Para San Valentín las mejores «boulangeries» de París
La realidad es que prácticamente todas las panaderías parisinas son buenas. Su savoir faire artesano y el uso de mantequilla de calidad en su bollería es generalizado, por lo que difícilmente decepcionan. Pero como en todo, hay quien lo hace mejor. Un excelente barómetro para saberlo es el premio que cada año otorga el Ayuntamiento a la Mejor Baguette de París, premiado con 4.000 euros y, más importante, el privilegio de proveer de pan al Presidente de la República durante todo un año. Con el prestigio que eso conlleva, claro. Por recibir este galardón o por su encanto particular, un listado muy recomendable de boulangeries para comer bien a un precio ajustado si haces una escapada romántica por San Valentín. No te duela hacer cola:
LE GRENIER A PAIN (Abbesses, 38)
Michel Galloyer cuenta con más de 30 establecimientos en París y provincia, además de algunos en el extranjero, pero es el ubicado en Montmartre el que ganó el Premio a la Mejor Baguette 2010. No cuenta con espacio para degustación pero casi mejor: puedes llevar tu comida a la cercana escalinata de la Basílica del Sagrado Corazón y degustarla allí con unas vistas incomparables. Además de una gran variedad de panes que se hornean a la vista, podrás elegir entre bocatas a partir de 3 €, pizzas por poco más de 2 € y unas estupendas fougasses (panecillo relleno con diferentes ingredientes): el de queso de cabra y tomate está muy bueno y cuesta 2,20 €. Muy recomendables también sus delicados croissants y sus chausson aux pommes.
PAIN DE SUCRE (Rambuteau, 14)
El éxito de esta panadería-pastelería abierta hace diez años en Le Marais hizo que pronto se les quedara pequeña. Decidieron ampliar a un segundo local casi contiguo con dos mesas dentro y cinco en la terraza, donde sirven sus especialidades dulces. En el establecimiento original venden panes, bollería, quiches, pasteles salados, pain roulé (relleno de delicias como espinacas, bacon y queso o como chorizo y ciruelas), focaccias, cremas caseras (muy buena la de calabaza y castañas) o vasitos gourmet. En el otro, de diseño muy vanguardista, ofrecen unos espectaculares pasteles y coloristas marshmallows y tienen servicio de cafetería. Si te sientas en sus mesas no te cobran más, sin embargo sus precios son muy parisinos (un eufemismo para decir caros). Eso sí, todo riquísimo. No dejes de probar su roule au pistaches (caracola de pistachos) y su pain au chocolat.
LEGAY CHOC (Ste. Croix de la Bretonnerie, 45)
Seguimos en Le Marais, uno de los barrios más gayfriendly de París. Curiosamente, el propietario de esta pequeña panadería se apellida Legay, es gay y muestra sin complejos su afinidad con el mundo homosexual. Se ha hecho muy popular por sus divertidos panes y brioches en forma de pene (2,30 €), pero no te quedes sólo con eso. Tanto sus panes artesanos como sus sándwiches, hot dogs, wraps , pizzas, courgettes, quiches, tartas individuales y bollería son -aunque no tan divertidos- estupendos. Los precios son ajustados, pero todo es take away.
MURCIANO (Rosiers, 14)
Bonita esta panadería tradicional judía en Le Marais, con una menorá (candelabro hebreo) presidiendo su escaparate. Su especialidad, el strudel (2,80 € la porción), es una verdadera delicia, con abundante relleno de manzana y canela. Tienen otras como el jalá,un pan trenzado que se consume en Shabat y en otras festividades, o los rogalah,una especie de croissants judíos con los bordes de chocolate.
