que en esa piedra se amarró la barca del Apóstol después del largo viaje.

Padrón es una villa moderna. La barca fue atada a una piedra, “o Pedrón”, en realidad un ara romana que se puede ver bajo el altar de la iglesia de Santiago. Padrón, con el nombre de Iria Flavia, fue una de las grandes metrópolis romanas de Galicia. Encontraremos también recuerdos de Santiago en la Fuente de Santiago y en Santiaguiño do Monte, donde una ermita y unos conjuntos megalíticos recuerdan la primera predicación del Apóstol. Esta ruta marítima también era seguida por los portugueses, que la celebraban, precisamente, como la misma que siguieron los discípulos trayendo las reliquias de Santiago.  

¿A qué esperas para disfrutar de esta ruta marítima que llega a Santiago de Compostela penetrando por la Ría de Arousa? Consulta nuestros vuelos aquí.

Texto de ISABELYLUIS Comunicación

Imágenes de Turismo de Galicia, Turismo de Santiago

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Dos horas en Hamburgo

Por Marlys y Michael de Easy Hiker

Seamos completamente honestos sobre este asunto: lo mejor del billete de movilidad nacional de un día de Deutsche Bahn (el billete “Quer-durchs-Land” or QdL, abreviado) es que es muy barato. Viajar en cualquier tren regional de Alemania por 48 euros para dos personas es una oferta imbatible.

Los trayectos tardan un poco más que los trenes rápidos IC, eso es cierto, y los recorridos pueden ser un poco más enrevesados, pero eso también puede ser una ventaja.

Recientemente, cuando volvíamos de una excursión en Mecklenburger Seenplatte, aprovechamos la oportunidad de dividir lo que hubiera sido un largo viaje en tren e hicimos una parada de dos horas en Hamburgo. Dos horas en Hamburgo no es mucho para una ciudad tan grande, la más grande de Alemania después de Berlín, pero ya habíamos estado varias veces y sabíamos adónde ir. Al final, nos sorprendió la cantidad de lugares fundamentales de la ciudad que pudimos visitar.

Desde la estación central de trenes, fuimos directamente (por Mönckebergstraße) hacia el llamado Binnenalster, la zona más elegante de Hamburgo. A lo largo de su orilla se encuentran los mayores bancos privados de Alemania, los hoteles más caros y los restaurantes más lujosos.

El enorme y opulento edificio al sur del lago artificial es el Ayuntamiento de Hamburgo, construido en el siglo XIX, con el gusto por la ostentosidad y la grandeza típico de la época.

Paseamos a lo largo del canal de Alsterfleet, por debajo de las columnatas de Alsterarkaden, giramos a la derecha en Stadthausbrücke y nos dirigimos hacia la Iglesia de San Miguel, principal punto de referencia de Hamburgo desde que fue construida en el siglo XVII. Es famosa, entre otras razones, porque fue el primer edificio de la ciudad que muchos de sus visitantes podían divisar desde el mar.

La iglesia puede parecer algo austera desde el exterior, pero su interior es tan hortera como un teatro del West End. (La entrada es gratuita, pero se anima al visitante a donar 2€ antes de salir. Otra opción es sortear a la corpulenta señora que vigila la puerta de salida, aunque probablemente lo mejor es esperar a que algún otro turista la distraiga con una pregunta. Bueno, eso fue lo que yo hice).

La calle situada a la derecha de la iglesia te lleva directamente a San Pauli: Reeperbahn, Star Clu, etc. (Desgraciadamente no tuvimos tiempo para eso).

En cambio, salimos de la iglesia y giramos a la izquierda, pasamos las modernas oficinas de Gruner & Jahr, una de las firmas publicitarias más importantes de Alemania, y nos dirigimos hacia el puerto, uno de los diez mayores del mundo.

Giramos a la izquierda para dirigirnos al Speicherstadt (“ciudad almacén”), mi parte favorita de Hamburgo y una de las mejores obras de ingeniería arquitectónica de Europa del siglo XIX, grandiosa y elegante al mismo tiempo, una mezcla entre Venecia y los antiguos muelles de Londres. Los edificios, por supuesto, eran almacenes, pero en la actualidad están principalmente ocupadas por compañías de teatro, museos y atracciones turísticas, como el “Hamburg Dungeon”.

