Lost & Found en Londres
My Vueling City y Mondo Sonoro, unirán fuerzas durante los próximos meses con la publicación de una serie de posts, en ambos medios, que se centrarán en aspectos musicales y de cultura pop de algunos destinos Vueling. Y hemos iniciado esta colaboración, como no podría ser de otra manera, en Londres, la cuna de la música pop. Para esta cita inaugural decidimos acompañar a Joan S. Luna, redactor jefe de esta veterana revista musical, durante un fin de semana. Fueron dos días intensos, en los que hubo tiempo para todo: gastronomía variada, desde española gourmet pasada por el filtro inglés, a cocina fusión -pasando también por fast food de cuestionable excelencia-; cómics; largos paseos por Bankside, Oxford Street y Dalston -el barrio que está apuntando maneras para convertirse en el nuevo Soho de la capital británica-; desorientación con múltiples momentos de pérdidas en su laberíntica red de transportes públicos; y por supuesto algo de fiesta. Vamos a desgranar lo que dio de sí, las apenas 40 horas que estuvimos en Londres.
La previa
Nos plantamos en la mega city el viernes por la tarde, que con el cambio de hora era más noche que tarde. Era un típico día londinense, con frío y lluvia con intensidad variable. Pero todo eso nos dio igual. Íbamos a encontrarnos con el crew Mondo Sonoro en magnífico restaurante Ibérica Victoria, el último en llegar a la familia de los establecimientos Ibérica, que tanto están dando que hablar en Londres y Manchester. Aquí fue donde tuvimos el primer contacto con Joan S. Luna, el protagonista de este post. Para él fue “un verdadero placer disfrutar del fantástico menú que presenta Ibérica. Trato cercano, comida de calidad y una decoración que sorprende desde el primer instante”. La verdad es que el interiorismo llama mucho la atención”. Y es cierto, la barra de recepción está coronada por una especie de nube a base de todo tipo de cachivaches de cocina. El restaurante está diseñado por el arquitecto Lázaro Rosa Violán, de Estudios Contemporain de Barcelona. Aquí se puede comer la mejor gastronomía española, eso sí con un toque inglés. Hay que tener en cuenta que el 95% de los comensales son autóctonos. El chef ejecutivo es nada menos que el dos estrellas Michelin Nacho Manzano. La cocina está dominada por las carnes y sus tapas elaboradas. No te puedes perder sus croquetas caseras -Marcos Fernández, el Managing Director de Ibérica nos dijo que el secreto está en el hecho de tener a un cocinero trabajando exclusivamente en ellas-. También recomendamos el cordero cocinado dos veces (twice cooked lamb), marinado con cerezas, tomates y pimientos rojos de El Bierzo. Con el estómago lleno, lo mejor era retirarse para coger fuerzas de cara a la jornada de sábado que sabíamos iba a acabar a altas horas de la madrugada.
Un día hipster cualquiera
Londres sigue estando en la vanguardia de la cultura popular europea desde los años sesenta. A lo largo y ancho de la ciudad proliferan barrios que actúan de verdaderas incubadoras de tendencias. Aquí se decide que será lo másinen las próximas semanas. Hace poco el estilo de moda consistía en dejarse la barba, volver a la vida tradicional, y rendirse a los interiorismos vintage… Así que, ahora ¿quien sabe?, quizá el coleccionar sellos se convierta en un must de lo más hipster.
Nosotros decidimos empezar con un poco de cultura pop, por lo que fuimos a pasar la mañana a la Tate Modern donde vimos la expo The World Goes Pop. “Más que las obras expuestas en si mismas, fue toda una sorpresa descubrir la cara más o menos oculta de lo que fue el boom del Pop Art o cómo su onda expansiva dio frutos en países como España, Polonia o Japón”, comenta Joan tras salir del impresionante edificio, antigua central de energía construida en los años cuarenta. Luego nos dimos un paseo por Bankside, donde nos topamos con uno de los múltiples mercados navideños de la ciudad. “Bankside me resulta un barrio de lo más atractivo. Uno se pierde en sus calles y piensa en si realmente está en una gran ciudad o en una pequeña población costera”.
Tarde variada
Tras la comida, fuimos a satisfacer una de las grandes aficiones de Joan: el manga, los cómics y la ciencia ficción. Así que nos plantamos en la estación de Tottenham, y tras perdernos por enésima vez (esta vez en Oxford Street), conseguimos llegar a ese templo del entretenimiento de culto, la tienda friki por excelencia, Forbidden Planet. “Éste es, sin duda, uno de los puntos clave a visitar por cualquier aficionado a los cómics o la literatura fantástica. Referencia ineludible en su momento, quizás haya perdido parte de su importancia al haber nacido tiendas de características similares en otras ciudades del mundo, pero pese a ello, una cita divertida y en la que el tiempo pasa volando”. Y ciertamente así fue. Seguidamente pasamos por Denmark Street y alucinamos con las numerosas tiendas de instrumentos musicales -incluso había especializadas en bajos-. Luego pusimos rumbo a Dalston, el nuevo barrio canalla de la ciudad. Dalston es una calle fea, no esperéis nada bonito. Está lleno de restaurantes turcos que hacen shawarmas a la brasa. Pero es conocido por su movida nocturna, y como por ser una de las zonas gay. “Dalston fue una sorpresa descubrir cómo un barrio periférico (¿o una pequeña ciudad satélite de Londres?) empieza a crecer y a ofrecer una oferta nocturna y cultural a tener en cuenta”. Tiene mil antros de mala muerte, que consisten en sótanos estrechos y colas muy largas para entrar. Tras darnos una vuelta, decidimos refrescar el gaznate en The Victoria. “Fue toda una sorpresa enclavada en pleno Dalston. Programación de lujo a base de DJs de estilos diversos y conciertos underground a tener muy en cuenta. Añádanle a eso su oferta de cervezas de tirador de países diversos”. Asimismo estuvimos genialmente atendidos por David García, responsable de sala.
