De Este a Oeste recorremos Berlín durante el Gallery Weekend
Hablar de Berlín es hablar de arte. No son necesarios seis grados de separación para conocer a alguien que, tras la caída de El Muro, haya viajado a la capital alemana en búsqueda y captura de una oportunidad. Con casi 450 galerías, 20.000 artistas y algo más de 3.000 exposiciones anuales, la capital alemana vive un boom artístico, encabezando el ranking de la escena del arte europea, y lo hace con fuerza.
Dicen las malas lenguas que en los últimos 20 años una nueva galería ha abierto sus puertas cada semana. Ante tal panorama, no es de extrañar que las galerías berlinesas unieran fuerzas para lanzar, hace ya 12 años, el Gallery Weekend Berlin (del 29 de abril al 1 de mayo 2016), el primero de su especie que ha dado pie a réplicas en París, Viena y Barcelona. Visitamos la ciudad con esta excusa, donde nos esperan tres días llenos de inauguraciones, charlas, fiestas y eventos sociales con horarios especiales en los que se muestra la producción más reciente, y que llega justo cuando la primavera aterriza en la ciudad y las calles miran hacia el exterior.
Presupuesto cero: la entrada a las galerías y a los otros espacios es gratuita.
Recomendación: alquilen una bicicleta, las distancias se vuelven más cortas cuando se viaja sobre dos ruedas; la ciudad es grande y las galerías se extienden de este a oeste, concentrándose en Berlin-Mitte, Kreuzberg y Potsdamer Straße. Con el mapa de galerías en mano, ¡empezamos el tour!
En el epicentro de Berlín: Augustrasse enMitte
Restaurantes de moda y galerías se suceden en Auguststraße. Éste es el corazón histórico de la ciudad, no en vano Mitte, significa ‘centro’ en alemán. Aquí encontramos el KW Institute for Contemporary Art, una antigua fábrica de margarina convertida en laboratorio de arte emergente desde donde mapear las últimas tendencias. Justo en la puerta de al lado, el coleccionista Thomas Olbricht presenta su colección privada en me Collectors Room, un espacio de 1.300m2 donde se exhiben desde obras de Cindy Sherman hasta objetos exóticos propios de un gabinete de curiosidades. Galerías de larga trayectoria, como la consagrada Eigen + Art, se mezclan con las recién llegadas Kicken y neugerriemschneider, o el elegante edificio de Sprüth/Magers en Oranienburger Strasse, trayendo aire fresco a la escena local.
Uno de los últimos espacios en irrumpir en la zona y donde la fusión entre arte y gastronomía llega a su máximo exponente, es la Jüdische Mädchenschule (Escuela Judía para Chicas). El edificio, reabierto en 2012 tras años en desuso, da techo a la MichaelFuchs Galerie y a restaurantes que conectan el pasado con el presente. Entre ellos se encuentran The Kosher Class Room, que ofrece en su menú platos tradicionales del Sabbath, y el Deli Mogg, el mejor sitio para saborear un buen sándwich de pastrami.
Antes de dejar el centro y tomar dirección hacia Kreuzberg, hacemos parada obligada en el Clärchens Ballhaus. Inaugurado en 1913, este salón de baile es una auténtica leyenda berlinesa que ha sobrevivido a dos guerras mundiales y a numerosas prohibiciones nazis. Jóvenes, viejos, turistas, locales, buenos y malos bailarines, ¡hay algo en el Clärchens que engancha y hace que todos nos sintamos como en casa!
Alrededor de Checkpoint Charlie
Cerca del paso fronterizo más famoso del Muro de Berlín y del Judisches Museum (Museo Judío), entre Kreuzberg y Mitte, se encuentra la Galerienhaus. El edificio, que en su día fue las oficinas centrales de Lufthansa y en los años 90 un centro para asilados políticos, alberga 11 galerías de arte contemporáneo en sus diversas plantas. Si pasáis por ahí, no os podéis perder la Claes Nordenhake, la histórica Konrad Fischer Gallery, fundada inicialmente en Düsseldorf y que como otras galerías de la zona del río Rin se han trasladado a la capital alemana, o ZAK | BRANICKA. Todas ellas inauguran exposición el viernes 29 con horarios especiales de 18h a 21h, toda una excepción en el calendario horario berlinés.