Podía haber dedicado el resto del día a pasear de canal en canal, pero no había tiempo para ello. Tomamos el metro de vuelta al centro de la ciudad (si tienes un Länderticket o un billete QdL, también puedes viajar gratis en el metro y los trenes S-Bahn) y llegamos con tiempo suficiente para disfrutar tranquilamente de una taza de café al aire libre bajo el sol de abril en Mönckebergstraße, la principal calle comercial de la ciudad, a 5 minutos de la estación central de trenes.

Por Marlys y Michael de Easy Hiker

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En busca de las mejores ostras de Francia

A escasos 50 kilómetros de uno de los monumentos más visitados de Francia, el Mont Saint-Michel, y muy cerca de otra parada turística de rigor, Saint-Malo, se encuentra Cancale, que guarda una joya gastronómica muy especial en su haber. Y es que en este pequeño pueblo de la Bretaña francesa se encuentran las que son conocidas como las mejores ostras de Francia. Hay incluso quien se ha aventurado a decir que son las mejores del mundo. Sea cual sea su lugar en el ranking de esta delicatesen, lo que está claro es que son conocidas a nivel mundial y que son un majar por el que bien merece la pena hacer una pequeña parada en el camino.

Se dice que los romanos fueron los primeros en detectar la gran calidad que se escondía en las ostras aquí encontradas, y muchos siglos después Luis XIV y Napoleón las tenían entre sus favoritas, y no todo esto no es por casualidad. Al igual que el sabor del vino es un reflejo de la tierra de la que proceden sus uvas, en el caso de este preciado molusco sucede algo similar, siendo un condicionante muy importante el lugar en el que están ubicadas. Según se sabe, en toda esta zona de la costa norte de la Bretaña francesa habría muy buenos nutrientes, de ahí su especial sabor.

Cancale, pueblo en el que la pesca ha sido su principal fuente económica durante siglos, en la actualidad vive volcado al cultivo de las ostras. Una visita al mismo te permitirá ver en directo las bateas, y lo que es más impresionante, cómo es el ritual de recolecta. Eso sí, ten en cuenta que la marea facilitará o impedirá que puedas ver tan interesante espectáculo, así que tenlo presente a la hora de planificar el viaje. En el caso de que con esto no tengas suficiente, y que quieras volver siendo un experto en la materia, siempre puedes visitar la Ferme Marine de Cancale, un espacio expositivo en el que podrás aumentar tus conocimientos sobre estos preciados moluscos y sobre estosjardineros del mar.

Pero a Cancale no sólo se viene para aprender de ostricultura, sino que también se viaja para catar sus exquisitas huîtres (ostras).En el mismo puerto, al lado del faro de la Pointe des Crolles hay una serie de puestos donde te puedes hacer con una buena ración de estos pequeños manjares, y comértelos allí mismo, a pie de playa. Tienen de múltiples clases –la plana es la más apreciada en la zona- y precios, y en el caso de que quieras, las puedes acompañar de limón y solicitar que te las abran.

En el caso de que seas de los que prefieren comer las ostras u otras delicias marinas más cómodamente sentado, en el mismo paseo marítimo hay varios restaurantes donde darse a este placer, y donde una buena ración de marisco suele salir bastante bien de precio. Un clásico a pedir son los mejillones con patatas fritas, muy típicos de la zona.

Para aquellos que busquen una experiencia gastronómica diferente y, sobre todo, tengan una cuenta corriente abultada, esta es tierra del popular chef Olivier Roellinger. Muy cerca de Cancale, en el Château Richeux, se encuentra Le Coquillage, un magnífico restaurante donde día a día demuestra por qué en su día llegó a ser un tres estrellas Michelin –a las que renunció-, y por qué su cocina sigue siendo exquisita. Y sí, como bien has intuido, las espectaculares ostras de Cancale están en su menú.

Y ahora que ya tienes localizado el lugar donde se encuentran las que dicen ser las mejores ostras de Francia (y del mundo), sólo te queda coger tu Vueling a Rennes –está a menos de una hora en coche de Cancale- y disfrutar de tan exquisito manjar.