Viviendo la noche londinense
De allí, nos fuimos a cenar a The Richmond, “un restaurante en el que nada falla, desde el inicio de la cena con cócteles de lo más agradable hasta una oferta de platos curiosos y muy bien elaborados”. Efectivamente. Y llamó la atención que algunos de los cócteles jugasen con el nombre de grupos. El que más nos gustó fue el Sage Against the Machine a base de Wolfschmidt Kümmel, Cocchi Americano, lima fresca y savia. De los platos que probamos os recomendamos el de ternera de Galloway madurada durante 35 días con aros de cebolla en escabeche y médula ósea. Tras el festín y el excelente trato por parte de Vanita Prasad, el metre del local, nos fuimos corriendo hacia The Scala, “una de las multi salas más emblemáticas de Londres en las que los ambientes se complementan a la hora de ofrecer programaciones diversas. Allí he visto conciertos que todavía recuerdo”. Rememora Joan. El caso es que se celebraba la última Mega Spanish Party del 2015, organizada por Rock Sin Subtitulos Productions Ltd., una promotora especializada en llevar a Londres, artistas españoles. Precisamente Joan S. Luna iba a pinchar en la fiesta los mejores hits alternativos de aquí y de allí. La noche acabó bien, con la sala abarrotada y con la satisfacción de haber exprimido al máximo nuestra breve estancia en Londres.
Recomendaciones
Te aconsejamos sobre todo que lleves a mano un mapa (preferiblemente analógico, sino quieres desesperarte buscando zonas de free Wi-fi para seguir la APP de google Maps desde tu móvil). Londres es una ciudad megalítica que sigue un planteamiento urbanístico, digamos que particular. Si te mueves a través de su red de transporte público, deberás sacarte una licenciatura previa, porque su usabilidad es solo para avanzados. Os aconsejamos ir sin prisas a los sitios, porque es muy probable que os perdáis en algún momento, o que consumáis algo de tiempo tratando de ubicaros. Si vais para un fin de semana o pocos días os recomendamos comprar la tarjeta Oyster. Es un billete recargable, que sin duda es la manera más rápida, cómoda y rentable de pagar por viajes sencillos en autobús, metro, DLR, tranvía, Thames Clippers, el Emirates Airline y la mayoría de los servicios ferroviarios de National Rail a precio barato. Otra manera económica y eficaz de moverte por la city es mediante Uber London, una alternativa a los taxis, que ofrece una mayor flexibilidad. Con la aplicación para móvil es posible localizar a los vehículos más cercanos calcular el tiempo estimado de recepción del mismo, así como la tarifa de la carrera y su tiempo de realización. Además queda constancia de todo, por si fuera necesaria una reclamación.
Concluyó pues la primera de las experiencias conjuntas entre My Vueling City y Mondo Sonoro. La próxima parada la tendremos en 2016. Sin duda la música volverá a ser la excusa del próximo post. Pero ¿adonde iremos? París, Manchester, Berlín, Ibiza… Mantente atento, que pronto lo sabrás.
¡Ah! y si quieres disfrutar de todos estos lugares de Londres, no esperes un minuto, y consulta nuestros vuelos aquí.
Texto de ISABELYLUIS Comunicación
Imágenes de ISABELYLUIS Comunicación, Wikipedia Commons, Ibérica Food & Culture Ltd.
+ infoDiez lugares donde comer y beber en Moscú
Es curioso lo que ocurre en Moscú con las cosas del comer. Suele ser mucho mejor la comida, salvo excepciones, en lugares económicos y sin excesivos alardes que en locales de pretendido postín. ¿Los motivos? Podríamos extendernos en una divagación histórico-político-estético-cultural-existencial que nos llevaría de los zares a Lenin, pasando por la Guerra Fría, para acabar sumidos en una reflexión sobre el particular criterio estético post-Perestroika de una buena parte de la Rusia pudiente, aquellos nuevos ricos de Yeltsin ya felizmente instalados en el capitalismo: esa aversión al minimalismo, ese legendariohorror vacuiruso que se refleja en buena parte de la moda, la arquitectura y, claro, la gastronomía.
Apliquemos, pues, el menos es más, esa frase con tan pocos amigos en Rusia, y ganaremos la batalla gastronómica en una ciudad tan fascinante como hostil, sobrecogedoramente bella, tan diferente a la imaginada. Una ciudad a la que hay que ir con todos los sentidos bien despiertos, con esa necesidad de entenderlo todo que es el motor de cualquier viaje, y con la disposición para aguantar algún que otro berrido en ruso por parte de personas de todas las edades y condiciones que dedican toda la energía de la que son capaces de hacer acopio a dejarte claro desde el primer momento que te detestan, a ti y a todo lo que representas.
Y una vez has pasado frío, has sido objeto de los más variopintos alaridos en ruso, te has paseado por esas inmensas avenidas diseñadas para tanques y no para personas, una vez has comprobado atónito que en muchas cosas Moscú se parece más a Londres que a Moscú, entonces te das cuenta de que te vas a ir de allí habiendo entendido, al fin, un poco mejor el siglo XX. Y constatas que nadie a quien no hayan chillado muy fuerte en ruso al menos una vez en su vida está en condiciones de emitir ninguna opinión sobre lo que ha representado el pasado siglo, ni sobre la herencia que nos ha dejado ni, en definitiva, sobre quiénes somos.