A unos pocos minutos sentido Mitte nos topamos con uno de los espacios más cool de la zona, la galería Veneklasen Werner, dirigida por el neoyorquino Michael Werner que ha traído un pedazo de la escena de Chelsea a Berlín, haciéndola más amplia, más profesional y, más cara.
Antes de abandonar Kreuzberg, visitamos la St.Agnes-Kirche, sede de la König Galerie. El edificio de arquitectura brutalista y proyectado como iglesia católica por el arquitecto Werner Düttmann, fue comprado por Johann König y abierto al público como galería en 2015. Buen programa asegurado en lo que parece ser el final del cubo blanco.
Potsdamer Strasse: a trendy arty boom
Hemos llegado a Schöneberg, en el antiguo lado oeste, una zona donde desde ya hace años, galerías y proyectos creativos crecen a velocidad vertiginosa ocupando cualquier metro cuadrado disponible. Y es que ésta parece ser una fórmula con un win-win asegurado: los espacios se benefician mutuamente para atraer a más público coordinando sus horas de apertura e inauguración. Entre las galerías que no te puedes perder están Supportico Lopez y Esther Schipper. Aunque si tienes poco tiempo y tienes que escoger, dirígete directamente a la Galerie Isabella Bortolozzi. La artista italiana abrió su espacio en 2008 en el apartamento donde el actor y cantante Hans Albers vivió entre 1946 y 1948 manteniéndolo casi intacto. Paneles de madera y nichos secretos recorren las paredes y actúan como telón de fondo.
Galerías en una quinta planta sin ascensor en edificios recuperados, exposiciones a las que se accede tras cruzar dos patios y tres puertas… la lista se prolonga hasta el infinito. Si tienes pensado visitar la ciudad durante estas fechas, consulta el programa completo y nuestros vuelos diarios a Berlín. ¡Feliz Gallery Weekend!
Texto de Núria Gurina para Los Viajes de ISABELYLUIS
Fotos de Marco Funke, Genial23, Axel Schneider, Wolfgang Staudt
+ infoUna ruta por la Bretaña francesa
Recorrer la Bretaña es revivir la emocionante historia medieval europea, ahondar en sus raíces culturales, en sus tradiciones y leyendas. Descubrirás unos paisajes sorprendentes; sus playas, acantilados o localidades medievales como Vitré o Fougères, y sacarás provecho de los efectos beneficiosos que ofrecen las aguas del océano Atlántico para el cuerpo. En Dinard o La Baute encontrarás algunos de los mejores balnearios, a los que son tan aficionados los bretones, en los que descansar y purificarte.
La Bretaña francesa es una gran península con 1.200 kilómetros de litoral y una intensa relación con la tierra y el mar, que se percibe tanto en sus paisajes como en la gastronomía y sus tradiciones, que se remontan a su pasado celta, realmente más próximo a Irlanda o Gales que a la propia Francia.
La belleza del litoral bretón se ve prolongado por sus islas, al norte las de Bréhart o Ouessant y Sein, Glénan, Groix o Belle-Île al sur, auténticos paraísos de belleza salvaje con sus calas protegidas y sus faros, y con una historia y personalidad propia. Sus puertos han sido puntos estratégicos tanto para el comercio como para la defensa militar e incluso, tierras de destierro.
Rennes, aunque capital de la Bretaña, se encuentra a las puertas de la región de Normandía y es un destacado lugar del patrimonio arquitectónico y testigo de la historia de la región. Alrededor de sus dos plazas reales, el Parlamento y el ayuntamiento, y sus características casas de entramado de madera y mansiones renacentistas, se dibujan siglos de historia.
A 30 kilómetros de Rennes se encuentra el frondoso bosque de robles y hayas de Brocelandia, dominio de mitos y leyendas celtas. Es aquí donde se suelen situar muchos episodios de las novelas de la Mesa Redonda, como la búsqueda que el Rey Arturo ordenó para encontrar el Santo Grial y fue también el lugar donde vivieron el hada Viviana, el caballero Lancelot y el mago Merlín, amigo y asesor del joven Arturo, del que dicen quedó allí atrapado por amor.