Los tentáculos de la panadería francesa se extienden por todo el mundo gracias a este maestro, Eric Kayser, que cuenta con un centenar de establecimientos en diversos países. Sin ir más lejos ganó el Premio al Mejor Croissant de Tokyo y al Mejor Panadero de Tokyo. No obstante, fue cerca de Notre Dame, en la calle Monge 8 de París, donde abrió el primero, con barra y terraza para tomar algo. En la misma calle, en el número 14, inauguró otro que se caracteriza por ser totalmente ecológico. Lo bueno de esta cadena es que a menudo cuenta con mesas o taburetes para consumir in situ sus productos. Además de panes artesanos y bollería, ofertan sándwiches, ensaladas, tartines, quiches y diversas fórmulas de menú para comer al mediodía.
POILÂNE (Cherche-Midi, 8)
Largas colas salen de esta pequeña panadería de Saint-Germain des Près, una de las más famosas de la ciudad. Aseguran que su pan es el mismo que su dueño Pierre Poilâne empezó a elaborar en 1932, siguiendo la tradición ancestral francesa. Utilizan sal de mar de Guérande, harina orgánica salida de un molino de piedra y levadura madre, y luego cuecen sus panes en un horno de leña. En aquel barrio abrió la original, ahora cuentan con dos más en París y dos en Londres. No dejes de probar sus panecillos de nueces o de pasas, una delicia.
DES PAIN ET DES IDEES (Yves Toudic, 34)
La panadería más hipster, a pocos pasos del Canal Saint Martin, cuenta con una mesa comunal de madera en su terraza. Preciosa y con unos escaparates llenos de virguerías, presume de su amor por lo orgánico y por ofrecer un pan llamados des amis (de los amigos). A pesar de provenir del mundo de la moda, su propietario, Christophe Vasseur, fue nombrado mejor boulanger de París por la prestigiosa guía Gault&Millau. Usa los mejores ingredientes y se nota. Además de ofrecer productos tradicionales, le gusta innovar: croissants de té matcha, Mouna (brioche perfumado a la flor del naranjo) o escargot de limón y turrón de Montélimar, entre sus creaciones.
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Report de Isabel Loscertales / Gastronomistas.com
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La ciudad que nunca dejó de enloquecer
A los habitantes de Manchester siempre les ha tocado quedarse con el segundo premio. Lo cierto es que teniendo a Londres (epicentro económico y socio-cultural de la vieja Gran Bretaña) como oponente, ser el siguiente tras el primero puede saber a amarga victoria. Pero Manchester va haciendo. Históricamente siempre ha tenido mejor equipo de fútbol que cualquiera de la capital, e incluso a veces en lo que respecta a lo musical le pega donde más duele a los londinenses.
Cuando uno oye hablar de la Manchester nocturna es prácticamente imposible que no le venga a la cabeza la imagen y las historias relacionadas con The Haçienda, aquel hervidero continuo de creatividad que durante más de una década midió el pulso de la música de club de todo el Reino Unido. Pero ya hace dieciocho años de su reconversión en un edificio de apartamentos. Pero su final no supuso, ni mucho menos una debacle de la nocturnidad mancuniana. La cultura de clubs siempre ha gozado de buena salud en esta ciudad, esto, unido al hecho de que los espacios dedicados a la música siempre han sido numerosos hace de esta metrópoli uno de los puntos más calientes de todo el continente.
La ciudad cuenta con innumerables focos de ocio nocturno. Uno de los más suculentos es el que recientemente está cogiendo algo más de cuerpo. Se trata de la zona de The Norther Quarter, es la parte más antigua de la ciudad (se remonta a la época medieval). Ahora el ayuntamiento lo intenta reactivar incentivándolo con un sistema de rentas bajas para atraer a los jóvenes. Allí se encuentra uno de los mejores clubs de house y techno. Se trata de Sankey’s (Radium St. M4 6AY) y vale la pena acercarse por la calidad del sonido, y es que su equipo ha sido diseñado nada menos que por la NASA. Una buena opción para empezar la noche sin salir de este distrito es la de ir a tomar una pinta a Odd Bar (30-32 Thomas Street), una especie de pub el cual ha sido premiado como mejor bar de la ciudad y que además cuenta con un programa de DJs de calidad. El Moho Live (Tib St., M1 1SH) es una buena opción para ver un buen directo. Allí te puedes encontrar desde bandas noveles hasta soundsystems de artistas seminales de la electrónica, como Nightmares on Wax.