Y mientras dedicábamos largas e interminables horas de caminata a la reflexión existencial, también comíamos. A veces asombrosamente mal, en locales generalmente pseudo modernos, y otras, las que nos ocupan, muy bien, en restaurantes mucho más modestos. Con todos ustedes, nuestros diez restaurantes preferidos de Moscú:
1. Caffe del Parco (Via di Camaldoli, 7)
Atención 'hipsters'. Este va a ser vuestro restaurante favorito de Moscú, que se halla en el que va a convertirse sin duda en vuestro barrio de referencia, el Octubre Rojo, junto al río, una suerte de Williamsburg-Malasaña-Shoreditch versión rusa aún por acabar de hilvanar, pero claro, ahí está la gracia. No hay todavía muchos locales, pero sí alguna tienda interesante, una librería y un buen número de restaurantes de mobiliario reciclado, copeo, DJs y ambiente nocturno. Caffe del Parco, recién abierto por un siciliano afincado hace años en Moscú, es un bonito y minimalista restaurante-cafetería donde se recuperan las recetas de la nonna y en el que hemos tenido la suerte de comer uno de los mejores risottos de nuestra vida. Una más de las mil paradojas que nos brinda constantemente Moscú.
2. Cafe Mart
Y seguimos con el moderneo. La cafetería de una de las dos sucursales del Museo de Arte Moderno de Moscú está situada en un hermoso jardín repleto de estatuas del artista georgiano Tsereteli, abarrotado de familias entregadas al noble arte del brunch y muchos niños correteando por el comedor o participando en alguno de los talleres que se organizan en su interior. Deliciosos cafés, bollería, bocadillos o algún plato de una carta sencilla y sin pretensiones que combina la cocina francesa con las especialidades georgianas, en un local que bien podría situarse en Berlín o Ámsterdam.
3. Harat's Pub
En este pub irlandés, pequeño y acogedor, situado en la calle Arbat, una gran avenida peatonal que funciona como centro neurálgico de compras y ocio de la ciudad, es una de las pocas opciones de copeo. Y es un lugar curioso, regentado por un simpático moscovita ex residente en Andalucía que ama la cultura latina hasta el punto de que le da exactamente igual ser el propietario de un pub irlandés, y le es aún mucho más indiferente que este pub esté situado en una calle mainstream de la ciudad, de la que uno espera un poco de 'rusiedad' y no experimentos cosmopolitas. Porque a él y a su rockera clientela parece gustarles la música en español, y cuando pasas ante su puerta te dejas seducir por un contundente “Lega-lega-li-za-ción” que emana a todo volumen de sus bafles. Sí, aquí son fans de España, de Ska-P, de las birras de importación y de Irlanda en toda su magnitud, y este extraño pero entrañable mix da lugar a uno de los bares más divertidos de Moscú.
4. Varenichnaya N.1 (Arbat, 29)
He aquí nuestro restaurante preferido de la ciudad, un local sin pretensiones, muy agradable, céntrico (ubicado también en la calle Arbat) y económico, que ofrece cocina tradicional rusa en forma de platos tradicionales como las vareniki (una pasta en forma de empanadilla servida con diversos rellenos y acompañada de una salsa deliciosa), las pelmeni (un plato similar de origen ucraniano) y las chebureki (empanadas típicas rellenas de carne). Cuenta, además, con una oferta de pancakes, muy típicos en el país, cócteles con y sin alcohol, cafés y bollería casera. Todo ello en un local amplio y concurrido, muy acogedor, en el que conviven detalles que muestran un extraordinario buen gusto con otros que te convencen de todo lo contrario, cosa que no te importa lo más mínimo cuando hincas el diente a una de sus especialidades rusas a buen precio de la mano de un servicio encantador que, sorprendentemente, es capaz de comunicarse en inglés.
5. Varvary
No se puede hablar de gastronomía en Moscú sin mencionar a Anatoly Komm, el primer chef del país en lograr una estrella Michelin, poseedor de un restaurante de alta cocina de vanguardia, el Varvary. Si nos lo podemos permitir, vale la pena reservar mesa en el comedor de este excéntrico e inclasificable chef, que parte de la cocina tradicional rusa (sopas, ahumados) y le aplica las más modernas técnicas de vanguardia. Komm se lamenta, y sus razones tendrá, de la terrible autarquía rusa, del poco afán de la población por abrirse a todo aquello que llega de la vecina Europa. No es el caso de su lujoso restaurante moscovita, que ofrece cocina molecular para clientes con los paladares bien educados, lejos de esos “nuevos ricos”, en palabras de Komm, sin apenas educación y gustos algo pomposos. Los platos de este hombre sensible y amante del arte destacan, entre otras cosas, por su espectacular estética.
6. Monsieur Croissant (Baumanskaya, 42)
Hay que alejarse del centro hasta la zona de Baumanskaya, cosa que recomendamos encarecidamente si deseamos acercarnos al Moscú real, mucho más cálido y habitable, lejos de las inclemencias de un centro tan hostil como espectacular. Y si decidimos enfrentarnos al bellísimo aunque complicado metro moscovita este pequeño restaurante es una gran opción, ya sea para desayunar uno de sus pasteles o bollos o comer al mediodía algún plato sencillo y bien elaborado, como una pasta con verduras o una sopa del día. Al lado, un Mercure Hotels, en el que nos alojamos, a un precio de risa comparado con las tarifas del centro y a tan sólo dos paradas de metro de la Plaza Roja.
7. Tamerlan
En Moscú predomina mucho el macro local de pseudo lujo en el que una clientela vestida como tú cuando vas de boda bebe vodkas como si fuesen agua. Este restaurante asiático es una buena opción si el cuerpo nos pide glamour, pues la comida, especializada en Eurasia, es notable, el precio moderado, y el interiorismo llamativo y bonito.