Por el mágico bosque de Broscelandia recorrerás recónditos senderos que te llevaran por el Puente del Secreto, el pueblo de Paimpont y su hermosa abadía o los castillos de Brocelianda y del paso del Acebo.
Al norte, en el estuario del río Rance se llega a Dinan, con su encantador casco urbano y una de las ciudades medievales mejor conservadas. Por su recinto amurallado descubrirás fascinantes monumentos como la basílica de Saint-Sauveur o la torre de l’Horlage.
A partir de aquí se extiende la Costa Esmeralda, con sus verdes costas salpicadas de pueblecitos, que trascurre desde la ciudad amurallada de Sain-Malo a la Costa de Granito Rosa, que debe su nombre a sus peculiares formaciones rocosas de matices rosa. Y entre ellos, innumerables sitios por explorar: los acantilados rocosos de Cap Fréhel o Rochefort-en-Terre con sus casas bajas de techos de pizarra y el encanto de los viejos pueblos.
Otro de los alicientes de la ruta por la costa bretona es seguir el Camino de los faros, que se inicia en Brest y finaliza en Portsall, para recorrer el medio centenar de faros que puntean su litoral.
Grandes pintores como Paul Gauguin o Maurice Denis han inmortalizado como nadie la Bretaña. Podrás redescubrirlos en el Museo de Bellas Artes de Pont-Aven. Pont-Aven debe su fama a la escuela de pintores que lideró Gauguin en esta localidad pesquera, llegados de París y dispuestos a seguir sus enseñanzas. Esta población sigue conservando los nostálgicos molinos que se sucedían a lo largo del río, que tantas veces recrearon estos artistas, y su fascinación por la pintura, pero también podrás disfrutar de su afamada repostería.
Finalizando el arco de la costa bretona hacia el sur, se encuentra Carnac, localidad que alberga más de 3.000 restos prehistóricos de entre los años 5.000 y 2.000 a.C. Se trata del enclave arqueológico más antiguo de Europa, dividido en cuatro grandes áreas: Le Ménec, Kermario, Kerlescan y Le Petit Ménec. También puedes completar tu visitar en el Museo de la Prehistoria de Carnac.
Comer en la Bretaña
El dilatado litoral bretón, bañado por las aguas del Atlántico, marca la gastronomía de la región, que ha sabido, como ninguna otra, preservar sus especialidades gastronómicas. Los pescados y mariscos toman las cartas de los restaurantes como en ningún otro lado. Aquí se recogen una de las mejores ostras del mundo, la Belon y por supuesto, los mejillones.
En general todos los crustáceos y mariscos como el centollo, los bogavantes o los bueyes de mar, ya que se recogen de sus frías aguas. Esto se traduce también en deliciosas sopas de pescado. Aunque si hay un pescado por el que los bretones tienen un especial fervor, ese es el bacalao, que preparan de todas las maneras imaginables.
Pero, aparte del pescado, en la Bretaña se elaboran excelentes quesos, como el curé nantais, y mantequilla, sidra y deliciosa repostería. Sus crêpes, brioches o los sablés harán las delicias de los más golosos.
Imagen de Emmanuelc
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+ infoTánger, un viaje a la inspiración
Hay destinos a los que acudes por su oferta museística; otros por sus playas o sus montañas; otros por la energía que desprenden; y otros porque simplemente están de moda. En el caso de Tánger, es un viaje que inevitablemente va asociado a la inspiración y a la nostalgia de ese pasado como musa artística que tiene en su haber. Por esta magnífica ciudad, situada en el extremo norte de Marruecos, han pasado múltiples artistas y literatos que de algún modo fueron hechizados por sus encantos.
El Tánger de la luz y el color
El primero de los artistas en dejarse fascinar por Tánger fue el pintor francés Eugène Delacroix. En 1832 viajó allí con una delegación diplomática, y acabaría siendo seducido por su luz y su color, que quedarían magníficamente plasmados en cuadros como “Boda judía en Marruecos”.
Mariano Fortuny, pintor español, y conocedor de la obra de Delacroix, también acudió a Tánger en busca de esa magia, de la que extrajo múltiples esbozos y apuntes para sus obras de temática orientalista.
