5 direcciones donde comer en Lisboa
Los amantes del buen comer apreciarán muy especialmente Lisboa. Aquí conviven tradición y vanguardia a partes -y calidad- iguales. De vez en cuando, incluso, se fusionan para crear experiencias ‘foodie’ de lo más ‘cool’ y atractivas. Apuntad estas cinco direcciones que merecen una visita (y más de un bocado).
Un Brunch inolvidable en Chafariz de El Rey
Un callejón que no invita mucho a quienes no sospechan lo que esconde este excéntrico edificio del siglo XIII, que respira el lujo de antaño, tras su imponente puerta cerrada con llave. El visitante debe llamar al timbre y esperar. Y mientras se oye el clic-clic del cerrojo, el misterio redobla. Dentro, imponentes salas con un interiorismo cuidadísimo, atípico. Estamos en Chafariz de El Rey, un lugar que sorprende y cautiva de principio a fin, ideal para disfrutar de un brunch (18 euros por persona) compuesto con té o café, zumos naturales, bollería casera, pan, mermeladas caseras, huevo al gusto, ensalada de frutas, tabla de quesos, charcutería y postre. El mejor lugar de la casa para disfrutar de esta comida es, sin duda, la terraza; bañada por el sol, el sonido placentero de una fuente y una vista relajante. Un momento divino que recordaréis toda la vida. Eso sí, hay que reservar.
Recetario tradicional en Cova Funda Intendente
En Lisboa, no desaparecen las cantinas de toda la vida. Esos lugares auténticos y populares con camareros malhumorados, grupos que hablan (muy) fuerte y manteles de papel, en los que prepara el menú la abuela de la familia y dos comensales pueden zampar como si no hubiera un mañana por menos de 30 euros. Con vino, cafés y postres incluidos. Tomemos por ejemplo la Cova Funda Intendente. La especialidad de la casa es, como no, el bacalao, cocinado siguiendo tropecientas mil recetas diferentes. Una mención especial para este pescado preparado à brás (a modo de revoltillo con bacalao, huevo, ajo, calabacín, olivas, cebolla y patatas). Un plato tan delicioso como adictivo, ya que resulta imposible parar de comer, incluso si estáis a punto de reventar. Eso sí, ni se os ocurra pedir un plato por persona, ya que aquí las porciones son descomunales y se comparten entre dos (o más). Como primer plato, preparan de lujo la sopa de pan (un caldo vegetal con un huevo y rebanas de pan).
Originales e inimitables Pastéis de Belém
Nada más llegar al aeropuerto, la boca se os hará agua a la simple vista de los Pastéis de Belém, el dulce más famoso del país. Y los hay en cada rincón de la capital portuguesa. Pero, en este caso, y sintiéndolo mucho, hay que ser puristas: los originales son inimitables. Para probarlos tendréis que moveros a Belém y tener paciencia ya que la cola que se aglutina a diario delante de la Casa Pastéis de Belém (aquí elaboran diariamente unas 10.000 tortitas), inventora de este dulce, da la vuelta a la manzana. Aun así, vale la pena. Un bocado a este pastelito de crema y hojaldre que se degusta recién hecho y espolvoreado de canela y azúcar glas significa, sencillamente, tocar el cielo.
‘Coolmarket’ para modernos
Algo ha cambiado. Algo se cuece aquí. En fin, que algo pasa en Lisboa y la efervescencia brinda un toque moderno a la apuesta local por la tradición. Lo mejor de siempre no se pierde, pero se adapta a públicos ávidos de nuevas experiencias gastronómicas. Y eso se ve en el antiguo Mercado da Ribeira, convertido hoy en un coolmarket con las mejores paradas de streetfood de la capital. Aquí se puede comer de todo: embutidos o quesos nacionales, especialidades de inspiración internacional (pizza, burger de carne y gambas...), platos tradicionales (mariscadas, croquetas, arroces…), conservas, coctelería, pastelería, heladería, etc. Cierto que los precios suben en picado respecto a los garitos del casco antiguo, pero una visita a este mercado gastronómico, donde el fin de semana se concentran centenares de personas que comparten mesa, es muy recomendable. Mercado da Ribeira: Avenida 24 de Julho 50, 1200-109, Lisboa.
Recetario de la capital y local con encanto
Cocina típica de Lisboa con un guiño a la actualidad, servida en un local precioso, moderno y lleno de encanto: el antiguo edificio de la Real Fábrica de Seda. ¿Qué encontramos en la carta? Pastéis de Bacalhau (buñuelos de bacalao), arroz de pato o feijoada de pulpo (guiso de mar con judías). Media de 30 euros por persona.
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Texto e imágenes de Laia Zieger (Gastronomistas)
¿Cuántos de estos dulces te faltan aún por probar?
Viajeros golosos, sabéis que hay dulces que, por sí solos, hacen que el viaje valga la pena. Te traemos nuestros favoritos. ¿Los has probado todos?
+ infoLivraria Lello e Irmao
No es de extrañar que se escogiera a esta librería para rodar algunas de las escenas de la saga Harry Potter. En ella se respira un ambiente mágico. Sus detalles modernistas y neogóticos, la escalera de acceso a la planta superior, las grandes vidrieras del techo o el puente de madera que la atraviesa, hacen de este lugar algo más que una simple librería en la que comprar libros.
Y es que la Livraria Lello e Irmão, llamada Livraria Lello para simplificar, ubicada en el centro de la ciudad en un precioso edificio de estilo neogótico, está considerada como una de las más bonitas de Europa y es, junto al a la librería Bertrand en Lisboa, una de las más antiguas de Portugal.
Rua das Carmelitas, 144, Oporto
Fotografía de Alegna13
Un sitio que merece la pena descubrir! Consulta nuestros vuelos aquí.
+ infoEl tranvía 28
Una de las maneras de echar un vistazo rápido y cómodo a la ciudad de Lisboa sin dejarse las suelas por las empinadas colinas es coger alguno de los tranvías.
Los tranvías rojos con servicios especiales para turistas son mucho más caros, pero por 1,50 € puedes coger alguno de los viejos y encantadores tranvías amarillos con asientos de madera que te llevarán a lugares imprescindibles.
El más emblemático de los tranvías, el número 28, te llevará por un recorrido inigualable de aproximadamente una hora pasando por el Palacio Sao Bento, la Catedral la Sé, el Castelao Sao Jorge y atravesando los barrios más típicos de la ciudad: Estrela, Barrio Alto, Chiado, Baixa, Alfamya y Graca. Las calles que recorre, en ocasiones son tan estrechas, que el mismo conductor ayudado por los pasajeros deben en ocasiones bajar a apartar algunos coches mal aparcados dentro del recorrido del tranvía.
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