8. Chemodan (Gogolevskiy Blvd., 25/1)
Sería imperdonable abandonar Moscú sin haber cenado al menos una vez en Chemodan, un local delicioso, absolutamente inclasificable, nada propio de la imagen que tenemos del Moscú contemporáneo. Chemodan se sitúa en las inmediaciones de la calle Arbat, y su atmósfera (con sus grandes lámparas, la pared empapelada, alfombras y cuadros en las paredes) nos recuerda más a la de un bar de intelectuales del París de los años 20 que a lo que esperas de la Rusia de Putin. Cuando abres la puerta y un encantador viejecito te recibe con el 'Bésame mucho' de fondo sabes que estás en el lugar adecuado, y te entregas a una cocina de raíces rusas, que trata de explorar en una sola carta elaborada con mimo y sensibilidad todas las cocinas del país.
9. Café Pushkin
Sólo si tenemos alrededor de 300 € en el bolsillo podremos visitar el Café Pushkin, un local legendario que merece la pena mencionar por hallarse en todos los rankings posibles de restaurantes no sólo mejores sino más hermosos del mundo. Preparemos, pues, nuestras mejores galas y sintámonos cual Cenicienta en este majestuoso espacio revestido en maderas nobles, donde hasta el último rincón rebosa lujo bien entendido, y preparémonos para degustar una cocina rusa con pinceladas francesas (o tal vez sería más correcto decirlo a la inversa), que es probable que, pese al encanto del conjunto, no satisfaga a aquellos comensales que busquen alta gastronomía en estado puro.
10. Beverly Hills Diner
Y por último una gran broma, que no hemos querido pasar por alto por ser de lo más impactante que hemos visto en Moscú. El más americano de los locales, en el que parece a punto de entrar Olivia Newton-John, se encuentra allí, en el centro de Moscú, con esas luces de neón que pretenden mostrar al mundo con orgullo que sí, que la Guerra Fría la ganaron ellas. Tragas saliva y constatas, con cierta amargura que no sabes exactamente a qué se debe, la victoria: te das cuenta de que sí, de que tras tanto salmón y salsas rusas te apetece sentir el placer de lo conocido e hincarle el diente, al fin, a una hamburguesa.
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Texto y fotos de Laura Conde (Gastronomistas)
+ info20 motivos para visitar Granada (gastronómicos y más)
Por Laura Conde de Gastronomistas
Si empiezas a pensar en motivos para hacer una escapada a Granada te salen así, sin pensar demasiado, unos 10.000 en un momento. Y es que la ciudad andaluza es un lugar felizmente anclado en el tiempo, al que la modernidad ha llegado, sí, pero lo ha hecho a su manera, un enclave bellísimo en cuyas calles empedradas podemos leer su historia mientras damos cuenta de una caña bien fría y unas tapas.
Porque Granada, sí, tiene eso que damos en llamar duende; tiene un barrio, el Albaicín, que se encuentra entre los rincones más bellos del mundo; tiene la Alhambra, tapas kilométricas, unos habitantes majísimos y un encanto incontestable difícil de describir.
Para ello, para tratar de poner en palabras ese 'charm' que tiene la ciudad y que no encontramos en ningún otro lugar del mundo, podríamos escoger una frase de los célebres Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving, un inglés que cayó rendido a la ciudad nada más poner un pie en ella. Pero en su lugar vamos a ponernos posmodernos y escoger una frase que escuchamos a alguien durante nuestro viaje y que, de momento, es la que mejor define a nuestro parecer la esencia de una ciudad que provoca flechazos: “Granada es el lugar perfecto para escaparte con tu amante”. Y sí, lo es. Pero incluso si somos monógamos convencidos, o si lo nuestro no son las relaciones furtivas, hay mil motivos para visitarla. Aquí van los primeros veinte.
MONUMENTALES
1- La Alhambra. Qué decir de este auténtico desafío a las insensibilidades más galopantes. La Alhambra es la belleza, así, en estado puro, sin aditivos, ante nuestras narices. Es la historia, más reciente de lo que creemos, de una España que aún tiene mucho de aquella España, es un paseo por nuestras raíces tan necesario en momentos históricos en que los árboles no nos dejan ver el bosque. Como poco se puede decir sobre la Alhambra, nos permitimos humildemente dar un par de consejos al visitante deseoso de perderse entre esos hermosos mosaicos repletos de historias que parecen recién salidas de Las mil y una noches: A) conviene contratar un guía en la medida de lo posible, pues que alguien nos narre la vida en la Alhambra, y por ende en Granada, a través de los siglos, no tiene precio. B) No os citéis con vuestro guía a la mañana siguiente de haber cerrado aproximadamente un 90% de los bares de Granada, y mucho menos a una temperatura de 35 grados a la sombra. La cosa, creednos, puede no acabar nada bien.
Alhambra. Calle Real de la Alhambra, s/n.
2- El Mirador de San Nicolás. Visita obligada es este concurrido mirador que cada tarde reúne a decenas de visitantes deseosos de ver (y de fotografiar) cómo cae el sol sobre la Alhambra, un auténtico espectáculo de luz y color de una belleza incomparable.
Mirador de San Nicolás. San Nicolás, s/n.
3-El Albaicín. El antiguo barrio judío, en el que se encuentra el Mirador, sigue siendo un laberinto ondulado de callejuelas empedradas con pequeñas tabernas ocultas, tablaos flamencos, tiendas, restaurantes... Al Albaicín sólo se puede ir de una manera: a perderse. Y sin reloj.