En 1912 llega Henri Matisse a Tánger. Allí no sólo se topa con "los paisajes de Marruecos exactamente como los describen las pinturas de Delacroix", tal y como él mismo diría, sino que también encuentra una nueva paleta de colores para sus cuadros. Instalado en la habitación número 35 del aún vigente Gran Hotel Ville de France, donde pintaría obras como Vu d'une fenêtre (Vista de una ventana).
Paul Bowles, Tánger y la generación beat
Tánger se convertiría en un auténtico polo de atracción de escritores, sobre todo durante la década de los 50 y parte de los años 60. Esto no fue fruto de ninguna casualidad. La ciudad entre 1923 y 1956 fue un condominio gobernado por diversos países. Su situación estratégica, en el Estrecho de Gibraltar, y las disputas internacionales por su control llevaron a la toma de esta medida. Conocida como la Zona Internacional de Tánger, era un lugar de paso para mucha gente: diplomáticos, aventureros, artistas, espías, etc. Al ser una ciudad de muchos, o si se quiere, una ciudad de nadie, gozaba de un extraño estatus de libertad y tolerancia muy difícil de encontrar en cualquier otro lugar.
Uno de sus principales habituales fue el escritor y compositor Paul Bowles, que en 1947 llegó a Tánger y quedó totalmente atrapado por sus encantos. Es aquí donde escribe su primera novela, El cielo protector, que tan bien tradujo al campo cinematográfico el director Bernardo Bertolucci. Y tras él, aterrizaron allí otras figuras del mundo de la creación como Truman Capote, Tennessee Williams o Francis Bacon. Y sí, también fue el responsable de la llegada de la generación beat: William Burroughs, Allen Ginsberg y Jack Kerouac no pudieron resistirse a un lugar donde podía dar manga ancha a su imaginación y a sus vicios, para qué negarlo.
El Tánger de ahora
¿Qué queda en la actualidad de todo este pasado? Aunque ha llovido mucho desde entonces y la ciudad se encuentra en pleno proceso de renovación, aún perduran muchos de esos lugares donde rememorar a estos artistas.
La visita al Gran Zoco es una buena forma de tomar un primer contacto con la ciudad. El buen ambiente y el colorido están asegurados. Y perderse (literalmente) por sus calles también. Sin saber cómo llegarás al Zoco Chico (Petit Socco), una plaza situada en el corazón de la medina, llena de cafés y restaurantes. Otra plaza, la de Francia, también es lugar de imprescindible visita, ya que en ella se encuentra el Gran Café de París, todo un histórico. Aquí pasaron múltiples horas nuestros protagonistas observando a la gente y charlando.
En el Museo de la Fundación Lorin, situado en una sinagoga, hay una buena colección de fotografías, documentos y carteles con los que nos podremos hacer una idea de cómo era el Tánger de la primera mitad del siglo XX. Por otro lado, el Museo del Legado Americano de Tánger es un lugar de visita obligada para los fans de Paul Bowles, pues en su interior hay un espacio dedicado al escritor, con fotos, retratos y las partituras de música marroquí que él mismo se encargó de registrar.
En Villa Muniria, actualmente transformada en el Hotel el Muniria (1, rue Magellan), fue el lugar de alojamiento favorito de la generaciónbeat, que también acogió en sus estancias a Tennessee Williams y a los mismísimos Rolling Stones. En la habitación número 9 William Burroughs escribiría la que sería su obra más destacada, Naked Lunch (El almuerzo desnudo).
Otro espacio esencial en la vida literaria de Tánger es la Librairie des Colonnes (54 del Boulevard Pasteur), que fue un centro de reunión de escritores y artistas, y que en la actualidad sigue programando actividades culturales.
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Texto de ISABELYLUIS Comunicación
Imágenes de Dieter Weinelt, Andrzej Wójtowicz
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Rincones de Nápoles
Napoli es una ciudad fascinante. Única. Con mucho carácter. Es La ciudad del sur de Italia. Una maravilla histórica, arquitectónica, artística, gastronómica y geológica. Sus habitantes tienen la sangre caliente como la lava del Vesubio, el volcán que preside la ciudad, imponente, siempre ahí. En Nápoles hay infinidad de edificios históricos, castillos, palacios, iglesias por visitar: Castel dell'Ovo, Palazzo Reale, la iglesia del Gesù Nuovo o la Capella Sansevero donde se encuentra una de las estatuas más especiales de la historia de la escultura, el Cristo Velado de Giuseppe di San Martino.