 

Texto de los Viajes de ISABELYLUIS

Imágenes de Julien Barrier, sam.romilly

 

 

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Los encantos de Fez

Fez, la ciudad laberinto de Marruecos, es una de las más antiguas del país y que mejor conserva su autenticidad y su exotismo, con una arquitectura prácticamente inalterada desde hace siglos. Lo que quizás más llama la atención de esta ciudad magrebí es su condición menos turística y masificada, sobretodo en comparación con su vecina Marrakech. Y por eso mismo, posee un encanto especial que permite sumergirte de veras en la realidad cultural de sus gentes, sin esa sensación de agobio provocada por los mercaderes y buscavidas que en otras ciudades marroquíes pueden llegar a asfixiar al viajero.  Sin duda, no habremos conocido Fez en su máximo esplendor si no nos adentramos en los siguientes lugares:

1.- Medina Fes el-Bali

El punto álgido de nuestro viaje a Fez se halla precisamente en el laberinto que conforman los más de ciento cincuenta barrios de Fes el-Bali con sus respectivas callejuelas y más de mil derbs o callejones sin salida. No es de extrañar que esté protegida por la UNESCO desde 1967, ya que además de tratarse de la zona más antigua de la ciudad, atesora algunos de los monumentos más emblemáticos. Antiguamente y por ley, cada barrio debía disponer obligatoriamente de una mezquita, una escuela coránica, una panadería, una fuente y un hammam. El Mausoleo de Mulay Idris y la mezquita Al Karaouine conjunto con las escuelas coránicas Attarine y Bou Inania, hacen gala de una arquitectura exquisita que merece la pena ser observada. Está permitido el acceso a no musulmanes a esta última, Bou Inania, aunque tendrán vetadas las salas de oración. 

Perdernos por los grandes mercados de las calles Talaa Kebira y Talaa Seguira, pasando por las bellas plazas Nejjarine y Seffarine, y conocer de cerca el zoco de los curtidores son algunas de las experiencias imprescindibles para sentirnos como auténticos fecíes. Aquellos con ganas de aprender los trucos de la gastronomía marroquí, podréis hacerlo a través del Riad Tafilalet, cuyo chef Lahcem Beqqui, es uno de los más reputados del país. De esta forma, además de impartiros unas lecciones de cocina tradicional, también se os llevará al mercado para enseñaros dónde buscar los mejores productos. Después de esta sesión, hasta podréis preparar en casa una cena de lo más exótica y lograda a base de harira, tagine o cuscús.

2.- Medina Fes el-Jdid

La Medina Fes el-Jdid o la Nueva Medina fue levantada por la dinastía Merindia en el siglo XII, fuera del casco antiguo. Ésta está repleta de palacetes con patios andaluces, jardines, mezquitas y nuevos zocos, pero sobretodo lo que la hace más interesante es el ostentoso Palacio Real de puertas doradas, cada cierto tiempo limpiadas con una curiosa mezcla a base de jugo de limón, sal y vinagre. El Mellah o barrio judío,que se erige en pleno corazón de Fes el-Jdid y junto al palacio, ofrece también un elevado atractivo gracias a su mercado de la Grand Rue, al Boulevard Bou Ksissat y al contraste de las fachadas y balcones encarados al exterior con la arquitectura musulmana tradicional, en la que prima la privacidad.

3.- La Ville Nouvelle

Para completar nuestro recorrido por Fez, no debemos olvidar de visitar la Ville Nouvelle, la parte más nueva de la ciudad y construida a raíz del proteccionismo francés durante el siglo XX. Los más urbanitas disfrutarán de esta zona reservada a los lugareños con mayor poder adquisitivo, con su paso por la Avenida de Hassan II y por el Boulevard Mohammed V. Un sinfín de bares con terracitas glamourosas, restaurantes de todo tipo, heladerías y pastelerías con encanto llenan las calles de la Ville Nouvelle de movimiento. Resulta ideal para tomar el clásico té a la menta con unas pastas típicas para reponer fuerzas después de una tarde de compras.  Un sitio que merece la pena descubrir!

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Imagen de NaSz451

Texto por Blanca Frontera

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