GASTRONÓMICOS
4- El remojón. Esta ensalada de naranjas y bacalao es uno de los platos estrella de la zona, que nos hará reconciliarnos con las naranjas locales y se convertirá, si no somos muy amantes del gazpacho, en el entrante perfecto para el viaje, ideal cuando el termómetro hace de las suyas. El de la foto lo comimos en un lugar de ensueño llamado Mirador de Morayma, un restaurante con bonitas vistas a la Alhambra muy frecuentado por turistas, por tanto poco apto para todos aquellos viajeros intrépidos que buscan por encima de todo autenticidad.
Mirador de Morayma.Pianista García Carrillo, 2.
5- Damasqueros. Uno de nuestros restaurantes favoritos de la ciudad se encuentra en la calle con el mismo nombre. Aquí hallamos una cocina creativa de raíces andaluzas firmada por la chef Lola Marín, que podemos degustar únicamente en forma de menú degustación a 39 € (en Damasqueros no hay carta) y que nos demuestra que la ciudad es, por suerte, mucho más que tapeo y finos.
Damasqueros. Damasqueros, 3.
6-Estrellas de San Nicolás. Fue la casa de Enrique Morente y ahora es uno de los restaurantes más populares de la ciudad, especialmente entre los visitantes. El motivo, un espacio encantador con una bella terracita desde la que podemos contemplar el atardecer sobre la Alhambra, y una carta en la que hallamos desde gazpachos a fondues, pues la cocina andaluza tradicional convive con especialidades internacionales. Si reservamos mesa en su terraza, pese a que el comedor acristalado es un derroche de 'charm' y buen gusto, disfrutaremos de su espectáculo a ritmo de guitarra andaluza, en vivo.
Estrellas de San Nicolás. Atarazana Vieja, 1.
7- Las tapas. Sí, en Granada te pides una cañita a las 12 de la mañana para hacer un alto en el camino e intentar mitigar el síndrome de Stendhal, y sí, te ponen una cosa que ellos y tu madre consideran tapa pero que para ti es un plato principal en toda regla (lease un plato de paella o un guiso de cordero con patatas fritas). Y sí, te va a costar 2 €, con lo que si eres de saque moderado ya habrás comido, y si eres de buen comer necesitarás apenas tres rondas.
8- La calle Navas y alrededores. Especialmente la calle Navas, pero también las calles aledañas son los centros del tapeo por excelencia. Lo dicho, un ambientazo a todas horas, grupos de gente de todas las edades, cañitas, vinos y tapas (según ellos y tu madre), el lugar ideal para socializar, hacer nuevos amigos y, quién sabe, quedar para quemar la noche en ese lugar quasi-místico del que todo el mundo habla y que, si te vanaglorias de ser intrépido, vas a tener que visitar aunque sea lo último que hagas: hablamos del archiconocido Maué (quedaos con este nombre, pronto daremos más datos), en boca de todos. 'Tenéis que ir al Maeué', '¿Todavía no conocéis el Maué?'. Un lugar que comentaremos más tarde porque, claro, no sabían con quién estaban hablando, cómo no pasarse por el... ¿Maué?
9- Las despedidas de soltero/a. Enlazando con el punto anterior, ¿cómo no visitar en Maué si una de las personas que te lo ha recomendado es un tipo de 90 kilos y barba disfrazado de conejita de Playboy? ¿O un grupo de amigas de la facultad vestidas de enfermeras? Granada es el paraíso de las despedidas de soltero, una ciudad que cada fin de semana acoge multitud de grupos que celebran el fin de la soltería. Y que el sábado y el domingo se dedican a pasear por la calle Navas, beber, tapear, confraternizar y, claro, mostrar su desprecio sin límites hacia tu persona porque todavía no conoces el Maué. Sólo sentarse en una terraza de la calle y, simplemente, ver el espectáculo de despedidas de soltero, divertidísimo, ya merecería una visita a Granada.
10- Castañeda. Ya en la zona de la calle Elvira y alrededores, otro epicentro de tapeo y 'shopping' repleto de tiendecillas de objetos árabes principalmente, encontramos este local siempre concurrido, bullicioso, estridente, con sus jamones y chorizos colgados del techo, su toro en la pared y unas tapas increíbles.
Castañeda. Almireceros, 1-3.
11- Cannelle. Si buscamos un desayuno saludable y completo, con pasteles caseros, packs especiales, revistas y libros, un lugar absolutamente kids friendly, ese es Cannelle, una cafetería que bien podría estar en Londres o París, repleta de mensajes que apelan a la felicidad y el buen rollo.
Cannelle. Acera del Darro, 44.
NOCTÁMBULOS
12- Ganivet. La noche granadina tiene en este céntrico local, ubicado bajo unos arcos, un bastión indestructible con sus dos consabidad salas: la de los hits de música comercial y la de arriba, con sus éxitos del pop en español. Está siempre a rebosar, el ambiente es sano y agradable, las copas buenas y el público ronda la treintena.
Ganivet. Ángel Ganivet, 13.
13- Bambino. Flamenqueo comercial en un local donde la media de edad baja notablemente con respecto a Ganivet, uno de esos lugares deliciosamente impredecibles, muy curioso, que en ocasiones está a reventar y en otras parece un velatorio. ¿Pero cómo ir a Granada y no bailotear algún hit de Navajita Plateá en una disco?
Bambino. Arabial, 45.
14- Mondrian. Si tenemos ganas de ponernos rockeros tenemos que pasarnos por este bar que encontramos ascendiendo por una bella callejuela estrecha y empedrada donde, a diferencia de locales como Ganivet, podemos encontrar sin problemas gente despeinada, con la camisa arrugada y con zapatillas deportivas. De hecho, en Mondrian tendremos en todo momento la sensación de que va a aparecer un tipo por la puerta vestido de negro con chupa de cuero y botas, va a apostarse en la barra, pedirse una Voll-Damm y girarse hacia nosotros con cara de atormentado, momento en que vamos a darnos cuenta de que es Miguel Ríos. Sus mojitos son riquísimos.