En esta ruta vamos a callejear esta ciudad mediterránea y sus alrededores en busca de rincones singulares.
Pizza Da Michele
La primera pizzería del mundo, abierta en 1870. Todavía hoy, con miles de pizzerías por todo el planeta, sigue siendo una de las mejores y por supuesto de las más auténticas. Eso sí, solo tienen las dos variantes clásicas de la ciudad: Margarita (normal o doble de queso) y Marinara. ¡Menos es más!
Fue aquí donde empezó la leyenda de la pizza y es napolitana su versión más popular: la Margarita. Tricolor como la bandera italiana: blanca por la mozzarela di buffala, roja por el tomate casero y verde por la albahaca fresca
Para quien tenga ganas de turismo gastronómico “pizzeril” ahí van un par de interesantes alternativas a Da Michele (siempre llena, de napolitanos y turistas, mucho antes de que Julia Roberts se zampase ahí su pizza en “Eat, Pray, Love”):
Gino Sorbillo, el inventor del calzone, gran variedad de pizzas. Calidad.
Di Matteo, espectacular Marinara (sin mozzarela, pero con un buen toque de ajo).
Galleria Umberto I
Galería comercial con mucho rollo arquitectónico de finales del siglo XIX. Construida durante los mismos años que la Torre Eiffel de París, el arquitecto Emanuele Rocco se inspiró en la Galleria Vittorio Emanuele II de Milán. Alta, imponente, mires donde mires hay algo interesante. Desde los mosaicos del suelo, hasta las bóvedas de vidrio y metal. Para darse un paseo a cubierto por el Nápoles de hace 120 años.
Puerto de pescadores de Mergellina
Caminando por la orilla napolitana, dejando el Vesubio a nuestra espalda, llegamos al antiguo pueblo de pescadores de Mergellina. Hoy, un barrio de la ciudad con carácter propio, donde los napolitanos se esparcen al sol, especialmente los fines de semana. Una mañana soleada de domingo, no importa si es pleno invierno, el puerto de pescadores de Mergellina se llena de paseantes, patinadoras, ciclistas, tertulianos. Gente con ganas de disfrutar del lado más mediterráneo de la ciudad. Excelente lugar para comprar pescado fresco, vivo, directamente de los pescadores al lado de sus barcas, en la playa. O incluso comérselos en uno de los innumerables chiringuitos del paseo del litoral.
Posillipo
¿Te gustaría pasear entre las casas más bellas de Nápoles? ¿Sacar una foto de la bahía donde se vea toda la ciudad, el mar y el volcán Vesubio de fondo? ¿Ir a un parque a respirar las brisas del mediterráneo? ¿Hacer un pequeño paréntesis en el alto ritmo de la ciudad y recargar las pilas? Si tu respuesta es Sí, entonces no puedes irte de Napoli sin visitar el barrio residencial de Posillipo. Donde viven los ricos listos. Pero no sufras, que ahí no vas a gastar mucho, casi no hay tiendas, ni bares. Solo hermosas calles con árboles, vistas al mar, casas privilegiadas, parques, miradores. En fin, mucha paz y belleza de la que todavía se puede disfrutar sin pagar. ¡Y que dure!
Solfatara de Pozzuoli
Hace dos mil años el Vesubio era un único volcán. Con la violenta erupción del 24 de agosto del año 79 d.C. que sepultó bajo las lavas las ciudades de Pompeya y Herculaneum (visitas muy recomendables también) se formó una caldera, que creó un volcán con dos cumbres: el Vesubio y la Solfatara. La Solfatara es como un volcán chato con fumarolas que huelen a huevo podrido. Es el olor del azufre, que en la antigüedad se asociaba al infierno y el demonio, y hoy hay quien cree que, respirar esos humos, aumenta la libido y fortalece la vida sexual y reproductiva. Por si fuera verdad o sentís un fuerte placebo tras visitar la Solfatara de Pozzuoli, ahí queda dicho y recomendado como otro interesante lugar del Golfo de Nápoles.
Por Bruno Sokolowicz de scannerFM