Otros clubs en la zona universitaria de Oxford Road, que no te puedes perder son el Joshua Brooks (106 Princess St.. M1 6NG), situado en la esquina de Charles Street con Princess St., que además de bar por las noches se convierte en una discoteca en la que la música se mueve entre el indie, dance y dubstep. Para los adictos a los sonidos negros, el templo de la ciudad se llama Funkademia situado en Mint Lounge (46-50, Oldham Street) y cuyo lema es “viste como quieras pero viste bien”. Los sábados son los días en los que tiene lugar las sesiones más multitudinarias con una selección del mejor northern soul, groove, hip hop de la vieja escuela y música disco.
El Evento
Desde hace algunos años se celebra en Manchester uno de los eventos dedicados a la música electrónica, más relevantes de todo el país.The Warehouse Project, es una serie de eventos que empieza a finales de septiembre y que se celebra cada fin de semana hasta principios de enero. Con la rúbrica de “Durante doce semanas esta ciudad es nuestra”, la organización del evento ha preparado una programación que incluye una nutrida oferta a base de nombres que quitan el hipo. En la edición de este año pasarán por allí Jamie XX, Luciano, Clark, Siriusmodeselektor, Leftfield, Adrian Sherwood, John Talabot, Andrew Weatherall, Goldie, Carl Craig, Four Tet... El sitio donde se celebraba era distinto cada año distinto. Según la filosofía del festival, la ubicación de cada edición debía ser del todo insólita. Hasta que en 2007 ocuparon el que es su actual centro de operaciones. El espacio se encuentra justo debajo de la estación de tren de Picadilly (Store St. M1 2GH), sin duda un área inquietante gracias a su apariencia de catacumbas. Cada jornada tiene su propio leitmotiv. Este año os recomendamos el fin de semana dedicado a New Order, el 5 y el 6 de diciembre con un cartel que quita el hipo nutrido por nombres como los propios New Order (actúan los dos días), A Certain Ratio, Erol Alkan, Horse Meat Disco y Factory Floor, entre otros.
Como veis la marcha en Manchester permanece con la misma intensidad. ¿A qué esperas para ir? Consulta nuestros vuelos aquí.
Texto de ISABELYLUIS Comunicación
Imágenes de Tom Jerkins photographic, Odd Bar, Duncan Hull, The Warehouse Project, Funkademia
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Practicando «slow tourism» en Mahón
Una jornada del todo slow podría centrarse básicamente en un día de paseos calmados por la capital de la isla. Mahón cuenta con uno de los paseos marítimos más bonitos del país. Sus aguas limpias, y la suave brisa que se cuela por el golfo, hacen del paseo una vivencia vital. Os proponemos una ruta de las muchas posibles. Eso sí, os la hemos cocinado a fuego lento.
Toma de contacto
Si entramos por el camí de Ciutadella podemos enlazar con la calle s’Arraval, que nos conduce hasta la plaza Bastió. Allí todavía se mantiene en pie una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad vieja, un vestigio del s. XIV. Allí aconsejamos pararnos y reponer fuerzas antes de iniciar el paseo. Una buena propuesta es el Santa Rita, un local cuyo puntos fuertes son las tapas y las cañas bien tiradas. De allí, nada mejor que encaminarse hacia el casco antiguo y callejear sin rumbo. Al final, casi sin darnos cuanta estaremos enfilando nuestros pasos hacia el puerto. El recorrido hacia el Moll de Llevant es muy amable. En ese sentido, en el margen derecho, se disponen continuos establecimientos que van de las tiendas de artesanía isleña, a restaurantes, heladerías y pubs costeros donde ofrecen como reclamo, el combinado de moda – a base de ginebra y tónica-, a ritmo de – ¡glups!- música chill out.