Mondrian. Santa Inés, 4.
15- Mae West. Discotecaza en toda regla, abierta hasta las 6 de la mañana, que suele acoger, a partir de las 3 h, a toda la fauna noctámbula de Granada, que abandona el resto de locales para dar con sus huesitos en este templo de la música comercial, el copeo y el desfase. Un lugar curioso, que aglutina a gente de prácticamente todas las edades y en el que se reúnen a altas horas de la madrugada y tras una jornada indudablemente intensa las diferentes despedidas de soltero y soltera que han ido iluminando la ciudad con su cachondeo. La juerga al más alto nivel está servida. Sí, habéis acertado: estamos, al fin, frente a frente con el celebérrimo Maué, una leyenda en Granada.
Mae West. Centro Comercial Neptuno. Arabial, s/n.
16- Aliatar. Gran discoteca de ambiente más maduro y música disco, que dispone de una barra de gin-tonics que hará las delicias de los más sibaritas, un lugar por el que pasarnos a cualquier hora para que nos preparen un copazo de excepción (los cócteles están elaborados con manos muy sabias) o para plantar bolso y chaqueta sobre el gran piano que encontramos en el centro de la pista y lanzarnos a bailar 'Lady Marmalade'. Un clásico.
Aliatar. Recogidas, 2.
17- Tablao flamenco Albayzin. No tiene por qué ser necesariamente este el 'tablao' que elijamos, pues la cosa está en perderse por el Albaicín y guiarnos por las sensaciones, escoger uno prácticamente al azar y dejarnos emocionar con el flamenco que sólo se escucha aquí. Conviene preguntar en el hotel en que nos alojemos, pues a menudo organizan packs que incluyen desplazamiento hasta el 'tablao', cena y espectáculo, lo que nos permitirá acceder al conjunto por un precio mucho más ajustado.
Tablao Flamenco Albayzin. Carretera de Murcia s/n.
Y MÁS...
18- La lonja. Nos escapamos de la gastronomía, pero es imposible no recomendar acercarse a esta curiosa tienda, entre destartalada y 'cool', que ofrece todo tipo de objetos vintage seleccionados con un gusto excelente, desde mobiliario a complementos.
La lonja. Buensuceso, 31.
19- La simpatía de la gente. Sí, no es un tópico para nada. Ellos son el no va más en simpatía.
20- ¿Tu amante? Si lo tienes, es un gran motivo para visitar Granada. Si no, siempre puedes dedicarte, como hicimos nosotros, a cerrar todos los bares de la ciudad. Cuando hayan pasado tres días no tendrás ni idea de dónde está el ayuntamiento pero probablemente todos los porteros de los pubs te llamarán por tu nombre. ¿O acaso creías que lo de la resaca y posterior (y aparatoso) desmayo en pleno paseo matutino por la Alhambra era una licencia periodística?
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+ info10 bocados de Lyon (con permiso de Paul Bocuse)
Por Josep Sucarrats de Gastronomistas
Que en Lyon se comía como en ninguna otra parte era algo sabido desde tiempos inmemoriales. Pero quien lo puso negro sobre blanco fue Curnonsky, afamado crítico gastronómico de la primera mitad del siglo XX que, tras la construcción de la carretera N-25 que unía París con el Mediterráneo, se tomó la molestia de redactar, en 1925, una guía para los viajeros amantes de la buena mesa. En Lyon, Curnonsky descubrió foies, quesos, vinos y dulces, se encandiló con los ‘bouchon’ (versión local de los famosísimos bistrós franceses) y sucumbió a los sabores de la cocina de las mères. Las mères eran esas matronas capaces de cocinar como nadie. Los lioneses encuentran en ellas el alma de su cocina local.
La leyenda culinaria de Lyon ya estaba echada y no había marcha atrás. La confluencia de buen producto y grandes cocineros daba sustancia a esta capitalidad gastronómica mundial. Rebló el clavo un chef de primer orden reconocido en todo el planeta: Paul Bocuse.
Hoy, las trazas de Paul Bocuse, su semblante imponente, su infinito gorro blanco y su mirada cargada de autoridad aparecen en muchos rincones de Lyon. En alguno de sus cuatro restaurantes, en las fotos de los puestos de Les Halles donde se abastece —¿hemos dicho Les Halles? Completemos bien el nombre: desde hace un par de meses se llaman Les Halles Paul Bocuse— o en los sueños de cualquier lionés que todavía no haya estado en su mítico L’Auberge de Pont de Collognes.
Hemos pensado que si visitáis Lyon os toparéis con Bocuse fácilmente. Por ello, y con su permiso, no os llevaremos a ninguno de sus establecimientos. Nos hemos entretenido en buscar otros 10 atractivos gastronómicos de la ciudad —si hablamos del comer y beber, resulta fácil— cual Curnonskys del siglo XXI. Nosotros, eso sí, no hemos necesitado la N-25 para llegar allí. Nos ha bastado salir con Vueling desde Barcelona para plantarnos en Lyon en menos de una hora y media. Pronto, del 6 al 9 de diciembre, la capital de Rhone-Alpes celebra su famosa fiesta de las luces, en la que sus monumentos se iluminan con curiosas performances artísticas. Un pretexto para visitarla y sentarse a comer bien.
