Prinsengracht
Ciudad de canales, Prinsengracht es el más extenso y bello de Ámsterdam. A su alrededor puedes encontrar antiguos talleres, almacenes, viejas iglesias, bares, hasta llegar a la especial zona del antiguo barrio obrero de Jordaan. Bautizado como “canal del príncipe” por Guillermo de Nassau, a lo largo de su recorrido (que también puedes realizar con un barco turístico), algunas de las atracciones más interesantes de la ciudad se cruzarán en tu camino. A sólo unos metros del puente que cruza el Brouwersgracht, en el norte, se encuentra la Noorderkerk, la Iglesia del Norte, donde si tienes suerte y es fin de semana puedes pasarte por el mercado que se monta a su lado y donde puedes encontrar de todo un poco. Siguiendo hasta el número 263 te encontrarás con el mítico Museo Casa de Ana Frank, uno de los más visitados y que se encuentra muy cerca de la Westerkerk y el Westermarkt, el mercado del Oeste. Si es tu primera vez en la ciudad, los barcos-casa seguro que te parecen de lo más curiosos. Para saber más sobre ellos, en el Houseboat Museum, un antiguo barco de carga de 1913 te ayudarán a despejar todas tus dudas. Sigue hasta el Palacio de Justicia para ver este impresionante edificio neoclásico que solía ser un orfanato. ¡Ah! y no te olvides de pasar por el café Papeneiland uno de los más antiguos de la ciudad y donde podrás descansar a gusto con unas maravillosas vistas.
Imagen de Aforaseem
Por Isabel Sánchez-Vallejo de longoneday
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+ infoDe Pijp
Nadie sabe con certeza a qué responde el nombre del barrio. La traducción literal es “la tubería”, cuentan que por la forma de sus calles. Y como toda tubería tiene su desagüe, De Pijp lo encuentra en el oasis de Sharphatipark, un jardín de estilo inglés en el que evadirse del ajetreo diario. En él se dan cita madres solteras a la salida del colegio, estetas con perro, quinceañeros aspirantes a rapero y la pareja de policías de barrio, cómo no, en bicicleta.
El proceso, aunque nos es familiar, no deja de sorprendernos. Había sido un barrio obrero, si acaso con algunos estudiantes y artistas en ciernes en busca de alquileres bajos. En las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado, acogió a un gran número de inmigrantes. Actualmente el barrio se ha aburguesado. En todos estos cambios la metamorfosis es muy sencilla, las magdalenas pasan a llamarse cupcakes, los modernos circulan en bicis de piñón fijo, engorda la montura de las gafas y los perros adquieren extrañas formas: se arrugan, estilizan su figura y hasta tienen sesión en la peluquería, perdón, en el estilista; y en el psicólogo. Por arte de birlibirloque, los alquileres suben un 300 por ciento y el barrio adquiere el derecho a colgarse la etiqueta de bohemio.
Ya tenemos la isla en mitad la ciudad, compitiendo por llevarse de copas al artisteo de caché con el mismísimo barrio de Joordan. Y lo de la isla no es metafórico, De Pijp está conectado con el resto de la ciudad por 16 puentes que pasan por encima de los archiconocidos canales que representan la imagen más exportada de la capital holandesa. Lo de los artistas de renombre tampoco es de ahora. Piet Mondrian fundó la revista De Stijl, que sirvió de altavoz al grupo de artistas homónimo, en un pequeño estudio sobre el canal Ruysdaelkade.
Pero al final, lo que dota de personalidad al barrio es el mercado Albert Cuypmarkt y una verdadera ONU de la gastronomía repartida por todo el barrio, en discretos locales con más o menos encanto. El mercado tiene ese punto tan inglés, tipo el de Notting Hill. A poco que pasees por allí te harás amigo del tendero, el florista te reservará los mejores tulipanes, no los que vende a peso a los turistas, turistas que por cierto se pasan más bien poco por aquí. El panadero tendrá listo el pan en el punto de cocción que te gusta y el quesero te ofrecerá buenas cuñas para tomar con un vino en buena compañía. La sencillez de los pequeños detalles. En el Albert Cuypmarkt es posible comprar de todo, hablamos del mercado callejero diario más grande de Europa, la cocina de Ámsterdam. Te darás cuenta que te has integrado del todo cuando bajes a disfrutar del “Haring” (arenques crudos) con los vecinos.
En cuanto a los restaurantes, piensa en cualquier plato del mundo. Dicen que viven hasta 150 nacionalidades en el barrio, muchas de ellas con chiringuito propio. Olores a mil especias, pad thai, durum o saté. Escoge. Aunque hay que reconocer que lo de Ámsterdam con la buena comida es una batalla casi perdida, será casi imposible que salgas de De Pijp sin haber encontrado tu sitio. Casi lo de menos, anecdótico, es que el barrio empiece en el muy turístico museo de Heineken Experience, el límite para ambos lados del barrio, la barrera entre el turismo masivo que se pasea por Leidseplein y los bohemios con atuendo hipster que se pasean por el barrio.
Por Rafa Perez de El Fotógrafo Viajero
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