Un alto en el camino
Pero, tomemos un respiro. Y qué mejor sitio para relajarnos que Can Vermut, un espacio juvenil, con estética de taberna portuaria, donde se puede tapear a buen precio mientras degustamos uno de sus maravillosos vermús. Para acompañar, recomendamos los huevos estrellados cabreados –huevos y patatas fritas con pimentón picante-, las anchoas y las croquetas caseras de pollo. Por menos de 15 euros uno sale de allí perfectamente comido. Y después, nada mejor para bajar la comida que continuar con el paseo, eso sí, a ritmo pausado, observando con calma todo lo que pasa a nuestro alrededor. Disfrutando de las maravillosas vistas del puerto, mientras sentimos la brisa rozando nuestra piel. Una buena opción es continuar por el lado marítimo. No hay mejor entretenimiento que admirar los numerosos yates y botes que ocupan todo la línea costero. Uno también puede entretenerse mirando los peces -algunos realmente enormes- que pueblan sus aguas cristalinas. Una manera de saborear el momento, es reposar en la terraza del kiosko que hay justo en la parte baja de La Costa de Ses Voltes. Allí, la brisa nos espabilará un poco de nuestro letargo, y si además nos pedimos un café –aquí los sirven realmente cargados- recuperaremos la vitalidad necesaria para continuar descubriendo la ciudad.
Caminante no hay camino
Y ya nos vendrá bien haber recobrado fuerzas, sobretodo para superar la empinadísima cuesta que nos devuelve al nivel del casco viejo. Iremos al Museu de Menorca, desde allí podremos disfrutar de una vista panorámica del golfo espectacular. El museo está ubicado en el antiguo convento de Sant Francesc. Son interesantes por igual el marco y los contenidos, con piezas únicas de todas las épocas, que ilustran los cambios y la evolución sociocultural de Menorca desde la prehistoria hasta nuestros días. Luego, darnos una vuelta por la zona comercial, es una buena opción. Podemos comenzar en la Plaça de la Constitució, y allí admirar la arquitectura neoclásica del Ayuntamiento. Justo al lado, en laIglesia de Santa María, podemos echar un vistazo dentro para ver su monumental órgano de 3.210 tubos y cuatro teclados. Éste fue proyectado por los maestros alemanes Otter y Kirburz. Muy cerca de allí, en la calle de Ses Moreres 11, está la Heladería Ambrosia. La tentación es demasiado fuerte como para resistirse cuando uno pasa justo al lado. Así que escojamos al gusto y vayamos al Claustro del Carme, a escasos metros de allí, justo delante de la Plaza de España. A partir de ahí, y a ambos flancos de la calle del Carme encontraremos todo tipo de pequeños establecimientos, que van desde venta de repostería y delicatesen, a marroquinería fina.
Cuéntame un cuento
Tras un paseo por las tiendas de Mahón, seguro que nos apetece descansar. Podríamos acercarnos al Teatro Principal de Mahón, a ver que tienen programado. Vale la pena no dejar escapar la ocasión de visitarlo. Y es que se trata de la primera ópera inaugurada en España. El año pasado se celebró su 185 aniversario. Y es que en Menorca hay una larga tradición operística. Se dice que muchas compañías que estaban de gira por el continente, solían hacer escala en Menorca, aquí los artistas realizaban sus ensayos generales antes de viajar a Londres, París o Viena. Fue entonces cuando los menorquines entraron en contacto con esta disciplina de música teatral. Decidieron pues construir un teatro dedicado principalmente al arte operístico, para poder disfrutar de las obras en un espacio cómodo. Y para finalizar la jornada, os recomendamos ir a tomar una pomada –Gin Xoriguer con limonada- al Bar Nou. Abierto en 1986 por Joan Saura en un edificio de estilo art nouveau, es actualmente toda una institución para los menorquines. Aquí saben hacer muy bien su trabajo.
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Texto de ISABELYLUIS Comunicación
Imágenes de ISABELYLUIS Comunicación, Can Vermut
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