1-Un ‘bouchon’ de verdad: el Café des Fédérations
No hemos comido en todos los ‘bouchon’ lioneses, ni mucho menos, pero en este sí y ya estamos convencidos de que es uno de los mejores y más auténticos de la ciudad. Os recomendamos que lo visitéis con hambre: la cocina tradicional lionesa es contundente. De aperitivo, chicharrones. De primero, huevo poché con salsa al vino y chicharrones o escarola frisé con chicharrones (¡cuánto chicharrón!). Lentejas: “no son caviar, pero bueno”, nos advirtieron (llevaban una salsa de mostaza estaban buenísimas). Decidido: si las lentejas son buenas, el caviar no es para tanto. Pollo al vinagre o soufflé de lucio. Quesos. Dulces. Un ágape como este es un estupendo catálogo de cocina 100% lionesa, muy bien elaborada y con un par de atractivos más. El principal, Yves, el propietario, el hostalero que te espera en su casa, que te atiende, que te agasaja, que es simpático, que le sentarías en tu mesa. Y el segundo: los precios (15 € el menú de mediodía, 25 € el de la noche). Café des Fédérations. 8, 9, 10 rue Major Martin. Tel. 00 33 4 78 28 26 00.
2-Un monumento gastronómico: la pularda démi-deuil
El precio no será su máximo atractivo (les hablamos de un restaurante con dos estrellas Michelin), pero, si se puede, toca darse este capricho. ¡Que no hablamos de cualquier plato! La pularda demi-deuil es algo así como una orgía de lo mejor. Imaginen esa ave criada en las mejores granjas de alrededor de Bresse, al aire libre, bien alimentada, carnosa y de textura melosa contagiada por el sabor y el aroma de la trufa auténtica. Sí, porque la receta consiste en rellenar con láminas de trufa el espacio entre la piel y la carne de la pularda. Hay que ser goloso, pero ¡benditos golosos! La pularda demi-deuil (que significa algo así como ‘de medio duelo’) hizo famosa a la primera cocinera del mundo en conseguir tres estrellas Michelin. Sucedió a los años 30 del siglo pasado y ella era Eugénie Brazier. Lo de Eugénie —huérfana de madre, analfabeta, campesina— sí era carácter. Todavía tiemblan las paredes de Lyon cuando la pularda no sale perfecta del horno. En su restaurante de leyenda, La Mère Brazier, se forjó Paul Bocuse. Hoy, el chef propietario es Mathieu Viannay, quien, junto con sus nuevas creaciones, mantiene varios platos de su ilustre predecesora. Jamás se le ocurriría eliminar la pularda demi-deuil que tantas celebridades ha acercado a Lyon.
La Mère Brazier. 12 rue Royale. Tel. 00 33 4 78 23 17 20
3-Comer en tres declinaciones y mirando a Japón: Do-Mo
La gastronomía tradicional de Lyon, popular o burguesa, es tan archifamosa en el mundo entero, tan legendaria y, a la par, tan soberbia que, claro, cuesta escaparse de ella. Pero un pequeño paseo por las calles más céntricas de la ciudad revelará, por poco que se preste atención, que la cocina nipona está calando. Que algo le verán los lioneses, porque de restaurantes japoneses hay, y unos cuantos. Os proponemos uno que resulta especialmente singular. En Do-Mo los mismos productos se ofrecen en tres declinaciones: francesa, francojaponesa o japonesa. Así, por ejemplo, el buey se puede escoger asado al estilo francés, con un punto de wasabi que le da el toque fusión o en un tataki totalmente japonés. Y del mismo modo con las tres versiones de los rollitos de primavera, o con la dorada, o con el chocolate, por citar más ejemplos. El Do-Mo ocupa un local modernísimo en el nuevo barrio que se ha alzado a orillas del Saona. De día, las vistas son de postal. De noche, se llena de gente guapa. Cuando hace buen tiempo, es denunciable renunciar a su terraza. Y la visita nocturna debe acabar en su lounge fashion de al lado. Carta aparte, disponen de dos menús —49,50 € y 39,50 €. Tienen incluso un menú infantil que ni se llama así, ni consiste en macarrones, carne rebozada y patatas fritas. Es el menú Jeune Gastronome y contiene un plato de la carta declinada y un postre por 12 €.
Do-Mo. 45, quai Rambaud. Tel. 00 33 4 37 23 09 23
4-Queseros: ¡a por el Saint-marcellin!
Varios colmados de la Presq’île —esto es la Península, que es como se conoce la parte de Lyon comprendida entre los ríos Saona y Ródano— y numerosos puestos de Les Halles atestiguan, por si algún despistado lo había dudado, que los lioneses también se pirran por el queso. El más típico de la zona es el Saint-marcellin, un queso de pasta blanda y corteza fermentada que se elabora con leche de vaca. Este queso y muchos más podéis encontrarlos en la Mère Richard, famosa quesería de Les Halles cuya propietaria, expertísima a la hora de recomendar quesos a los clientes y exigente a la hora de seleccionar sus proveedores, puede hacer gala de un carácter tan temperamental como el de madamme Brazier. Parece ser que las mujeres lionesas tienen tanto nervio como sus quesos: nos gusta. Su nervio y, todavía más, sus quesos.
Mère Richard. Les Halles Paul Bocuse. Tel. 00 33 4 78 62 30 78
5-Descanso ‘cool’: a dormir y a desayunar en Mama Shelter
Hay que descansar. Lyon es una ciudad de negocios repleta de hoteles confortables, no cuesta encontrar donde alojarse. Pero si se acierta con un alojamiento singular, mejor. Si os gusta sentiros un poco ‘cool’, no lo dudéis. Mama Shelter es el hotel que buscáis. El personal es jovencísimo y simpatiquísimo. En cada habitación hay una pantalla de Mac con un mensaje personalizado de bienvenida. La clientela es “buenrollera” y aprovechan tanto las sesiones de DJ nocturnas como los copiosos, pero sanos, desayunos matinales. El comedor del Mama Shelter, a pesar de sus colores abigarrados y su estética hypster (que no nos disgusta), transmite un ambiente zen que contribuirá a relajar vuestro estómago con vistas al tour gastronómico que toque ese día. No está en el barrio más céntrico, pero está muy bien comunicado por metro, autobuses, tranvías y trolebuses. Que en lo que a medios de transporte se refiere, Lyon no repara en gastos.
Mama Shelter. 13, rue Domer. Tel. 00 33 4 78 02 58 00
6-Ir a la pastelería y no comprar lionesas
Es que hay cosas que no se entienden. Vas a una pastelería española y todo el mundo sabe qué es una lionesa. Vas a una pastelería lionesa y, cuando se las pides, se quedan a cuadros. Ellos les llaman choux, que, al fin y al cabo, es el nombre de la misma pasta, que se rellena de trufa o nata, de nuestras lionesas. Pero te aclaran que las choux son igual de Lyon, que de Toulouse, que de Courbevoie, por poner de ejemplo el pueblo donde nació Louis de Funes. Lyon tiene dulces más locales, como los coussins (esto es, almohadas) o los cocons (que significa capullos, se entiende que de mariposa). Una posibilidad es probar estas especialidades tradicionales. Otra que os recomendamos sin lugar a dudas es que salivéis contemplando el mostrador de Clostan Traiteur. Y que después de salivar, compréis y degustéis tartas, mousses, tiramisús y mil variaciones creativas de postres tradicionales, que consiguieron encumbrar este pastelero como el mejor del mundo en 2012.
Clostan Traiteur. Magasin Halle Paul Bocuse. Tel. 00 33 4 78 62 93 03
7-Quenelles nunca vistas (ni comidas)
A Lyon le pilla lejos el mar, pero a los lioneses siempre les ha gustado comer pescado. Ya en la edad media, unos monjes de la región estancaron aguas artificialmente para criar lucios, y hoy ese entorno se ha convertido en parque natural. Pero vamos a lo que nos interesa: aquello garantizaba la disponibilidad de pescado, y con ese pescado —el lucio, brochet en francés— se crearon las tipiquísimas quenelles de Lyon. Lo más habitual es hacerlas con pasta choux mezclada con pasta de trigo, mantequilla, huevos, leche y el citado brochet. La cocinera o cocinera experto, ayudado por dos cucharas, dará una forma semicircular al preparado, que ha conseguido que todo el mundo hable de quenelle refiriéndose sólo a una forma. Las quenelles pueden ser enormes y constituir en si mismas un solo plato. Otras veces son más pequeñas y permiten probar de variedades muy distintas. La gente de Giraudet les da un toque creativo —con tinta de calamar y otros ingredientes poco tradicionales— y los lioneses soportan colas y esperas para poder comprarlas.
Giraudet. Les Halles Paul Bocuse. Tel. 00 33 4 78 62 34 05 Giraudet. 2, rue du Cl Chambonnet. Tel. 00 33 4 72 77 98 58
8-¡Jesús! No es un estornudo, es un embutido
Los embutidos merecen capítulo a parte en el yantar lionés. Los charcuteros de la ciudad los elaboran con fórmulas propias sobre una base común, por lo que encontrar dos embutidos iguales de establecimientos diferentes es imposible. Lo que los charcuteros guardan con celo es el secreto que da la personalidad a sus embutidos. El toque, básicamente, consiste en las hierbas aromáticas y especias que se le añaden. Algunos embutidos populares son el cerveuil (que se debe cocer y que contiene pistachos y, cuando se viste de lujo, trufa), el saucisson a cuire (salchichón para cocer), la rosette (una especie de fuet ) y, más que nada, el jesús. El jesús curado se elabora con la parte más ancha del intestino y recibe este nombre porque, durante el proceso, se le envuelve con un cordel, y la leyenda dice que le daba un aire al niño Jesús. Quien lo diría. Lo que confirmamos es que es el gran embutido de Lyon y que un Jesús así despierta la fe en el ateo más descreído.
9-Perderse en el mercado y almorzar allí
Que si el pollo de Bresse. Que si el foie. Que si la trufa. Que si los quesos. Que si los vinos. Amantes del buen comer, si entráis en el mercado de Lyon, estáis perdidos. Probablemente saldréis con un poco más de colesterol y un poco menos de dinero. ¡Pero esta es la vida dura del foodie! Para no arruinarse ni castigar al paladar, os proponemos que os quedéis a comer en Les Halles mismos, donde hay toda variedad de precios. Somos muy fans de Passionnement Truffes, un pequeño bistrot dentro del mercado donde la trufa es la reina. A mediodía, disponen de una fórmula muy asequible por 19 € (plato del día —generoso—, postre, copa de vino). Comimos allí un pollo melosísimo bañado de salsa de setas. Y nos imbuyó la bonheur. Passionnement Truffes. Les Halles Paul Bocusse. Tel. 00 33 4 78 60 15 98
10-Le beaujolais est arrivé!
Cerca de Lyon hay cuatro denominaciones de origen vinícolas. Beaujolais es una y se ha hecho popular por el descorche del beaujolais noveaux, esto es el primer vino que se consume en el año, el vino más joven. Se abre apenas dos o tres meses después de la vendimia (entre noviembre y diciembre) y los enófilos más remilgados os dirán que tampoco merece la pena, que el vino es mejor dejarlo madurar más. Pero la emoción de los viticultores de degustar los primeros frutos de su trabajo nos emociona también a nosotros. Que no nos quiten la ilusión de brindar al grito de Le beaujolais est arrivé! y celebrar que Lyon nos ha enamorado por el estómago. Y este amor es de los que duran.
Por Josep Sucarrats de Gastronomistas
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